Víctor estaba en su sano juicio el día que acabó con la vida de Mónica

23/03/2019

Los forenses describen al jurado del crimen de La Higuera Canaria que el acusado estaba en sus cabales cuando mató a la mujer, que pudo haber estado agonizando tres días según la autopsia

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El médico forense Enrique Zaragoza determinó ayer en la sesión del juicio por el crimen de La Higuera Canaria, que el acusado Víctor de Alejandro Suárez estaba en sus cabales cuando agredió con un cuchillo a la fallecida, Mónica Garrido, en la Nochebuena de 2017. «Examinamos al encausado y solo determinamos que había sufrido un cuadro de ansiedad los días previos a la agresión, pero en ningún caso hemos detectado en él un trastorno psiquiátrico ni en el control de sus impulsos», declaró ante el tribunal del jurado.

Esta sesión, la penúltima antes de que el lunes se acabe con la testifical, pericial e informes, estuvo protagonizada por amigos y familiares de la víctima, que tuvieron que ser desalojados al no controlar sus nervios cuando se procedió al visionado de las imágenes de la autopsia por parte del equipo forense.

En la misma, las doctoras Batista y Suárez coincidieron en que las heridas provocadas por el agresor a la víctima fueron «múltiples, en movimiento y de gran magnitud», por lo que entendieron que el fallecimiento se produjo de manera rápida, aunque este dato chocaba con el hecho de que en el cuerpo no hubiese fauna cadavérica cuando se le realizó la autopsia: «Cuando muere una persona y encima es en un lugar ventilado, al pasar varios días siempre atrae moscas o gusanos y, en este caso, se halló el cadáver una semana después y sin restos de esta fauna». Por este motivo y tras consultar a especialistas, el equipo forense señaló que «la data de la muerte, aunque el cuerpo tenía lesiones incompatibles con la vida, pudo ser el 27 o 28 de diciembre», por lo que no se descarta que Mónica Garrido sufriera una lenta agonía antes de perder la vida.

Los médicos detallaron que tenía lesiones importantes como una que le seccionó la tráquea y que fue la que le provocó la asfixia y otra que le perforó una costilla, atravesó el pericardio y acabó cerca del hígado y el estómago «lo que hace entender la fuerza y brutalidad con la que la víctima fue apuñalada» un total de 26 veces a manos del acusado por este delito.