Sucesos

Ana Julia: «No tengo excusas, pido perdón»

22/06/2018

Los informes forenses de carácter toxicológico y sobre la autopsia del cuerpo de Gabriel Cruz, el menor de ocho años presuntamente asesinado por Ana Julia Quezada el pasado mes de febrero en la finca de Rodalquilar en Níjar (Almería) donde se mantuvo oculto su cuerpo durante 13 días revelan que el pequeño no ingirió tóxicos o medicamentos que mermaran sus capacidades toda vez que la muerte se debió a una asfixia mecánica.

En su última comparecencia ante el juez el pasado lunes, previa al levantamiento del secreto sumarial, Ana Julia Quezada se negó a responder a las preguntas del instructor, quien se interesó por detalles sobre la presunta preparación del crimen, sentido en el que también se interesó por las cartas remitidas a un programa del televisión y al padre de Gabriel, en las que pide perdón y atribuye todo a un "accidente", así como otros aspectos relativos a los informes policiales sobre su actividad anterior al crimen.

La investigada permanece en el centro penitenciario de El Acebuche desde que se decretara su ingreso en prisión el pasado 15 de marzo, tras su segunda citación ante el juez, donde se mantiene interna en el módulo de mujeres sin que se le haya concedido el traslado a otras cárceles.

En la última misiva que ha salido a la luz, publicada por El Mundo este viernes, Ana Julia Quezada, insiste en la teoría del accidente y asegura que se bloqueó tras «lo ocurrido». La carta es una de la 1.800 hojas del sumario que desde el pasado miércoles ya está a disposición de los abogados y que descarta que el menor fuera sedado antes de morir.

Ana Julia: «No tengo excusas, pido perdón»

«Ángel, no tengo palabras para decirte esto pero aun así lo voy a contar», empieza la carta manuscrita por Ana Julia. «No tengo excusas por lo que hice, pero sólo sé que el miedo te bloquea porque eso me paso a mí», prosigue. «Entiendo que no me creas porque es lo más normal y no tuve el valor suficiente para decirte que por un lamentable accidente te quité lo más grande que uno puede tener: un hijo».

La mujer incluso asume que podría enfrentarse a la prisión permanente revisable por lo sucedido y añade: «No me importa si tengo que pasar el resto de mi vida aquí, y lamento todo el daño que he hecho, sobre todo a Gabriel, a ti y a Patricia y a todos los familiares».

Dice que no planificó el crimen

«Dicen que todo fue premeditado pero no es así. Lo que pasó es que no pude sacar fuerzas para decirlo». Asimismo, señala que por culpa de las pastillas que tomaba le pudo pasar algo en la cabeza. «Me metí en una bola cada vez más grande y ya sabes que tomaba pastillas. Pero no quiero excusarme porque lo que hice está muy mal y no hay excusas que valgan», describe. Por último, la carta termina pidiendo otra vez clemencia. «De todo corazón, perdona. Espero que algún día en vuestro corazón me perdonéis».

En el sumario se hallan otras dos cartas escritas al juez instructor del caso, en las que también pide perdón. Asimismo, en las diligencias el juez llega a plantearse si Ana Julia pudo hacer rituales de vudú antes y después de la muerte del pequeño Gabriel y de hecho le ha preguntado sin éxito a la detenida. Con todo, no existe ninguna prueba para avalar esta hipótesis, salvo las búsquedas que hizo en el ordenador sobre estos hechizos.

Ana Julia: «No tengo excusas, pido perdón»
Otra autopsia ratifica la asfixia mecánica

Como consecuencia de la investigación también se pudo comprobar que Ana Julia estuvo un día antes del crimen en la finca preparando el lugar donde ocultar el cuerpo y manipulando varias maderas.

Sobre la causa de la muerte de Gabriel, el informe del forense confirma que falleció de forma inmediata por «una asfixia mecánica por sofocación, por oclusión de orificios respiratorios». Y sitúa la muerte entre las 15.30 y las 16.30 horas del día de la desaparición, el 27 de febrero de 2018.

Asimismo, se descarta que Ana Julia hubiese administrado «algún tipo de sustancia tóxica o psicoactiva al menor». Y apunta que han sido negativos los resultados del examen del cabello sobre posibles sustancias que hubiese tomado Gabriel en los últimos 12 meses antes de su fallecimiento.

Ana Julia se enfrenta a delitos de asesinato, contra la integridad moral y de detención ilegal. Podría ser condenada a 25 años de prisión o a prisión permanente revisable. Asimismo, ha pedido el traslado a la prisión de Burgos, donde vive su hija y donde residió 20 años.

Ana Julia: «No tengo excusas, pido perdón»
Se descarta que le diese algo al niño

Así consta el sumario instruido por el Juzgado de Instrucción número 5 de Almería cuyo secreto ha sido levantado parcialmente, lo que ha posibilitado el acceso a las partes sobre las actuaciones que, bajo las pruebas practicadas, descartan una posible relación entre la bolsa de ansiolíticos encontrada en el vehículo que conducía la autora confesa el día de su detención y el crimen.

Igualmente, los análisis realizados sobre los restos de arena y lodo hallados sobre el cuerpo de menor, que fue encontrado envuelto en unas sábanas en el maletero donde Quezada los trasladaba hasta la Puebla de Vícar, a unos 75 kilómetros de distancia desde Rodalquilar, corroboran que los restos mortales de Gabriel habrían permanecido en todo momento enterrados en el mismo sitio y que el cuerpo no habría sido desplazado, según avanza también este jueves 'La Voz de Almería'.

Siempre en la misma finca

La investigación, que acumula más de 1.500 folios en dos volúmenes y que está pendiente de la recepción de nuevas pruebas para esclarecer los presuntoS delitos de asesinato, detención ilegal y contra la integridad moral de los que se acusa a Ana Julia Quezada, apunta así a que el pequeño habría fallecido dos horas después de comer, lo que su muerte se habría producido poco antes de las 17,00 horas del 27 de febrero tras salir de la casa de su abuela en la pedanía de Las Hortichuelas.

De esta manera, el cuerpo de Gabriel Cruz habría permanecido durante 12 días oculto en la misma finca, a la que la sospechosa regresó incluso el día antes de decidir trasladar el cuerpo y en la que también se llegó a buscar al menor mediante medios técnicos, aunque con la esperanza de encontrarlo con vida.