Tres continentes y un solo destino

“No es fácil estar lejos de casa y no poder hacer nada”. “No es fácil vivir con la incertidumbre de cuándo podré volver a abrazar a mi familia”. Son algunas de las reflexiones en las que coinciden tres compatriotas que se encuentran también confinados el Planeta COVID-19., pero lejos de su tierra. Y todos comparten que en sus países de residencia, Japón, Alemania y Argentina, la situación “no está tan mal” como en España.

SILVIA ÁLAMO / AHORA.PLUS

Desde que el coronavirus se transformó en pandemia, las autoridades aplicaron las medidas de prevención necesarias para evitar una catástrofe mayor. Si bien es cierto, ya tenían de ejemplo lo que se vivió en países como China, Italia o España. Desde tres continentes: Asia, América y Europa sueñan con volver a la normalidad y respirar el aire de una Canarias que espera con el corazón en un puño a aquellos que un día se tuvieron que marchar.

Desde el país en el que pasa largas temporadas por cuestiones laborales, Japón, Miguel cuenta cómo está viviendo esta crisis sanitaral. Trabaja en una empresa multinacional que se dedica a la topografía y al campo de las energías renovables. En agosto del año pasado fue contratado para realizar una planta de paneles solares. Por cuestiones económicas y con el objetivo de tener un curriculum más completo, este grancanario decidió irse al país asiático. Vive en Kurayoshi, en una ciudad localizada en la prefectura de Tottori, con alrededor de 50.000 habitantes. Es una de las regiones menos pobladas del país y con menos casos se coronavirus. No obstante, puede existir un desfase entre los datos y la realidad ya que solamente se hacen tres tests al día, explica. “El sistema sanitario no tiene capacidad para hacer más”.

Cuenta que en Japón la situación no está “tan mal” como en España. El confinamiento es aconsejado, no obligatorio, y el estado de alarma se declaró hace en torno a dos semanas. Según las cifras que se han publicado existen algo más de 8.400 positivos en todo el país que computa una población de 100 millones de habitantes. Están abiertos al público los supermercados, las tiendas y hasta los restaurantes; existe una cierta “normalidad”, a excepción de los gimnasios y los espacios culturales. Se han suspendido muchos eventos y no se pueden visitar las infraestructuras turísticas como los templos. “La vida ha cambiado, pero no al nivel de España. No está la policía en la calle, se aconseja que estés en casa pero no te prohíben salir”, explica. Miguel cree que el ser “precavidos” desde “el principio” ha hecho que el país ahora mismo no esté lamentando muchas pérdidas humanas. Además, recalca el hecho de que haya geles desinfectantes “en todos lados” y que la población ya usara mascarilla de forma habitual antes de la llegada de la COVID-19. Pero es cauto y prefiere esperar a ver como “avanza” la situación.

Mila vive en el centro de Berlín, en la capital de Alemania. Hace casi una década que se marchó de su Gran Canaria natal por cuestiones laborales, y lo hizo el día en el que Carles Puyol marcó el gol a Alemania que llevaría a la Selección Española de Fútbol a la final del mundial para posteriormente proclamarse campeona del mismo, en 2010, recuerda con añoranza. Se fue junto a su marido y su hija mayor, que en ese momento tenía siete años y allí nació la pequeña que ahora mismo tiene ocho. En estos momentos están confinados en casa. Ella ya teletrabajaba hace ya años y dos días antes de que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, decretara el estado de alarma, la empresa de su marido decidió que sus empleados trabajaran desde casa. Ese mismo viernes ellos mismos tomaron la decisión de hablar con los profesores de sus hijas para evitar que fueran al colegio el lunes siguiente, que era el día en el que se iban a organizar para empezar las clases online y de esta forma evitar salir de casa.

Mila no puede evitar mirar hacia España y las consecuencias que esta crisis sanitaria está dejando en el país. En Alemania -hasta este momento- la situación no es tan grave. Por ello, esta semana la canciller alemana Angela Merkel decidió que se empezara a reactivar la economía con la apertura, a partir del lunes, de las tiendas de menos de 800 metros cuadrados. “Tiene que hacer un poco de equilibrio entre el confinamiento y los negocios y aquí los números acompañan”, explica Mila ante la decisión de la canciller. Puedes salir de casa con tu unidad familiar, está todo cerrado al público, excepto los supermercados y las droguerías. Los restaurantes tienen servicio a domicilio y recogida de pedidos. Además, puedes encontrarte con una sola persona que no viva contigo. Se puede pasear y hacer deporte y, las personas que vivan en lugares donde no hay sol y necesitan la vitamina D, pueden sentarse en un parque, detalla. “El domingo fuimos a dar una vuelta con el coche porque llevábamos un mes encerrados y la ciudad está vacía, se ven pocas personas caminando, en bicicleta o en coche”, asegura.

