«Intenté hacer desaparecer el cuerpo y me pasé todo el día quemando»

13/02/2019

La confesión de Raúl, pareja de la fallecida Romina Celeste, sacó a relucir detalles escabrosos del fatal desenlace, evidenciándose la intención de hacer desaparecer el cuerpo de la joven paraguaya que terminaría siendo arrojado al mar, según una conversación telefónica del propio Raúl con un amigo en la que confesó gran parte del suceso.

Según la citada llamada, a la que ha tenido acceso Espejo Público, el propio 13 de enero, cuando se procedió a la detención, Raúl había mantenido una conversación por teléfono con un amigo, la cual fue grabada por los investigadores, dadas las sospechas que se mantenían sobre su figura tras las primeras pesquisas.

A grandes rasgos, no se creían la versión que contaba en la denuncia siete días después, la misma que relató ante los medios -«No es la primera vez que se había ido y desaparecía 20 días. No le di más importancia»-.

Sin embargo, aquel argumento contrastaba con la que terminaría por confesar a su amigo telefónicamente. Esta es la transcripción de la llamada:

-Amigo: «¿Que pasa tío?

-Raúl: «Pues, eso, buf, que...»

-A: «Tuviste bronca y se te fue de las manos».

-R: «Que no, que no, que no. Yo es que no sé si contártelo te va a perjudicar a ti, porque...»

-A: «No, no, no, para nada, cuéntame...»

-R: «Pues , eh...yo estaba dormido. Después del colocón de varios días, eh...».

-A: «¿Eso fue el 31?... o el 1...?».

-R: «La noche del 31 al 1».

-A: «Ajá».

En esta parte de la conversación, Raúl le reconoce a su interlocutor que tanto él como Romina se habían excedido de manera ostensible con el consumo de alcohol y pastillas.

-Raúl: «Ella también se había metido de todo... Incluso pastillas que yo le había quitado a madre, como el diazepan. Vuelve a la carga con que necesita de dinero... que lo quiere ya, que lo quiere ya...eh... y con gritos y con voces sobre todo...».

-Amigo: «Pero ibais los dos hasta el culo de todo, ¿no?».

-R: «Sí, sí, sí».

De esta manera, se da a entender que los dos discutieron de manera airada. Hasta tal punto que Raúl prefirió marcharse de casa.

-Raúl: «Cojo la mochila... ella hace para quitarmela... yo se la cojo, se la quito, me la cojo y me voy. Me voy de casa. Me fumo dos, tres, cuatro, cinco cigarros... ufff... y no sé cuánto tiempo pasa. No sé. Media hora, una hora... Vuelvo a casa y...me la encuentro en vez de en la habitación, me la encuentro en el baño de arriba... ehhh... como sentada, caída o algo así...Y me asustó... y miro a ver... ehhh... no respira».

Según el hilo de este diálogo, Raúl asegura que, al regresar se encuentra a Romina sin vida, situación que le hace dudar de cómo actuar.

-Raúl: «La intento reanimar. Eehhh... está más muerta que muerta. Me asusto muchísimo».

Pero en vez de llamar a la Policía decide quemar el cuerpo.

-Raúl: «El estado que tenía yo, lo que menos que hago es pensar, e intento hacer desaparecer el cadáver. Primero, como en la barbacoa, me tiro todo el día quemando a todo trapo, que la barbacoa se pone a 350 grados y tiene la chapa que es como una especie de horno.Yo no podía estar delante porque no aguanto la situación... Me iba para adentro. Seguía bebiendo... Salía para vigilar un poco que eso no estuviera completamente descontrolado».

En este punto de la conversación, no duda en dar más detalles a su amigo.

-Raúl: «Pero entre la borrachera que llevaba y todo me llego a quedar dormido, y eso ya era del día 1 al 2...».

Raúl sigue con su plan de deshacerse del cuerpo, algo que acomete el 3 de enero.

-R: «El día 2 me despierto y todo me parecía un sueño. Entonces meto la barbacoa dentro de la zona de la lavadora y me pongo a coger bolsas, todo en bolsas, todo en bolsas...El día 2 por la tarde alquilo un coche y el día 3 por la noche tiro una parte todo en bolsas de lo que estaba prácticamente quemado en una zona de la isla en el mar, lo que podía tirar por peso».

Cabe reseñar que, en su declaración, Raúl Díaz afirmó que se había encontrado a Romina en su casa muerta, que iba drogado y que, atemorizado, decidió arrojarla al mar. Y, posteriormente, precisó que había convivido con su cadáver durante varios días, que intentó quemarla –durante siete horas en la barbacoa de su casa, según el medio canario el Pejeverde– y después, al intentar moverla, desmembrada, recogió sus partes y, en bolsas, los tiró por la costa.

Una rocambolesca situación que terminó con su envío a prisión sin fianza por presunto maltrato y homicidio.