Fomentar el cuidado, un camino hacia la igualdad

15/01/2018

En un mundo donde el cuidado de enfermos y niños corresponde casi exclusivamente a las mujeres no es de extrañar que ellas representen menos del 6% de la población reclusa. «La práctica de cuidar fomenta habilidades como el respeto, la tolerancia, la comprensión», dice la jueza Gloria Poyatos. ¿Casualidad?

Las Palmas de Gran Canaria

El maltratador no nace, se hace», es lo que expone la magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias y presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE), Gloria Poyatos, quien defendió recientemente en un artículo publicado por el digital Huffington Post la idea del «cuidado como aliado de la justicia y como herramienta preventiva antiviolencia».

Las mujeres ocupan el 52% de la carrera judicial española; sin embargo, en el Tribunal Supremo, de 77 integrantes solo 11 son mujeres. El techo de cristal hace a mujeres madres o con familiares impedidos mirar hacia arriba sin posibilidad de alcanzar sus objetivos profesionales.

Entre otras reivindicaciones que abandera la AMJE, dice la jueza, «hemos propuesto que la valoración curricular que se hace incluya el tiempo dedicado a los cuidados familiares no profesionales», explicó Poyatos, que ve el evidente techo de cristal con un 98% de los permisos laborales para cuidar a familiares solicitados por mujeres juezas. «Y mientras, los hombres engordando su currículum a golpe de doctorado, formación interna y otros méritos que les ayudan a ascender. Eso es discriminación indirecta», argumenta la magistrada, que actualmente trabaja en su tesis Juzgar con perspectiva de género.

«¿Alguien ha pensado por qué las mujeres no delinquen?», preguntó irónica, pues solo el 5,6% de la población reclusa de Europa son mujeres «y eso pasa en todo el mundo». En esa línea, Poyatos considera que la práctica de cuidar aporta valores y métodos más sanos y viables para el mantenimiento de la paz en la sociedad. «La práctica de cuidar fomenta en quienes la desenvuelven habilidades como el respeto, la comprensión, la tolerancia, la empatía, la paciencia, el compromiso o la responsabilidad, que son una aportación altamente útil para el desarrollo humano y la gestión pacífica de los conflictos», sostiene.

En el artículo del Huffington Post escribe: «Las investigaciones de la psicóloga Carol Gilligan evidenciaron que las mujeres tienen un desarrollo moral diferente al de los hombres. Ellas son más aptas para el cuidado, pero no por razones biológicas sino por la vía del aprendizaje social. Se trata de una construcción de género, no de un rasgo de género, aparejada al rol de madres y cuidadoras que se les asigna por nacer mujeres».

«Los estereotipos han sabido adaptarse a la perfección a las democracias del siglo XXI y siguen sobreviviendo en una sociedad que dice que somos iguales pero no actúa como si fuéramos iguales», explica Poyatos.

La idea de que el «Cuidado», en mayúscula como lo redacta Poyatos, se reparta entre hombres y mujeres, teniéndose en cuenta en la trayectoria curricular para ambos sexos, es un arma de doble filo contra la desigualdad laboral y social. La magistrada cita una frase de Clara Campoamor para recordar que la igualdad entre sexos será real cuando «los hombres encuentren a las mujeres en todas partes y no solo allí donde salgan a buscarlas».