El mundo societario suspende en investigación

Solo invierte en España el 0,7% del PIB frente al 2,1% que emplean las compañías alemanas y el 1,4% de las francesas

ARANTXA HERRANZ

Las empresas españolas dedicaron 8.741 millones de euros a actividades de investigación y desarrollo (I+D) en 2019, lo que supone solamente el 0,7% del Producto Interior Bruto (PIB) y sitúa al país lejos de gran parte de sus socios europeos. Por ejemplo, en Alemania se dedicó el 2,15% de su riqueza nacional anual a ese fin, mientras que en Francia fue el 1,44%.

A su vez, a nivel de Estado, España gastó en actividades de I+D un total de 15.572 millones de euros, lo que supone el 1,25% del PIB. Frente a ello, la media europea se situó en el 2,2%.

Así se desprende de un informe presentado hace pocas fechas por el Observatorio Fedea, que se basa en los datos de las encuestas del INE de I+D e Innovación obtenidos en 2019 y publicados a finales de 2020. Es decir, dicha información aún no tenía en cuenta las consecuencias de la pandemia de covid 19. En todo caso, sus autores señalan que las cifras registradas constatan que la I+D empresarial española «resiste muy mal las comparaciones internacionales».

Este estudio, no obstante, también confirma la lenta senda de recuperación de los indicadores de I+D e innovación que se había iniciado en 2015. El problema es que ese avance se ralentizó en el último año, al crecer ese gasto solo un 4,2% respecto a 2018, lo que supone casi dos puntos menos que durante los dos ejercicios anteriores.

Gran dependencia pública

Asimismo, el informe pone de manifiesto que el reparto en España de la ejecución del gasto en I+D entre el sector público y el privado es distinto del habitual en los países más avanzados. El objetivo internacional es que un tercio sea llevado a cabo por las Administraciones y el resto por las empresas. Sin embargo, en España sigue teniendo aún mucho peso el gasto de los centros públicos, que suponen el 43,6% de esta partida frente al 56,4% que aportan las compañías.

Ello supone que las empresas españolas siguen teniendo un importante déficit en su gasto en I+D. Para hacerse una idea de las consecuencias de este reparto, mientras que en España el 62% de los investigadores están en centros públicos, en Corea del Sur son solo el 17% y en Japón no pasan del 25%.Poco más de 11.000 empresas españolas tuvieron y ejecutaron planes de I+D en 2019. La mayoría de ellas, algo más de 10.000, eran pymes: tenían menos de 250 empleados.

Además, casi 8.500 empresas afirman que los planes de I+D están en sus organizaciones de forma continua. La industria, con casi 4.000 compañías, y el sector servicios, con más de 4.500, son los más importantes en la tarea.

El informe de Fedea recuerdan en ese sentido que el porcentaje de las empresas que se declaran innovadoras en España ha sido siempre menor que en sus principales socios europeos. Según la encuesta de Eurostat Community Innovation Survey (CIS) de 2014, el porcentaje de empresas innovadoras en Alemania ya doblaba entonces al español, era una vez y media superior en Francia y un 30% más alto en Italia.

También se pone de relieve en el análisis de 2019 que Madrid, Cataluña, Andalucía y el País Vasco siguen acaparando la mayor parte de la I+D española. Así, 6 de cada 10 euros destinados a innovación se gastaron en estos territorios, que acumulan el 53% de la población y el 58% del PIB.

El mundo poscovid

Pendientes de conocer el impacto que tendrá la crisis económica derivada de esta pandemia en las inversiones en I+D, los autores del informe apuntan que, en el caso de España, se vislumbran ya algunas consecuencias negativas y otras positivas. En este último terreno, desde Fedea sostienen que se ha evidenciado aún más la parte de la sociedad española que era consciente de la desindustrialización y también de la importancia que tiene la generación de activos en el terreno de la ciencia y la tecnología.

Por ello, estiman que «sería deseable» que tanto las Administraciones como las empresas se hicieran eco de esa mayor sensibilidad social hacia la investigación. Además, se muestran preocupados porque las caídas del PIB van siempre asociadas a menores inversiones, menos colaboración entre empresas y más dificultades para atraer talento.

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