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Por la izquierda, José Javier Alumbreros, Jhon Steven Rivas, Alfonso López, Jesús del Riego, Andrés Camilo Cardozo y José María Sauras, que este domingo serán ordenados sacerdotes en la Catedral. Álex Piña
«Mis tres hijos bromean con que ahora todos me llamarán padre»
Sacerdote a los 72 años

«Mis tres hijos bromean con que ahora todos me llamarán padre»

José María Sauras, inspector de Policía jubilado, periodista y abuelo, será ordenado sacerdote este domingo a los 72 años junto con otros cinco diáconos en Oviedo

Azahara Villacorta

Gijón

Viernes, 26 de mayo 2023, 10:10

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Los caminos del Señor son inescrutables y lo mismo está llamado a seguir sus pasos un chaval de 25 años que un inspector de Policía jubilado «rumbo a los 73». Así que este domingo, solemnidad de Pentecostés, se celebrará en la Catedral la ordenación sacerdotal de seis diáconos. Seis nuevos pastores para una Diócesis con crisis de vocaciones. Entre ellos, el ovetense Jesús del Riego (25 años) y el madrileño José María Sauras, nacido hace 72 y retirado como inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía.

Jesús del Riego -el benjamín de esta nueva hornada de curas- lo tuvo claro desde bien joven, como contó ayer en su presentación oficial ante la sociedad asturiana. «Con catorce o quince años descubrí mi vocación y después tuvo que pasar un tiempo para aterrizarla», recordaba quien ingresó en el Seminario nada más concluir el Bachillerato. Una juventud que no impide que llegue al sacerdocio con un objetivo perfectamente trazado: «El reto que tenemos es volver a mostrar el rostro de Dios a la gente de nuestro tiempo, porque muchas veces tenemos una imagen suya distorsionada, un poco dura, y no la de un padre que nos acoge a todos». Y eso es lo que piensa hacer a pesar de que -como a todos- a veces le asalte alguna duda: «Si no tuviese cierto temor a equivocarme, sería un temerario, pero confío en Él».

Una sensación que comparte el veterano de la promoción, José María Sauras (viudo, dos nietas), quien lo supo «después de muchas peleas» internas y cuando su mujer estaba en el lecho de muerte.

«El pensamiento me llegó nada más fallecer ella. Se repetía una y otra vez e hizo que incluso me enfadase conmigo mismo. Hasta que se lo comenté al arzobispo y, cuando yo pensaba que me iba a decir que no por la edad, me dijo que sí», relataba este hombre que atesora varias vidas, porque, tras licenciarse en Ciencias de la Información en la Complutense, fue funcionario durante casi cinco décadas, ejerciendo como responsable de prensa de la Jefatura Superior de Policía de Oviedo, además de casarse y tener tres hijos que acogieron la noticia de que quería meterse a cura «con mucho cariño y mucho respeto»: «Desde el principio, me dieron todo el apoyo del mundo. Y, si yo vivo un momento de extraordinaria felicidad, ellos también están felices y orgullosos. Así que, ahora, paciencia y barajar». Aunque tampoco faltan en la familia -admite- «las tomaduras de pelo»: «El otro día bromeaban diciéndome que, a partir de ahora, todo el mundo me va a llamar padre, a lo que yo les contesté que era verdad, pero que solo ellos me podrían llamar papá».

Y de esa misma felicidad poco comparable a nada hablaba Alfonso López (ovetense, 47 años), quien estudió Derecho y trabajó en la empresa familiar de muebles mientras se vinculaba a los Cursillos de Cristiandad. O José Javer Alumbreros (Alcalá de Henares, 33 años, con estudios en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte), que un día se dio cuenta de que «las ideas que tenía de joven, lo de formar una familia», no eran para él.

«Querer ser sacerdote es descubrir que el plan que Dios tiene para ti es lo que te hace feliz», contaba quien celebrará su primera misa en la parroquia gijonesa de San Lorenzo el próximo 31 de mayo. También una parroquia gijonesa (la de San José) será el primer destino de Jhon Steven Rivas, natural de Colombia y llegado a Asturias con solo siete años, donde sintió «la llamada a los diez, tras la Primera Comunión».

Su compatriota Andrés Camilo Cardozo (31) decidió tras un retiro con Lumen Dei, como él, «dejar de lado el ego y los estereotipos», además de su empleo como docente en un instituto público, donde trabajaba tras estudiar Informática y Filosofía. Y es que «Dios a veces se pone intenso y era una cosa que no me podía sacar de la mente y el corazón». «Contento e ilusionado», confiesa -eso sí- «un poco de miedo a defraudar. Sobre todo, a mí mismo. Es el mismo miedo que te entra cuando te casas y piensas si de verdad es ella o no».

En su madre, pendiente de un trasplante hepático a miles de kilómetros y de quien aprendió «la entrega y el servicio», no hay vacilación. «Ella solo me ha dicho: 'Hijo, no vengas. No vayas a dejar de ordenarte por mí'».

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