Oración en los jardines del Vaticano el pasado mayo. / EFE

El virus silencia al Papa

La pandemia deja a Francisco «enjaulado» en el Vaticano y sin viajes ni grandes eventos en un momento en el que aún no se concretan los resultados de su esperada reforma de la Iglesia

DARÍO MENOR

El coronavirus le ha cortado las alas a Francisco. Para un Papa tan necesitado de estar en contacto directo con otras personas como Jorge Mario Bergoglio, la pandemia ha provocado un indudable revés a la forma con que ejerce su liderazgo espiritual. Como él mismo dijo en el Ángelus del pasado 8 de marzo con tono enfadado, la Covid-19 lo ha dejado «enjaulado». Las férreas restricciones para evitar los contagios han supuesto la cancelación este año de sus viajes internacionales, en los que habitualmente se da baños de masas y logra que sus mensajes tengan amplia repercusión mediática.

No está claro cuándo podrá retomar su agenda de visitas a otros países, como ocurre igualmente con la celebración de grandes eventos religiosos en Roma. Aunque apenas se han registrado un puñado de contagios en el Vaticano y Francisco goza de un buen estado de salud, el coronavirus ha caído como una bomba también en la Santa Sede, provocando un frenazo en el pontificado de Bergoglio.

«El Papa necesita el contacto con otras personas. Sin la gente, está como un pez fuera del agua», sostiene Giovanni Maria Vian, historiador del cristianismo, catedrático en la universidad La Sapienza de Roma y director de 'L'Osservatore Romano', el diario de la Santa Sede, entre 2007 y 2018. Este académico considera que el revés de la pandemia para Bergoglio es aún más evidente por la apertura que ha impreso a la figura del papado. Lo demostró desde el comienzo de su pontificado al renunciar a vivir en el Palacio Apostólico para no estar aislado y optar en cambio por la Casa Santa Marta, una residencia dentro del Vaticano donde tiene contacto diario con otras personas. «El papado contemporáneo es inseparable del magisterio y del simbolismo de los viajes», subraya por su parte Massimo Faggioli, profesor de teología en la Universidad Villanova de Estados Unidos. A su juicio, la imposibilidad de que Francisco visite otros países ha «normalizado» su pontificado, enfatizando la soledad del Papa.

Precisamente la imagen más poderosa de Bergoglio durante la pandemia ha sido la oración que realizó ante una plaza de San Pedro completamente vacía el pasado 27 de marzo, cuando recordó que «estamos todos en la misma barca». «Sin viajes es un papado diferente, porque la dimensión global se ha convertido en esencial para el catolicismo de hoy: el papado es el intérprete más eficaz del catolicismo globalizado», sostiene Faggioli. «Francisco sabe que no puede dejar las visitas a otros países y dentro de Italia. Las retomará en cuanto sea posible, aunque tengo dudas de que sea antes de 2022. Tal vez sería interesante aprovechar este tiempo para repensar la organización de los viajes y optar por una fórmula distinta», opina por su parte Vian.

Sin prisa

Una señal de que el Vaticano no tiene prisa en retomar las giras internacionales de Francisco es el reciente nombramiento como consejero de la nunciatura apostólica en Lisboa de Mauricio Rueda, responsable durante los últimos cuatro años de la organización de los viajes del Papa a otros países. No se ha designado un sucesor.

El parón provocado por la emergencia sanitaria ha llegado además en un momento en el que se ha disipado la fascinación inicial que provocó la elección de aquel Papa venido «del fin del mundo», como él mismo se presentó. Después de más de siete años de su elección como obispo de Roma, no terminan de verse los resultados de las profundas reformas que muchos católicos esperaban. Francisco ha revitalizado la Iglesia basando su mensaje en la misericordia y en la mano tendida hacia los que están en las periferias, pero mantiene diversos frentes abiertos cuyo desenlace aún no se concreta.

