Sin cargos de momento por el caso Yéremi ya ha solicitado la medida al juzgado

El Rubio, con permiso a final de año

29/01/2018
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Dejando a un lado las cuestiones estrictamente judiciales, a la espera de que se resuelva el recurso presentado por el letrado de la familia del menor desaparecido, y las policiales, con la Guardia Civil que mantiene en marcha la Operación Yéremi, los que sufren día a día la ausencia del niño son sus familiares.

Ellos, desde la mesura y paciencia que les ha caracterizado desde el día 10 de marzo de 2007 siguen aguardando con angustia que alguien les ofrezca una noticia sobre el paradero del menor, que fue arrancado de sus vidas cuando solo tenía siete años de edad.

Ithaisa Suárez, su madre, no pierde la esperanza de que algún día pueda dar con el paradero de su criatura, aunque en un ejercicio de entereza sostiene que han «aprendido a soportar el dolor, porque la verdad es que nos morimos por dentro» después de casi once años de calvario. «Pero tenemos que seguir adelante, no nos queda otra hasta que sepamos donde está Yéremi y estoy convencida de que algún día lo conseguiremos», reflexiona.

Ella, en compañía de sus padres, su pareja sentimental y sus tres hijos, no duda en reconocer que su angustia no ha cesado en ningún momento, pero ahora cuando recibe noticias relacionadas con su hijo o alguien le comenta algo, ya «ni me salen las lágrimas. He llorado y sufrido tanto dolor que no me salen las lágrimas. Ahora nos ponemos enfermos por este vacío grande y angustia que llevamos soportando desde 2007. Aún recuerdo como si fuera ayer el día de su desaparición, cuando aparqué el coche al lado del solar de casa de mis padres después de haber ido a comprar pollos para comer y vi allí a mi niño jugando con sus primos pequeños», relata mientras detalla que lo último que recuerda que le dijo fue «sube a comer Yeri» y él le contestó «vale mami».

«Todo lo que nos ha pasado es muy injusto y, aunque nadie se merece pasar por algo así, no nos dejamos de preguntar día tras día por qué nos ha tenido que ocurrir a nosotros todo esto. Es muy duro, lo peor por lo que se puede pasar», se lamenta.

Ithaisa Suárez ha querido destacar el trabajo realizado durante todos estos años por las personas que se «han desvivido investigando día y noche. Hay muchos a los que incluso considero como de mi familia y en especial a los componentes de la Guardia Civil que siguen luchando hasta el final para encontrar a mi niño. Les debemos mucho y siempre les estaremos agradecidos».

Por último, volvió a reiterar su confianza en que «la justicia sea eso, justa y que sigan investigando al Rubio» después del archivo provisional de la causa.

El Rubio, con permiso a final de año.

El Rubio podría comenzar a disfrutar de permisos penitenciarios en el último tercio de este año 2017. El reo ha solicitado esta medida después de que haya cumplido más de la mitad de la condena de cinco años de privación de libertad por haber cometido un abuso sexual sobre un menor de Santa Lucía de Tirajana en unos hechos ocurridos en julio de 2012. Se da la circunstancia de que, el que fuese acusado de la desaparición de Yéremi Vargas, tuvo incluso fecha para salir de la cárcel de permiso –el pasado 11 de noviembre– pero justo antes llegó un auto que desestimaba un recurso de casación presentado por la defensa del Rubio que interesaba su puesta en libertad al entender que no había pruebas en su contra.

A pesar de esa circunstancia podrá disfrutar de permisos puesto que ya ha cumplido más de la mitad de su pena, que expirará el día 9 de marzo de 2020. El órgano que concede los permisos es la Junta de Tratamiento. Podría precisar de la autorización del Juez de Vigilancia Penitenciaria y de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. El Rubio está actualmente cumpliendo pena en la prisión de Salto del Negro tras ser trasladado después del verano desde Juan Grande.

OBA, como se le conocía entre los funcionarios por sus iniciales (Antonio Ojeda Bordón), siempre estuvo acompañado de dos presos de confianza, estaba sometido al protocolo antisuicidios en un módulo de aislamiento y su traslado al Salto del Negro se debe a una cuestión de seguridad después de haber estado también en los penales de Algeciras y Sevilla.