‘The Simpsons’ cumplen 30 años en antena

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11/03/2019

Barbara Bush dijo unos meses después del estreno de la serie que era lo más estúpido que había visto. Solo necesitó un poco de realidad y una carta, con tono de reprimenda, de Marge Simpson para retractarse y pedir disculpas

La irreverente familia amarilla, símbolo de la Fox, cumple 30 años en antena y la cadena ha confirmado al menos dos temporadas más. The Simpsons tienen más de 600 capítulos, 170 premios, 300 nominaciones y un ejército de seguidores distribuidos por todo el mundo. Y como todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, tampoco se libran de las críticas, malos augurios y los «yo solo veo hasta la octava temporada, cuando aún era buena». «The Simpsons son el resultado de un proceso que tiene más de un padre. Como también tiene padres adoptivos, abuelos, tíos raritos e hijos desagradecidos. Sí, Family guy, me refiero a ti», escribe el periodista John Ortved en el libro Simspons Confidential: la historia sin censura y totalmente no autorizada sobre la mejor serie de TV contada por la gente que la hizo.

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En la historia de The Simpsons destacan tres personas: Matthew Abraham Groening, el dibujante de Portland (Oregón) cuyo cerebro los imaginó; James L. Brooks, un productor de cine y televisión de éxito que despuntaba a finales de los ochenta, y Sam Simon, un veterano guionista y productor, colega de Brooks. A Groening se le ocurrió crear una familia. Y se inspiró en la suya propia: los nombres de los personajes son los de sus padres y hermanas y el pueblo, Springfield, es el nombre de la ciudad colindante con Portland, donde nació y creció. La serie se emitió en pequeñas píldoras durante dos años, de 1987 a 1989. Fue entonces cuando Sam Simon llevó la serie a su formato actual de media hora. Simon, que falleció en 2015, fue la fuerza que le dio el empujón definitivo hacia el éxito y es considerado por muchos de los guionistas como el verdadero arquitecto de la serie, según recoge Ortved en su libro.

The Simpsons se emitieron en prime time, una franja en la que, hasta entonces, reinaban las series edulcoradas como The golden girls y Family matters. Y la irreverencia, la universalidad y el humor negro de la familia amarilla caló rápidamente en la audiencia.

Para Francisco José Gil Ruiz, doctor en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, el éxito de la serie residía en diversos factores. «Es un permanente retrato social que casi siempre funciona a modo de crítica. Trata temas universales como el de la familia, el amor marital, el amor filial, la codicia, la corrupción política... Y se nutre de la cultura popular para contar historias, adaptándose constantemente al imaginario de los espectadores», señala Gil Ruiz a Efe.

La popularidad de la serie no solo crecía, sino que se consolidaba. La sociedad y The Simpsons se retroalimentaban. Se estableció una especie de «diálogo» entre ambos que superó los límites de la televisión. En 1992, en la Convención Nacional Republicana, George Bush se comprometió a reforzar los valores tradicionales y prometió fomentar familias contrarias a The Simpsons. Era la segunda embestida de los Bush a la que ya era la familia favorita de Estados Unidos. Pocos días después, antes de los créditos que dan inicio al capítulo, la familia Simpson veía la televisión, que reproducía el vídeo de las declaraciones de Bush. «¡Hey! Nosotros también rezamos para que se acabe la crisis!», exclamó Bart. Cuatro años después, en 1996, con los Clinton en la Casa Blanca, los productores se vengaron de los Bush en el episodio Dos malos vecinos.

Tanto las apariciones estelares -como la del expresidente- como los residentes de Springfield fueron claves en The Simpsons. «Hay dos puntos fuertes transversales en la serie: el humor y el abanico de personajes secundarios», apunta Gil Ruiz.

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