Imagen de los acusados durante el juicio. / Eloy Alonso / EFE

Los celos, el móvil del crimen planeado durante meses y pagado con 25.000 euros

La Guardia Civil perfila a un Pedro Nieva capaz de hacer cualquier cosa para librarse del amante de su mujer, a la que controlaba y humillaba

OLAYA SUÁREZ Gijón

Podía sentir Pedro Nieva tal animadversión hacia Javier Ardines como para encargar su crimen? Para los investigadores de la Guardia Civil y para la Fiscalía y la acusación particular la respuesta es clara y contundente: sí. «Es un celópata», declaró el jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Gijón que se hizo cargo de la investigación. La celopatía es un rasgo psicopatológico, no una enfermedad psíquica, que lleva a quien lo padece a controlar su propia vida y la de quien le acompaña con ideas constantes e intrusivas sobre el engaño y que llega a actuar de forma extrema para buscar una solución. Su solución. Y más aún si esa celopatía se sustenta no solo con pensamientos imaginarios, si no con una base de realidad. La grabación que hizo con su teléfono móvil a su mujer y su presunto amante pudo marcar un punto de inflexión en un devenir ya marcado anteriormente por los celos y el control que mantenía sobre su mujer.

Pedro Nieva se mostró el miércoles en su declaración ante el jurado popular que lo juzga por un delito de asesinato (junto a sus tres presuntos compinches) como un hombre dialogante y comprensivo tras descubrir que su mujer Katia Blanco, con la que tiene dos hijos, mantenía una relación extraconyugal con el marido de su prima. Con Ardines, con quien él mismo había compartido años de fiestas, rutas de senderismo, comidas y cenas. Lejos de culparle públicamente por la infidelidad, Nieva se responsabilizó «por el fracaso del matrimonio». «Dediqué muchas horas al trabajo y menos a mi familia», dijo. En ese relato medido puso como ejemplo que había mantenido «una conversación larguilla con Ardines, sin tono de amenaza ni nada, normal, él mismo dijo que nos podíamos ver los cuatro para hablar y que daría las explicaciones oportunas».

Pero ese autodiagnóstico contrasta de forma radical con el que hacen de él los investigadores que durante seis meses estudiaron de forma pormenorizada sus movimientos, sus conversaciones y mensajes de teléfono, sus movimientos y también sus pensamientos. Porque aunque no lo llegase a verbalizar, Pedro Nieva hizo búsquedas en internet sobre lo que le atormentaba: no ser el padre de uno de los dos hijos que tiene con Katia, por el escaso parecido que tiene con él. «Jamás dudé de mi paternidad», dijo en el juicio. Pero su rastro le delata. En internet encontraron numerosas búsquedas sobre dispositivos y servicios para hacerse tests de ADN. «Tenía celos hasta de su propio perro», dijo el jefe de la Guardia Civil. Y no fue un decir, ya que, según Katia reveló a su hermana en una conversación telefónica que se escuchó en la sala de vistas, creía que le había pegado al perro y tenía la certeza de que su marido había orinado encima de una camisa que ella había estrenado el día anterior. «Estábamos cenando con unos amigos y me dijo: 'Hay putas que cobran y hay putas y zorras que no cobran'. Le pregunté si lo decía por mí y me dijo que sí, ya no aguanto más, quiero separarme, aunque me quede luego en la miseria», relató a su hermana. A día de hoy, siguen casados.

Eran los meses posteriores a que descubriese la infidelidad y tan solo unas semanas antes de que Javier Ardines fuese asesinado. «Ella se fue el día 5 de Amorebieta a Llanes como cada verano y Pedro Nieva apareció allí una hora después. La siguió, no quería que se quedase allí por la posibilidad de que se viese con Ardines. Discutieron, él se volvió a Bilbao a las pocas horas y fue ahí cuando envió la grabación a la mujer de Ardines y a su hija», señaló el capitán de la Guardia Civil. La casa de Pedro y Katia y la de Ardines y su mujer, Nuria, están ubicadas a escasos 300 metros. Nieva no habría soportado esa cercanía y que él no estuviera para evitar un nuevo encuentro íntimo.