La reorganización de la Curia romana o el empeño para lograr una mayor transparencia financiera parecen empresas inacabables, mientras que no ha habido apenas avances en la añeja demanda de muchas mujeres para conseguir un mayor protagonismo en la Iglesia. «Creo que Francisco está más interesado en la reforma que la mayor parte de obispos y del clero», lo defiende Faggioli. Tampoco ha habido cambios respecto a la ordenación sacerdotal de hombres casados, una posibilidad que se barajó durante el Sínodo de la Amazonia del pasado octubre, y aún parece largo el camino para desterrar los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes.

La pederastia

Aunque se han producido avances contra la pederastia eclesial, como el manual publicado la semana pasada con los pasos que los obispos deben seguir cuando tengan constancia de un eventual episodio, siguen surgiendo casos en los que se vislumbran posibles encubrimientos o, cuando menos, poca voluntad por llegar hasta el final de los hechos.

Es lo que habría ocurrido con la visita que iba a realizar el pasado marzo a México una delegación de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), el 'ministerio' vaticano encargado de juzgar las denuncias de pederastia eclesial. Estaba previsto que el secretario adjunto de la CDF, Charles Scicluna, arzobispo de Malta, y monseñor Jordi Bertomeu, oficial del citado dicasterio vaticano, mantuvieran reuniones con víctimas, obispos y superiores de congregaciones religiosas del país azteca, de manera similar a lo que hicieron en 2018 en Chile, destapando el encubrimiento con que se protegieron los abusos durante años en aquella nación.

La vista a México de los expertos de la CDF, que pretendía mejorar la forma con que la Iglesia local responde a esta lacra, se postergó 'sine die' cuando se desató la pandemia, según la explicación oficial. La realidad es en cambio más compleja. «Varios pesos pesados del episcopado mexicano presionaron para que no partiera la misión, por considerar que era una afrenta. Al final convencieron al Papa, que consistió en dar marcha atrás. La pandemia brindó una excelente excusa para justificar que no viajaran Scicluna y Bertomeu», cuenta una destacada fuente eclesial, que asegura que hay asuntos que el Papa está dejando ya para que los complete su sucesor. Iría así en la línea con lo que sostiene José Casanova, profesor de sociología de la religión en la Universidad Georgetown, que recuerda que para Francisco «el tiempo es más importante que el espacio», por lo que pretende que se «abran procesos» en la Iglesia que hagan irreversibles los cambios.

Bergoglio no está en cualquier caso exento de contradicciones, advierte Casanova, señalando que ha provocado la aparición del «síndrome del hijo pródigo» entre los católicos más fervientes. «Ha ido a buscar al hijo perdido, pero sin tener en cuenta el sentimiento del que se ha quedado en casa y ha sido fiel».

Otro frente abierto del pontificado, y fuente además de continuos dolores de cabeza para el Papa, es el de la reforma económica. A pesar de los intentos de Francisco por lograr una mayor transparencia y una mejor gestión de las finanzas vaticanas, siguen apareciendo nuevos escándalos. Uno de los más recientes es la compra de un edificio de 17.000 metros cuadrados con fondos de la Secretaría de Estado en el exclusivo barrio londinense de Chelsea, una inversión que el propio secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, consideró «opaca», y que está siendo investigada.

Las cuentas vaticanas además, están amenazadas por los efectos de la pandemia, que puede provocar un déficit este año de entre 68 y 146 millones de euros, lo que ha obligado a establecer un plan de ajuste en los gastos. «Los cataclismos globales, como ocurrió con las dos guerras mundiales, tienen siempre un efecto en el gobierno de la Iglesia católica», advierte Faggioli, que considera que la recesión puede tener un impacto en la reforma de la Curia romana, otro proyecto que ha sufrido continuos retrasos.

«Bergoglio afronta gigantescas dificultades en el gobierno de la Iglesia», advierte Vian, para el que no hay indicios de que estemos a las puertas de un posible cónclave pese a la publicación de algunos libros con los perfiles de los cardenales que podrían tener posibilidades de suceder a Francisco. «El Papa goza de buena salud y no tiene ninguna intención de renunciar, aunque no sé cuántas novedades puede todavía depararnos este pontificado», sostiene el exdirector de 'L'Osservatore Romano'.