Destaca la capacidad de organización del sistema alemán, a través de una aplicación se puede ver cómo están los hospitales, dónde hay camas vacías, respiradores libres... para que en caso de acudir al hospital puedas hacerlo al que esté más liberado. Además, desde febrero se obligó a toda la población mayor de 70 años a vacunarse contra la gripe y la neumonía y, aunque no sabe si está directamente relacionado, cree que todo esto ha hecho que el país sea uno de los que mejor sobrellevan la crisis en de Europa. En estos momentos, en la ciudad de Berlín -con más de tres millones de habitantes- hay 4.700 infectados y algo más de 50 muertos. “Todo esto depende de muchas cosas, la inversión en Sanidad, el comportamiento de la gente..., son muchos factores”, afirma. Mila también resalta el hecho de que en el país germano no exista la costumbre de hacer vida en familia, como sí ocurre en España e Italia, y que además el frío hace que de por sí ya mucha gente se quede en casa. “Aunque al principio lo vieron lejano, finalmente optaron por tomar medidas”.

Desde Buenos Aires.

En el otro lado del charco está Jose. Junto a su mujer y su hija de tan solo dos años vive el confinamiento desde Buenos Aires, en Argentina. Ambos siguen trabajando desde casa y buscando la forma de entretener a su pequeña. Aunque la pandemia les ha tocado de “soslayo”, según cuenta, las cifras ascienden a alrededor de 2.200 contagios y algo más de 100 muertos, por lo que con respecto a las cifras que están manejando en otros países están “relativamente bien”. Jose cree que hay que “agradecer” al gobierno argentino que tomara medidas desde el primer minuto, aunque recuerda que tenían la lección “aprendida” tras ver lo que sucedía en Italia y España.

El confinamiento allí comenzó hace cuatro semanas pero más que la crisis sanitaria en estos momentos preocupa la económica. En el país hay “bolsas de pobrezas muy grandes” donde esperan que el virus no entre con fuerza. “Si las autoridades lo consiguen, Argentina va a salir mejor parada con respecto a los países europeos”. “Serán más graves las consecuencias económicas que las de salud”, opina Jose, periodista de profesión. A diferencia de los países europeos es que allí no se habla de ayudas económicas para paliar los efectos de esta crisis. “Se está hablando de paquetes de medidas para empresas pero muy pequeños, aquí las medidas de España son de ciencia ficción”, asegura. “Es imposible porque el Estado no tiene recursos”. Más aún después de la fuerte crisis económica de la que venía saliendo el país tras dos años de fuerte inflación, llegando a alcanzar la más elevada en 28 años.

La situación es muy similar a España, solo se puede salir a la calle para hacer compras necesarias e ir al médico. Y desde este martes solo puede hacerse con mascarilla. “Aquí empieza el invierno ahora y puede venir lo fuerte, existe un debate de si se debe seguir con la cuarentena o no”. Al igual que en nuestro país, es prácticamente imposible conseguir material de prevención, la mayoría de personas usan materiales caseros. Jose cuenta que en su familia lo llevan con “resignación”, están siendo muy disciplinados, pero es difícil hacerlo en un piso de 40 metros cuadrados. Él continúa en el sector de la comunicación, pero se la han caído algunos proyectos en los que estaba trabajando. “Yo tengo la suerte de que mi mujer trabaja en un empleo que para los argentinos es muy bueno y la crisis no nos va a afectar tanto”, adelanta, pero cree en que la gran mayoría de los hogares del país sí se va a notar. “El 40 o 50% de los argentinos vive al día y el 40% de la población que trabaja lo hace en negro, hay mucha gente que se ha quedado sin ingresos”, asegura, y aunque el gobierno ha dado unos bonos de ayuda, eso “no da para nada”.

Desde tres continentes, Miguel, Mila y Jose quieren mirar con positividad al futuro y esperan que esto pase lo antes posible para empezar a hacer vida normal y, en cuanto puedan, volver a Gran Canaria. Para Miguel la situación es muy difícil, su situación laboral le permitía volver cada tres o cuatro meses a casa y estar unas semanas, en este caso no sabe cuando podrá hacerlo. “Si nos vamos no podremos volver a Japón. Es triste estar lejos de casa, saber que mi pareja y mi familia están encerradas y no saber cuando les voy a ver”, lamenta.

A Mila se le fueron las vacaciones de Semana Santa en las que se iba a encontrar con toda su familia en Córdoba, de donde es natural su madre, como hace cada año. Ahora mira con añoranza al verano, no sabe si podrá disfrutar de su mes de vacaciones en Gran Canaria. “Yo vivo muy bien aquí, pero se me cae el alma al suelo en pensar que de repente no tenga fecha de ida para ir a ver a mi madre”, cuenta a la vez que bromea con que sueña con volver a tomar el sol en la playa de Las Canteras, en la capital grancanaria . Para ella esta situación es muy complicada, “yo sufro por dos países, en dos idiomas”.

Jose tiene claro que no podrá volver en uno o dos años. “A ver como va a quedar el peso después de esta tormenta, un pasaje se va a convertir casi en un lujo”, asegura. Desde Argentina mira con angustia la situación de su país y especialmente el de las Islas. “Estar lejos te acentúa esa angustia, estás todo el día pendiente de la televisión, de los medios de comunicación, de las noticias...”, afirma. Sus padres son mayores, por encima de los 70 años, y desde la distancia se añurga al pensar en que no puede hacer nada por ellos más que llamarles para ver cómo están y darles ánimos. “Se vive peor que estando en las Islas”.