«No mostró desolación ni pena por Saray ni su familia»

14/11/2017

La segunda jornada del juicio contra Alberto Montesdeoca por el asesinato de su vecina Saray González se centró ayer en el testimonio de 19 agentes de la Policía Nacional que participaron en las pesquisas. «Siempre fue el principal sospechoso», aseguraron antes de destacar la «violencia extrema» del ataque.

Las Palmas de Gran Canaria

La encargada de la investigación policial señaló que si bien «en un primer momento se estudia en el entorno de la víctima y de forma paralela a los que estaban más cerca» fue la llamada que Alberto realizó al 091 lo que les hizo sospechar de él. Una llamada «muy extraña» en la que el joven hablaba «muy despacio, pensando mucho sus palabras» y en la que termina desvelando un dato que solo el agresor sabría que era que Saray sangraba «por la cabeza», algo que desde la puerta de la casa no se apreciaba al estar boca bajo y en un gran charco de sangre, como atestiguaron todos los agentes que acudieron al lugar.

Tras esta contradicción Alberto caería en otras, incrementando las sospechas de los agentes sobre su papel en el crimen. «Sin duda alguna era el principal sospechoso», recalcó el segundo del Grupo de Homicidios en aquella época.

Agresión

La tarde del 10 de noviembre, solo 14 días después del asesinato, el joven fue citado para tomarle declaración. El joven llegó acompañado de su hermana y entró el solo al encuentro de dos agentes de Homicidios. Estos le expusieron las contradicciones halladas en su relato y, tras pedir un vaso de agua y caminar por la sala, se sentó y «espontáneamente» confesó el crimen relatando con «total normalidad lo sucedido».

Uno de los agentes relató que el cuerpo de Saray «tenía dos dedos casi amputados» y que el ataque «fue con violencia extrema» presentando la joven «lesiones abiertas en las muñecas de cuando intentó taparse» en un intento por defenderse. Saray «iba gateando en un intento por huir» de Alberto mientras él «estaba encima con las piernas separadas golpeándola» hasta que no volvió a moverse. Los agentes añadieron que el joven les aseguró que tras un primer golpe se alejó de la puerta pero volvió a rematarla por miedo a que le delatase si sobrevivía.

«No mostró desolación ni pena por Saray ni su familia»
El maletín y el arma

En su confesión de los hechos el 10 de noviembre de 2015 Alberto aseguró que había tirado el arma, unas cizallas, y la ropa ensangrentada en dos contenedores. Los agentes llegaron a rastrear en el vertedero sin éxito. Tras saltar la noticia de su confesión uno de sus mejores amigos llamó a los agentes. «Dice que tiene una bolsa que él dejo en su casa». Esa bolsa, que era un maletín de portátil «tenía un candado» y «nadie la había tocado». Al abrirlo los agentes hallaron «ropa y una herramienta metálica».

Una joven estudiosa

En las pesquisas realizadas por los agentes estos comprobaron que la víctima «se limitaba a ir a la universidad, a estudiar» y que tenía una relación «muy estrecha e íntima con sus padres y su hermana» y que se limitaba mucho en sus gastos por que «sentía que sus padres hacían un gran esfuerzo» para que pudiese estar estudiando en Gran Canaria. No frecuentaba las redes sociales ni mantenían ninguna relación sentimental. Saray y su compañera de piso, Cristina, no tenía rencillas con Alberto aunque sí con sus padres, que eran sus caseros.

Al Festival manga.

Alberto acudió con sus amigos al Festival Manga que se celebró en Infecar del 6 al 8 de noviembre, días después de cometer el crimen. Los agentes le siguieron hasta allí y comprobaron como el joven «se divertía» y hacia vida normal con sus amigos y su hermana. «Se sacó varias fotos», apuntaron. Otro de los aspectos que destacaron es que el acusado tenía un amplio grupo de amigos desmintiendo que fuese una persona poco sociable. Estos lo definían como «buena persona, afable y divertido» aunque «algo introvertido». De hecho, tras su confesión mostraron su sorpresa a los agentes.

En el volcado del contenido de su móvil los agentes hallaron «fotos muy extrañas con gente con problemas físicos manteniendo relaciones sexuales» junto a «noticias del caso» del asesinato de Saray y «una foto de Hitler». El agentes afirmó que no saben en qué contexto estaba la foto del nazi.

Tras su confesión, con todo lujo de detalles, el joven preguntó a los agentes «si podría seguir sus estudios en prisión» e incluso llegó a manifestar su intención de comenzar a estudiar derecho para convertirse «en policía» y perseguir los delitos tecnológicos, algo que recuerdan con asombro.