TRIBUNALES

4 años de prisión por «mobbing» a un mando de la Autonómica

22/02/2018

El Juzgado de lo Penal número 5 de Las Palmas ha condenado al mando de la Policía Autonómica canaria Carmelo Martín Sosa a cuatro años y cuatro meses de prisión por haber acosado laboralmente a dos agentes a los que también causó lesiones psíquicas. Incluso, uno de ellos está incapacitado para ejercer como policía de por vida.

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El fallo emitido por la magistrada Natalia Paula Suárez Acosta, declara probado que el agente Carmelo Martín Sosa dispensó un «trato humillante, ofensivo y discriminatorio» a uno de los dos agentes denunciantes y que estaban a su cargo cuando era subinspector y jefe de la base del cuerpo de la Policía Autonómica en Gran Canaria.

Además, su señoría detalla en la sentencia que el trato denigrante se reiteró en las reuniones que realizaban para impartir instrucciones, en los vestuarios, delante de los compañeros, y le daba instrucciones para que realizara con más frecuencia que el resto de los agentes los servicios peor considerados para todos, «por su falta de dinamismo o actividad o por su soledad», dice el fallo. Carmelo Martín Sosa influyó para denegar al agente cambios de turno y una licencia de estudios, de la que el jefe anterior había informado favorablemente.

Todo empeoró cuando en el año 2013, el primero de los policías denunciantes prestó declaración en un procedimiento penal distinto al ahora juzgado contra el condenado dentro de la llamada operación Ladrillo. A partir de ese momento, «el rigor fue mayor con él, y los servicios menos valorados se le adjudicaban con mayor frecuencia» hasta que en marzo de 2013 fue dado de baja médica, tras sufrir en plena jornada laboral una crisis de ansiedad que derivó en un trastorno adaptativo mixto con ansiedad y depresión, teniendo un estado anímico crónico, habiendo reconocido el INSS una incapacidad permanente total para su profesión habitual.

En cuanto al segundo agente denunciante, la sentencia reza que la actitud de Carmelo Martín Sosa con él fue «con ánimo de vejar» y «discriminatoria», lo que provocó que en septiembre de 2013, tuviese que pedir «una excedencia voluntaria, y como consecuencia de todo ello, de la continua y persistente actitud del acusado (...), presenta trastorno adaptativo con sintomatología mixta ansioso-depresiva, de la que ya ha sido dado de alta».