Un servicio que ha marcado tres vidas

14/04/2019

Los guardias civiles Fernando y Néstor devolvieron a la vida al joven accidentado en Azuaje tras caerse desde una altura de más de 70 metros y encontrarlo en parada cardiorrespiratoria. Su intervención fue crucial para que sobreviviera.

Cuando los agentes Fernando y Néstor, del Puesto Principal de la Guardia Civil de Arucas, comenzaron su turno el pasado domingo 17 de febrero, no se podían ni imaginar lo que les iba a marcar personal y profesionalmente ese día. Iban a afrontar un servicio poco habitual pero de los que se quedan en la memoria para siempre. Los dos salvarían la vida del joven Ismael, de 17 años, precipitado al vacío desde más de 70 metros de altura en el barranco de Azuaje, entre los municipios de Firgas y Moya desde la carretera GC-350. Dos meses después aún recuerdan con emoción aquella jornada.

«Estábamos haciendo un servicio de seguridad ciudadana cuando nos pasaron sobre las 14.30 horas un aviso de nuestra base del puesto en el que nos dicen lo que está pasando. Nos comentan que han visto a unos muchachos haciendo, por decirlo de alguna manera, carreras de motos por la carretera del barranco de Azuaje y que uno de ellos en principio parecía que se había accidentando. No sabíamos exactamente de qué se trataba», explica Fernando.

Nada más recibir dicho aviso, los agentes pusieron rumbo a la citada carretera, que permanece cerrada desde el pasado mes de diciembre tras las intensas lluvias caídas. Al llegar vieron un grupo de gente, entre ellos varios jóvenes, mirando atónitos al fondo del barranco.

«Vamos para el lugar lo más rápidamente posible y cuando llegamos a la carretera, vimos un tumulto de gente mirando para el fondo del barranco. Nos bajamos los dos del vehículo, la gente nos dice que el herido está al fondo. Al principio no vimos nada en el barranco, solo una moto tirada en la carretera, no se divisaba nada. Fernando logró divisarlo desde arriba, desde la carretera, ayudado por la gente que le indicaba dónde estaba», apunta Néstor.

Rescate.

Al comprobar que desde la carretera hasta el fondo del barranco había una caída libre de más de 100 metros de altura, los agentes se temieron lo peor y, en cuestión de segundos, reaccionaron de la mejor manera posible. «Ya empezamos a poner en marcha el dispositivo que creíamos que teníamos que hacer», añade. El joven Ismael se encontraba en un punto de difícil acceso desde la carretera por la que se precipitó, por lo que los agentes decidieron poner rumbo con su coche al fondo del barranco, acompañados de un amigo del joven que sabía el punto exacto donde este yacía. «Bajamos por la zona del balneario abandonado, que está en ruinas, llegamos allí con el vehículo, nos metimos por debajo del barranco y llegamos a la zona aproximada donde podía estar», explica Fernando.

Una vez allí comenzaron a ascender por el escarpado risco hasta el lugar donde estaba el joven, encajado por completo en un tunera asilvestrada de grandes dimensiones y con el casco totalmente destrozado. «Miramos las constantes vitales sin moverlo mucho porque pensábamos que estaba fallecido. Al darle la vuelta vimos que podíamos hacer algo por él. Nos animamos, aseguré la apertura de las vías aéreas, tenemos conocimiento de ello, y le empecé a hacer el masaje de reanimación cardiopulmonar. En ese momento, ya con la apertura de las vías aéreas y el masaje, el chaval empieza a respirar, responde. Si es verdad que era una respiración arrítmica, pero ya lo estábamos estabilizando», recuerda Fernando. Mientras él reanimaba al joven, Néstor volvió al coche patrulla y comenzó a coordinar todo el dispositivo de rescate. «Me puse en contacto con la sala del 1-1-2, que era la que estaba coordinando el rescate. La sala me pidió mi número de teléfono para mandarle las coordenadas del sitio exacto en el que estaba el joven. Se nos ocurrió mandarla por Whatsapp para pasársela al helicóptero y que este llegase lo más rápido posible y así lo hicimos. Salió todo estupendo, todos coordinados al máximo. A las 15.10 el chaval ya estaba en el helicóptero rumbo al Hospital Doctor Negrín de Gran Canaria», detalla Néstor.

En 45 minutos Ismael ya volaba rumbo al hospital tras ser resucitado por los agentes en medio del barranco. «Era un accidente casi de muerte por necesidad, lo improbable es que pasase esto. Todo el dispositivo engrasó a la perfección y le salvamos la vida. Si tardamos más no hubiese salido adelante», añaden.