Carlos Gutiérrez, allá donde estés, nadie te olvidará

12/03/2019

Todo va bien hasta que un día, sin previo aviso ni delicadeza, la vida te roba a una de las mejores personas que latía en este mundo. Hablamos de Carlos Gutiérrez Cabrera, catedrático de la ULPGC.

Todo va bien hasta que un día, sin previo aviso ni delicadeza, la vida te roba a una de las mejores personas que latía en este mundo. El pasado viernes, Carlos Gutiérrez Cabrera, catedrático por la ULPGC, dijo adiós en un cúmulo de mala suerte. Y mientras su coche se quedaba parado en medio de la autovía, él escogió ser valiente y bondadoso. Cualquier otro hubiera optado por huir y ponerse a salvo, pero Carlos eligió hacer el bien. Era su carácter. Siempre sonriente y pensando en los demás, intentó avisar a los vehículos que venían hasta que el destino dijo basta.

Con tan solo 58 años de edad, y habiendo alcanzado cada uno de sus objetivos (títulos, investigaciones y artículos en revistas especializadas), se fue una persona que jamás será olvidada. Tu familia, Lidia (esposa); Patricia, Carlos y Cristina (hijos); Rafael, Elena, José y María Victoria (hermanos) y demás seres queridos, te lleva en cada uno de sus corazones. Es imposible hacerse a la idea de una pérdida tan grande y la herida podría no cicatrizar jamás, pero el haz de luz que deja tu recuerdo brilla tanto como tu corazón.

En tu despedida (y dentro de tanta tristeza) se vivieron momentos inolvidables. El tanatorio San Miguel se quedó pequeño para acoger tanto amor, cariño y apoyo. Tus alumnos también se volcaron contigo, llorando por ti como si fueras un padre para ellos, como ellos mismos aseveraron allí. Hubo cascadas de lágrimas, pequeñas sonrisas y aire de nobleza y empatía. También hubo quienes se cogieron vuelos de varias partes de España y Europa para verte una última vez y ejercer de muleta para tu familia.

«Teñías con color arcoíris cualquier escala de grises. Que tanto ayudar a todos no cabía en un planeta donde hay tanta maldad».

Tú, siempre tan sensible y especial, no hubieras parado de hacer bromas. Y es imposible describir con un puñado de palabras tantos sentimientos enfrentados. La tristeza, el amor y la obligación de seguir adelante como hubieras querido harán que todo salga bien. Y así será porque tú, desde un mundo mejor, los ayudarás a caminar.

Aún más difícil es encontrarle un sentido a por qué te tocó a ti. Dicen que todo pasa por algo, pero aquí no hay razón que valga para entender los golpes de la vida. Lo único que está claro es que este mundo no te merecía. Que teñías color arcoíris cualquier escala de grises. Que tanto ayudar a todos no cabía en un planeta donde hay tanta maldad. Tal vez te fuiste por eso. Porque ascendiste a un lugar mejor. Un espacio destinado solo a los seres especiales y sin ápice alguno de odio. Tu hija Cristina dijo el domingo, «no solo se va mi padre, se marcha la esperanza que tenía en este mundo», y eso define a la perfección que durante tu adiós hubiese tanto amor real.

Fuiste y eres un ejemplo para todos. Ahora nos queda parecernos un poco más a ti y estar a tu altura. Te amamos y lo haremos siempre. El recuerdo de tu sonrisa nos convierte en invencibles. Gracias por enseñarnos el bien, el amor, la superación y la humildad. Nos volveremos a ver algún día.