«Tuvo la sangre fría para amerizar»

26/01/2020

La madre del piloto que amerizó el pasado domingo en Moya está «eternamente agradecida» a los vecinos y surferos que ayudaron a su hijo, Danilo Hugo Arreghini, y a su copiloto tras el incidente. «Estoy orgullosa de lo que hizo», afirma.

carlos s. beltrán las palmas de gran canaria

Los ojos de Slaviza brillan de forma especial cuando habla de su hijo Danilo Hugo Arreghini, de 25 años, y que el pasado domingo protagonizo un amerizaje de película en la costa de Moya cuando la avioneta que pilotaba, junto a un compañero, tuvo un fallo en el motor. Su juventud no fue un impedimento para que tomará las riendas de la situación que culminó con un éxito rotundo. «Tuvo la suficiente sangre fría y el valor para amerizar en la costa. Fue algo en equipo. Segundos antes de amerizar supo que lo iban a conseguir y lo hicieron», explica Slaviza con una amplia sonrisa en su local de Playa del Inglés.

La pericia de Danilo resultó clave para evitar que la avería de la pequeña nave acabara en tragedia, al gobernar el vuelo hasta conseguir que la nave se posara cerca de las piscinas costeras, en una zona de arrecifes donde habitualmente el mar bate con intensidad. «Notó un fallo en el motor minutos antes del suceso», explica su madre.

La avioneta, una Diamond DA20-A1, iba rumbo a La Gomera en uno de los vuelos prácticos habituales, cuando ocurrió el incidente.

Solo tiene palabras de agradecimiento y cariño para todos los que no dudaron en acercarse hasta la playa, en la zona de El Altillo, y ofrecer su ayuda a los dos jóvenes que salieron de la avioneta tras el amerizaje y nadaron varios metros hasta la costa. También para los miembros de la escuela de aviación a la que pertenece su hijo.

«Quiero agradecer a todo el pueblo de Moya, y a los surferos que les ayudaron, por cómo trataron a mi hijo y a su compañero. Les estoy eternamente agradecida. Hasta una vecina les ofreció un café con leche y algo de comer y les dio un cariñoso abrazo. Todos se han portado de maravilla», subraya.

Incluso les dieron ropa para que los jóvenes se pudiesen cambiar al llegar completamente empapados a la orilla. Esa ropa la tiene guardada en una bolsa en su casa, tras lavarla, para devolvérsela a sus dueños. «No dudaron en ayudarles, y como madre estoy muy agradecida», dice.

Ella se enteró de lo sucedido varias horas después. «Evitan darme malas noticias. Me cogió trabajando y no suelo estar atenta al móvil en el trabajo. No me enteré hasta después cuando me llamó mi marido para decirme que había tenido un pequeño problema. Sobre las 13.00 horas me mandó una foto mi hijo con el pulgar hacia arriba, estaba algo pálido, pero me decía que estaba bien», recuerda algo emocionada.

Por suerte ni su hijo ni su acompañante, de 33 años, resultaron heridos en el amerizaje que realizaron, ni un solo rasguño. «Estaba y está bien física y psicológicamente. De hecho, al día siguiente voló y pasó por encima de la zona donde había amerizado el domingo», añade.

Esa misma noche, ya en su casa rodeado por su familia, recibió la visita de varios compañeros pilotos que no quisieron dejar pasar la oportunidad de mostrar su afecto al joven Danilo, y de subrayar la pericia que había realizado con el amerizaje hecho en la costa de El Altillo, en Moya.

Danilo continúa con su día a día ajeno al revuelo mediático generado por su increíble maniobra que evitó una tragedia centrando en su formación y en su pasión por volar. El joven, ingeniero mecánico por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPG), está centrado en formarse para conseguir la licencia de piloto de transporte de línea aérea, conocido como ATPL. En la actualidad cuenta con la licencia de piloto privado PLL. «Su sueño es ser piloto comercial, y está enfocado en eso», sentencia su madre.