Ithaisa Suárez: «Estoy rota por dentro. Todo se fue en mi vida ese día»

En una semana se cumple trece años de la desaparición de Yéremi Vargas cuando jugaba en un solar anexo a la vivienda de sus abuelos en la localidad de Vecindario. Un aniversario que su familia vive «rota de dolor» desde aquella tarde de domingo del 10 de marzo de 2007. Su madre explica en su Facebook como se siente estos días.

Carlos Santana Beltrán
CARLOS SANTANA BELTRÁN

El próximo martes 10 de marzo se cumplen trece años de la desaparición de Yéremi Vargas mientras jugaba en un solar anexo a la casa de sus abuelos maternos en la zona de Los Llanos en Vecindario. Su madre, con motivo de la cercanía de este doloroso aniversario, publicó un extenso texto en su Facebook donde le recuerda. «Empezando otro mes de marzo y con este ya van 13 . Aunque me vean riendo y haciendo una vida «normal» estoy rota por dentro. Todo se fue en mi vida ese día. A pesar de que agradezco tener una familia haber tenido más hijos y a todas las personas que tengo no puedo evitar echar de menos a Yeri cada segundo y sobre todo sentirme mal por no poder ni despedirme o haberlo obligado a entrar. Cada día me culpo porque el niñito me había pedido un batido y se lo negué para que almorzara más tarde. Cada vez que mis hijos me piden pisqueo soy incapaz de no acordarme de eso y no les niego nada. No hay momento que no recuerde eso. Que no recuerde la última vez que lo vi y parece mentira que fuera una última vez. No puedo dormir sin pastillas y la piel y la mente me arden pero sobre todo lo más injusto es que su hermosa vida terminó y no podemos ni tenerlo en algún sitio ni para ponerle una flor . Y la vida sigue y nuestra vida sólo gira en ese 10 de marzo de 2007. La realidad es que no siento ganas de nada», escribe la joven.

Ithaisa rememora aquella tarde de domingo de 2007. «Y que son mi familia quién me da fuerzas pero la persona que yo era quedó allí y toda nuestra familia. Todavía no me quito de la cabeza ese reloj marcando las 13.50 horas. Yo con mi pequeño Aidan en brazos dándole de comer y el plato de Yeri ya en la mesa. Mi madre mandó a mi sobrino a llamarle y el niño subió diciendo no está. Ahí empezó nuestra pesadilla. Le buscamos en todas partes. Nos repartimos. Aún recuerdo la cara de susto de mi cuñado tratando de organizarnos sin perder la calma. Para ir cada uno a un sitio. Todo fue tan rápido y tan terrible. Tocábamos en las puertas de todos los vecinos. Empezaba el carnaval todo se complicaba y anochecía y mi corazón se destruía por momentos. Parecía mentira. Parecía una pesadilla que no era verdad. No asimilaba lo que estábamos viviendo. Jamás imaginamos algo tan terrible. Por la noche mi hermana recogió un cubito azul en el solar con el que jugaba Yéremi (pero no el que tenía cuando desapareció ) en un montículo de picón que había, y empezamos a llorar ella yo y otra amiga abrazadas», recuerda.

Desde entonces, la vida de todos cambió por completo. «Mis hermanos mis padres mis cuñadas, todos por la noche en la habitación de mis padres esperando respuestas las lágrimas de mis padres, la casa llena de gente a ayudarnos y nosotros llorábamos y mis hermanos se organizaban para cada búsqueda y mis cuñadas una en la puerta vigilando y la otra para el teléfono que sonaba cada minuto. Cada día cada noche cada momento era una tortura en el que hay que destacar que no nos podemos quejar de la ayuda que nos dieron porque España y fuera de España se volcaron con nosotros. Los periodistas lloraban con nosotros. La gente venía de otras islas de otros lugares a ayudarnos a buscarlo. Recibíamos cartas de muchísimos lugares», detalla. Un dolor compartido que aún trece años después sigue vivo. « Yéremi nos dejó ver la cantidad de gente maravillosa que hay en el mundo. Es verdad que hay una parte que no esperábamos que hacían gamberradas que no pensamos que podían pasar», destaca.

Ithaisa termina su escrito agradeciendo las muestras de apoyo y cariño recibidas a lo largo de estos trece años y que aún a día de hoy sigue recibiendo ella y su familia. «Pero comparado al cariño y solidaridad que recibimos y seguimos recibiendo a día de hoy no se deja notar. Gracias a toda la gente que nos ayudó a empujarnos en estos 13 años ahora mismo. Para no decaer. En terribles momentos en los que es difícil salir adelante», sentencia.