S. I. Belled

Del papel higiénico al tinte del pelo

Nuestra cesta de la compra se vuelve cada día más caprichosa.... y cara

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

¿En qué momento de la cuarentena pasamos de llenar la despensa con decenas de rollos de papel higiénico y lentejas a hacerlo con latas de cerveza y botes de tinte para el pelo? Pues concretamente a principios de la tercera semana, aunque en realidad el aumento en las ventas de bebidas alcohólicas ya se empezó a detectar a los quince días del encierro. Al parecer, estamos cambiando nuestros hábitos de consumo y comportamiento dentro de los hogares a medida que avanza el confinamiento y eso se refleja en la cesta de la compra, cada vez más caprichosa... y cara.

El encierro nos pilló por sorpresa. De un día para otro se cerraron los colegios y se decretó el estado de alarma. ¡Socorro! Corrimos todos como locos al súper a hacer la compra. Y tiramos de básicos: legumbres, arroz, lácteos, pasta, latas de conserva y el ya famoso papel higiénico, con el que tantas bromas hemos hecho. «Teníamos miedo de quedarnos sin alimentos de primera necesidad y arrasamos. Todavía no sabíamos muy bien qué estaba pasando y cuánto iba a durar el encierro, así que hicimos una compra de subsistencia pura y dura», explica Ana Jiménez Zarco, experta en tendencias de mercado y profesora de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Pero esa primera fase de compra compulsiva, que los expertos ya definen como «paranoica», se fue diluyendo a medida que pasaban los días y entramos en un segundo nivel «mucho más social». «Empezamos a quedar con nuestros amigos para tomar unas cañas virtuales, organizamos maratones de series con palomitas y comenzamos a hornear como si no hubiese un mañana. Bizcochos de toda clase, pan, magdalenas, galletas...», recuerda Jiménez Zarco para explicar el 'boom' en la venta de todo tipo de productos relacionados con la repostería a partir de la segunda semana de confinamiento. La demanda fue de tal calibre que muchos establecimientos comerciales se quedaron sin existencias de harina y levadura durante varios días. En algunos, todavía cuesta encontrarlas.

«Al estar tanto tiempo encerrados en casa, buscamos el placer por encima de los alimentos más saludables. De ahí que nos lancemos a la repostería, una de las actividades más populares para hacer en familia. En el caso del alcohol, llevamos a casa el momento vermú y caña con los amigos», explica Carlos Cotos, experto en estudios de consumo de la consultoría Kantar. Y la cerveza pide unas aceitunas y una patatas y unos frutos secos... Total, que en el tiempo que llevamos encerrados el picoteo entre horas ha crecido un 50%. «Estamos trasladando el consumo de fuera de casa a dentro y eso supone unos cambios de hábitos muy marcados: desayunamos más tarde, dedicamos más tiempo a cocinar y momentos como el del aperitivo –que antes tomábamos en la calle– ahora lo hacemos en casa y esto supone un cambio en los productos que compramos en el súper», explica María Josep Martínez, experta en paneles de consumidor de Kantar.

Es una etapa de capricho, una especie de barra libre de calorías conocida como la 'dieta Bridget Jones' por los desastrosos hábitos alimenticios de la protagonista de la conocida película. «Nos apetece comer cosas ricas, que realmente disfrutemos. Y nos damos nuestros pequeños homenajes. Es una fase más lúdica, dentro de las circunstancias que nos está tocando vivir. Hacemos videollamadas de trabajo, colgamos fotos en las redes sociales, quedamos con nuestros amigos... La de ahora es una etapa en la que queremos vernos y sentirnos bien. Por eso triunfan los productos que nos ayudan a vernos mejor como los tintes del pelo o los productos relacionados con el bienestar físico», añade la profesora de la UOC.

También gastamos más en los supermercados que al inicio de la cuarentena. Vamos menos veces, pero llenamos más la cesta. La factura media se ha incrementado un 42%, según los datos que maneja Kantar.