Esta es la receta para tener un cerebro feliz

«Saber gestionar el estrés y el miedo es la clave para obtener ese estado de calma en el que nos sentimos bien»

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

Qué es para usted la felicidad? Complicado de definir, ¿verdad? Para unos puede que sea estar en paz consigo mismo, mientras que para otros es poder lucir un deportivo de último modelo o tener la cuenta corriente llena de ceros. También habrá quien se sienta feliz con poco y quien nunca lo haga aunque tenga de todo. «Estamos bombardeados continuamente por instantes de supuesta felicidad. En las redes sociales solo vemos caras sonrientes, vidas en las que parece que todo el mundo es feliz. No me parece mal que se muestre ese lado de las personas, porque la alegría se contagia, pero también debemos ser conscientes de que es solo una cara de las muchas que tenemos. A mí, sinceramente, la palabra felicidad me genera mucha presión», confiesa Sara Teller, física y doctora en neurociencia por la Universidad de Barcelona (UB).

Para el divulgador científico Ferran Cases, «el secreto de ese bienestar emocional al que todos aspiramos está en el equilibrio». Y se pone él mismo como ejemplo. «Cuando por fin logré superar las crisis de ansiedad que sufrí durante quince años, me sentí tan poderoso que me veía vencedor en todo y empecé a intentar sentir felicidad a cada segundo de mi vida. Es verdad que gané en autoestima y seguridad, pero de ahí a estar feliz de manera permanente hay un largo trecho. Entre otras cosas porque es imposible», razona el coautor del libro 'El cerebro de la gente feliz' (Ed. Grijalbo), en el que explica junto a Sara Teller cómo superar la ansiedad con ayuda de la neurociencia. «Digamos que si no estás dispuesto a sentirte triste, nunca conocerás la felicidad. De la misma manera que si te no atreves a sentir el miedo nunca sabrás qué es ser valiente. No hay blanco sin negro», resume.

Esa continua búsqueda de la felicidad en términos absolutos desemboca muchas veces en frustración y desánimo. «Si uno quiere un chalé en Miami y consigue tener un chalé en Miami, está contento. Pero si uno desea un Ferrari último modelo y solo consigue un utilitario de segunda mano, lo entiende y asimila como una pérdida. La felicidad no la conseguimos cuando tenemos mucho dinero, salud o más amigos. Depende más bien de la diferencia entre lo que yo quiero que pase y lo que realmente tengo. Conclusión: es más fácil ser feliz cuanto menos necesitas», precisa Sara Teller, que ha elaborado junto con Ferran Cases una especie de decálogo a modo de recetario para conseguir ese ansiado cerebro feliz. Y el primer ingrediente que proponen son '100 gramos de aceptación del presente'. «Todas las emociones pueden ser vistas como útiles, todas te enseñan o te preparan para algo. Siéntelas. De hecho, saber gestionar el estrés y el miedo es una de la claves para obtener ese estado de calma en el que nos sentimos felices».

Explica la psiquiatra Rosa Molina en su libro 'Una mente con mucho cuerpo' (Ed. Paidós) que el estrés y la ansiedad no solo producen toda una serie de cambios químicos y hormonales en nuestro organismo, sino que también alteran nuestro sistema inmune. «Vamos por la vida acelerados. En cierto modo vamos generándonos focos de estrés que nos restan calidad de vida para luego procurarnos nuevas necesidades. Es un bucle interminable. Vamos al trabajo en coche o en patinete eléctrico en lugar de ir andando y luego nos apuntamos al gimnasio para hacer ejercicio. Nos somos capaces de estar solos con nosotros mismos y para compensar el estrés que nos genera nos apuntamos a clases de relajación. Esta es la era de la multitarea. Hacemos diez cosas a la vez y después queremos que nuestro cerebro se relaje y se apague para dormir como si fuese un interruptor. Va a ser que no», argumenta la psiquiatra especialista en neurociencia clínica.

¡Atrévete!

El siguiente ingrediente incluye una de las palabras de moda: 'una pizca de resiliencia'. La personalidad es, precisamente, lo que hace que cada individuo sea único. Y dentro de ella se puede distinguir entre el temperamento (40%) –tien e un origen genético y suele ser más o menos estable a lo largo de a vida– y el carácter (60%), que se puede controlar y se forja a lo largo de los años a través de las experiencias vividas. «Ya ves que tienes más posibilidades de cambio que de permanencia», anima Sara Teller.

Continuamos la receta para tener un cerebro feliz con 'dos tazas de identidad'. «Ese 60% de margen que tenemos para formar nuestro carácter a través de las cosas que hacemos es capaz de moldear nuestro cerebro en el día a día gracias a la plasticidad neuronal. Repetir los mismos patrones una y otra vez (preocuparnos, sentir miedo, ansiedad...) hace que siempre se libere la misma neuroquímica en nuestro cuerpo y al final nos volvemos adictos a ella. Intenta modificar tus creencias, convertir en positivos tus pensamientos, incluso cambiar tu identidad. Dejar y romper este círculo vicioso es posible», coinciden los expertos.

Otro ingrediente que no debe faltar es el atrevimiento. «Cuanto más rutinarios sean tu entorno y tus vivencias, más revivirás siempre los mismos recuerdos y sensaciones. Tu mente se convierte en tu propia cárcel. Sal de ese estado. Si por la mañana te levantas y no tienes nada programado, buscarás una excusa para no hacer o retrasar lo que deberías hacer. Mejor prográmalo, marca una hora y un lugar. Crea un patrón. Si no haces cambios en tus rutinas, no evolucionas». Y que no falte sentido del humor, empatía y una pizca de amor. «Conectar con los demás es el mejor antiinflamatorio natural que podemos tener».

LA NEUROQUÍMICA DE LA FELICIDAD

  • Endorfinas Se las conoce como la morfina natural y se desprenden cuando practicamos deporte o realizamos actividades que nos producen placer, como comer dulces o reír a carcajadas. Ayudan a disminuir el dolor físico.

  • Oxitocina Es la «hormona del abrazo», del contacto físico y social. Funciona como «un ansiolítico que nos calma y nos hace sentir bien. También construye la confianza». Pasar tiempo con personas a las que quieres la produce.

  • Serotonina Es un antidepresivo natural y la mayor concentración se encuentra en el estómago. Por eso se cree que una buena dieta contribuye a su producción.

  • Dopamina Tiene dos caras. Una buena que nos ayuda a buscar los pequeños placeres de la vida. Y una mala, que «hace que a veces nos decidamos por placeres momentáneos y nos olvidemos de sus repercusiones a largo plazo».