20 años del ataque mortal de Capitán

02/09/2018

Mañana lunes se cumplirán dos décadas del fallecimiento de Lidia Juana G.B., de 53 años, como consecuencia de las gravísimas heridas provocadas por las mordeduras del pitbull stadford de una vecina de La Isleta. El barrio no ha olvidado el trágico suceso

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carlos s. beltrán Las Palmas de Gran Canaria

El número 17 de la calle Tirma, en la zona alta del barrio de La Isleta y la vivienda de donde salió el pitbull stanford de nombre Capitán que acabó con la vida de Lidia Juana G.B., de 53 años, en la noche del 3 de septiembre de 1998, permanece tapiado y con un aspecto ruinoso. Una capa de pintura blanca cubre la placa que enumera el inmueble, en un intento de borrar el recuerdo que aún hoy en día conmociona a los vecinos del barrio, y por extensión a la sociedad grancanaria.

No hay rastro de vida en este pequeño tramo de la vía, pegada al muro del Acuartelamiento General Alemán Ramírez, sin salida y con seis coches estacionados en lo ancho de la carretera. Solo sobrevive un pequeño marco de metal en la que fue la segunda planta de la vivienda desde la que salió el perro tras tocar la víctima para saludar a la dueña de la vivienda, Soledad B.R., a la que le unía una gran amistad.

«Terminaron tapiándola porque al irse la familia se llenó de drogadictos», afirma una vecina de la calle Alcorac. Ella, como la mayoría de los adultos de la zona, recuerda con nitidez lo que pasó aquella noche. «Claro que me acuerdo de lo que pasó, pero prefiero no rememorarlo. Fue horrible y muy duro», explica mientras aligera el paso hacia su casa.

Que hayan pasado veinte años desde el feroz ataque de Capitán, que le costó la vida a Lidia Juana G.B., no han bastado para borrar lo sucedido de la memoria colectiva del barrio. Un hecho que sumió a sus convecinos en la indignación y que terminó abriendo un debate sobre el control de los perros de ciertas razas, catalogados posteriormente como perros potencialmente peligrosos.

«Mi hermano, en paz descanse, lo vio en primera persona. Fue horrible, el animal trincó a la señora de la cara y no la soltó pese a los esfuerzos de la gente por evitarlo», afirma otro vecino mientras rememora lo sucedido con un amigo sentados en el cruce entre las calles Palmar y Majadilla.

En la plaza entre las calles Majadilla, Bandama y Angostura un grupo de residentes que juega al dominó prefiere mantenerse al margen de la historia que mañana cumple 20 años. Todos afirman recordar lo que pasó pero optan por dejarlo estar. Solo uno confirma tajante que «ninguno de los protagonistas vive ya aquí», en un intento por echar tierra al asunto.

El joven Josué Delgado tenía seis años cuando tuvo lugar el mortal ataque de Capitán. De hecho, solía frecuentar el tramo de la calle Tirma donde tuvo lugar el suceso. «Mis dos mejores amigos vivían en ese tramo de la calle y había una pequeña tienda en la esquina. Estábamos siempre por la zona jugando y veíamos al perro a diario. Me acuerdo de lo que pasó, se te queda marcado», explica el joven mientras va a visitar a su madre, en la calle Angostura, seguido de cerca por su perra Kimi.

De hecho, Josué es uno de los niños que aparecen en las imágenes tomadas por CANARIAS7 el día después del suceso en la calle Tirma y que ilustraban la información sobre la tragedia. «Este soy yo», señala en una copia de la página 3 de la edición impresa del 5 de septiembre de 1998.

Con los años, el joven asume que lo vivido aquellos días desde los ojos de un niño es distinto a como lo veo hoy en día. «Con los años me he dado cuenta que nos podía haber pasado a mí o a uno de mis amigos. Siempre estábamos en esa calle y el perro podía haber salido a por nosotros», reflexiona.