Amarna Miller posa para el fotógrafo en una calle de Madrid. / JOSÉ RAMÓN LADRA

De vivir en furgoneta al activismo feminista

Le aburre depilarse y es una adicta al yoga. Sin renegar de su pasado como actriz porno, reivindica la inteligencia emocional

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Amarna Miller está cambiada. Después de muchos tumbos y ser una referencia constante en los medios, Miller ha hecho una pausa. No reniega de su pasado de actriz porno, pero considera que es una etapa superada. La pandemia la ha ayudado a dejar de lacerarse y domesticar su perfeccionismo obsesivo. A sus 30 años, se ha hecho más introspectiva y cultiva el crecimiento personal. Acaba de publicar el libro 'Vírgenes, esposas, amantes y putas' (Ediciones Martínez Roca), en el que analiza los problemas de ser mujer en la sociedad actual. Antes de que el coronavirus asediara a la humanidad, buscaba la paz haciendo vivac en la sierra de Madrid.

Lunes

8.00 horas. Lo primero que hago después de levantarme es hacer quince o veinte minutos de yoga con una aplicación a la que soy adicta. Acto seguido desayuno de forma copiosa. Mi chico se ríe de mí porque mis desayunos se parecen más a una comida que a otra cosa. Mientras, leo en un pequeño atril y paso dos horas relajada antes de ponerme a currar.

9.00 horas. Escribo en un diario de emociones y analizo cómo me siento, en qué momento de mi vida estoy. Es una herramienta de crecimiento personal y un ejercicio de autoanálisis e introspección en línea con la inteligencia emocional, que es algo que me gusta mucho.

19.00 horas. Soy hiperactiva, los lunes voy a clase de piano, los martes a salsa y el resto de los días dedico tiempo a aprender. Echo de menos la universidad, tener una disciplina de estudio. Ahora estoy haciendo un curso de introducción a la filosofía y acabo de terminar otro sobre gestión de las emociones dentro de la psicología. Siempre ando obsesionada con la productividad, lo cual a veces es malo porque tiendo a medir mi valía por ese aspecto.

Martes

17.00 horas. Soy licenciada en Bellas Artes y hago sobre todo fotografía. En el bolsillo del abrigo llevo una cámara desechable y realizo fotos de lo que veo por la calle: grafitis, objetos del suelo... Es un ejercicio muy útil para tener conciencia del momento presente, una especie de 'mindfulness'. Son imágenes capturadas en soporte analógico, así que luego las revelo y las subo a Instagram.

18.00 horas. Después de escribir el libro me he tomado un descanso, pero volveré. Ha sido una gran inversión de tiempo para investigar. Mi trabajo se centra ahora en presentar 'Este es el mood', un programa en YouTube en el que hablamos de relaciones, amor y sexualidad, entre otros asuntos, desde una perspectiva de género. Además grabo dos 'podcasts' sobre feminismo: 'Con voz de mujer' y 'Mujeres que cuentan'.

20.00 horas. Suelo leer habitualmente más de un libro a la vez, no más de dos porque entonces me aturullo. Uno siempre es un ensayo que me haga reflexionar e incite al estudio, y el otro una novela, cuya lectura es una forma de hacer gárgaras, por decirlo así, mientras me dedico al estudio del primero.

«Estoy muy centrada en que mi mirada sea propia y no estar pendiente de los demás. Hay que perder el miedo a no gustar»

Miércoles

12.00 horas. Después de estar cuatro años viviendo en una furgoneta, con la que me recorrí EE UU, llegué a ignorar por completo la estética, quizá porque no tenía espejos donde mirarme. Ni me maquillaba ni vestía de manera coordinada. Pero al volver el año pasado a Madrid y disponer de casa, me he reencontrado con la estética, que ahora veo incluso como una forma de expresión artística y una manera de presentar mi identidad. De la depilación paso, me aburre. Me he apropiado en cambio de cosas como maquillarme y hacerme las uñas, lo cual es una forma de quererme. Lo importante es que las mujeres no nos quedemos bloqueadas por las imposiciones que nos han adjudicado, como llevar pendientes o depilarnos.

15.00 horas. Me encanta la cocina, pero durante la semana se me hace un poco de bola ponerme a ello debido a la falta de tiempo. Me gusta mucho la comida india, sobre la que llevo tiempo investigando en profundidad, y adoro los caldos, los potajes, la cocina de puchero. Esta tiene la ventaja de que puedo hacer mi vida mientras la olla va haciendo sus cositas, sin estar pendiente de ella

Jueves

17.00 horas. Ahora tengo muchas cosas, más de las que debería. Vivir en una furgoneta me ha enseñado a rebajar mis expectativas, que se puede ser feliz con muy poco. Cuando viajaba por EE UU, si la ducha era de agua normal, no de agua horrible, ya estaba supercontenta. Si además era una ducha privada, entonces era maravilloso. Lo malo es que una vida así no es demasiado utilitaria, te exige permanecer todo el rato como una superviviente.

12.00 horas. Después de algunos años me he vuelto a mirar al espejo. Me he encontrado con mucha más calma y ganas de observarme por dentro. Llevo mucho tiempo siendo un personaje público. El conceder entrevistas desde los 19 años había conformado una gran parte del modo en que me expresaba. Desde hace unos tres años estoy muy centrada en que mi visión sea propia, procuro no estar tan pendiente de lo que opinan los demás sobre mí. Hay que perder el miedo a no gustar.

Viernes

22.00 horas. Solo veo la televisión cuando estoy con gente. Sola, la hiperactividad me puede y me cuesta mucho concentrarme. Siempre que veo una peli o una serie estoy haciendo otra cosa a la vez. Así que cuando las veo lo hago con mi chico o mis amigos. Estoy muy obsesionada con Filmin, casi todo lo que veo es de esta plataforma. La última película que me ha gustado es 'Border' y la serie 'Podría destruirte', para mí de lo mejor de 2020. Muy recomendable también es 'Adult material'.

17.00 horas. En mi caso la pandemia no ha sido demasiado dramática, me ha obligado a detenerme. Como tengo tanta energía, a veces me fustigo por estar parada. Antes andaba metida en mil cosas, mientras que ahora me esfuerzo en hacer proyectos más duraderos, menos volátiles.