Pasaron pocos días hasta que, supuestamente, Djillali Benatia y Maamar Kelii, los presuntos sicarios a los que contrató por mediación de su amigo Jesús Muguruza, hicieron un primer intento de emboscada al concejal de Izquierda Unida. No les resultó. Colocaron una valla en mitad del camino por el que Ardines salía de su casa en dirección al puerto de Llanes, si bien logró salvar el obstáculo sin apearse de su furgoneta. Pedro Nieva regresó a Llanes el 14 de agosto (después de ese primer intento) y estuvo con su mujer. Volvieron a discutir y el día 15 él regresó a Amorebieta. A Javier Ardines lo mataron la madrugada del 15 al 16 de agosto. Cuando Katia supo que se trataba de una muerte violenta le envió el siguiente mensaje a su marido: «¿Pedro, qué has hecho?». «Yo no tengo nada que ver», contestó él.

En la primera declaración que ella hizo ante la Guardia Civil el día después del asesinato negó mantener relación alguna con la víctima. «Teníamos un tonteo, porque los dos somos muy extrovertidos, pero nunca pasó nada», aseguró. Meses después, y con las evidencias que le mostró la Benemérita, acabó por confesar. Habían mantenido los primeros encuentros íntimos cuando ella tenía 18 años, antes incluso de que se casase con Pedro Nieva. Esa relación oculta se había prolongado casi treinta años.

El encargo

Tal y como explicó el capitán de la Guardia Civil en la sala de vistas de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, en Oviedo, el móvil del crimen está claro: los celos.Teniendo una motivación para acabar con la vida de su adversario tras descubrir la infidelidad, Nieva solo necesitaba las personas que le ayudasen a ejecutar el plan. Una de las pruebas de cargo es el viaje que Pedro Nieva hizo el 27 de julio con Muguruza y un tercer hombre: las acusaciones y la Guardia Civil sostienen que se trata de Benatia y que fue un reconocimiento de la zona para enseñarle dónde tenían que tenderle la emboscada a Javier Ardines, bajo pago de 25.000 euros.

El móvil de Benatia quedó posicionado en Cantabria junto a los otros dos acompañantes, pero la Guardia Civil considera que, al igual que la noche del crimen, apagó el teléfono y sacó la tarjeta del terminal para evitar dejar rastro. En la declaración en el juicio, Nieva y Muguruza aseguraron que habían viajado «con un tal Julián» que era experto en reparación de tejados y que le iba a solucionar un problema que tenía en la cubierta de su casa. Pero lo que necesitaba solucionar Nieva era otro problema, según sostienen los investigadores y la Fiscalía.

La investigación de la Guardia Civil

Móvil del crimen. Para los investigadores el móvil está claro: los celos que sentía PedroNieva al enterarse de que su mujer tenía una relación con Javier Ardines.

Preparación. Habría organizado un plan para liquidar a su adversario. Para ello contaría con la mediación de Jesús Muguruza, que le puso en contacto con dos ciudadanos argelinos, Benatia y Kelii, presuntos autores materiales del asesinato del concejal.Los cuatro vivían en Bilbao.

Llamadas. Las horas posteriores al crimen constan más de 100 llamadas de Djillali Benatia a Muguruza. Habrían sido para pedir más dinero por el resultado de muerte de su plan.

Posicionamiento. El teléfono de Maamar Kelii quedó posicionado la madrugada del crimen en la zona de Belmonte de Pría. El coche de Benatia fue localizado en la autovía A-8 tras el crimen y en el peaje de entrada a Bilbao.

Huida. Maamar Kelii viajó al día siguiente del crimen a Argelia y en noviembre a Suiza, tras publicar EL COMERCIO que la Guardia Civil investigaba en el País Vasco.

Viaje preparatorio. El 27 de julio de 2018, dos semanas antes del crimen, Muguruza y Pedro Nieva viajan, supuestamente, conBenatia a Belmonte de Pría para enseñarle sobre el terreno dónde tendría que ejecutar el plan. Le facilitó una fotografía del objetivo y les dijo las fechas de mayor afluencia en Llanes, coincidiendo con los días de fiesta en los alrededores.