De izquierda a derecha, David Pérez, Cristina Ramírez y Benjamín Benítez. / COBER

A la sombra de las víctimas con vigilancia policial: 4.492 canarias tienen un agente de referencia

Dos policías y una guardia civil adscritos a Viogen relatan su trabajo protegiendo a las mujeres de sus maltratadores

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

En estos momentos en Canarias 4.492 mujeres, 2.179 en la provincia de Las Palmas y 2.313 en la de Santa Cruz de Tenerife, figuran como casos activos del Sistema de Seguimiento Integral por Violencia de Género (Viogen). Cada una de ellas tiene a un o una agente asignado a su caso. Son quienes las protegen, según los diferentes protocolos para la situación de riesgo concreto, quienes las acompañan al trabajo si hay peligro. Son su sombra si van a comprar y, en muchas ocasiones, la única persona a la que acuden con la confianza de que no están al lado del maltratador.

David Pérez, Policía Nacional, Cristina Ramírez, Guardia Civil, y Benjamín Benítez, Policía Local de San Bartolomé de Tirajana, son tres de estos agentes. Para ellos estas mujeres no son una lista de nombres con un riesgo.

«Cuando se me asigna una víctima la llamo, te interesas por la instrucción de su caso, les das medidas de autoprotección y un plan de seguridad personalizado. Tienes un contacto directo con la víctima», explica David Pérez. Pero lo que parece rutinario se convierte en una relación de confianza. «Los primeros quince días las víctimas están desorientadas, no saben a dónde acudir. Muchas veces haces de apoyo , de psicólogo, hay situaciones complicadas», añade.

« Esto no es un trabajo de ocho a tres. Tenemos el teléfono 24 horas activo. Al principio somos el único apoyo de las mujeres y de sus hijos menores», apunta Benjamín Benítez.

«En la mayoría de los feminicidios un factor presente es que la víctima carece de apoyos sociales. Nosotros trabajamos con la víctima para que no se sienta sola», añade Cristina Ramírez.

Los tres coinciden en que su lista de seguimiento son «sus víctimas». «Las conoces perfectamente. Sabes toda su vida», añaden. «Yo he ido a bautizos» de hijos de las mujeres a las que tenía en seguimiento, explica como prueba de la relación personal que se establece.

La preocupación también forma parte de este trabajo. «Claro que te preocupas de cuando cierra la puerta. Del procedimiento judicial, ese procedimiento es muy duro. A veces me voy con pena, con tristeza», añade.

«Es que no queremos que les pase nada. No les metemos miedo pero sí les dices 'no pases por ahí'. Adelantamos las consecuencias», advierten.

Los tres ponen de relieve los efectos de una situación en la que es la víctima quien pierde su vida, mientras el agresor del que se la protege sigue con sus rutinas.

«Tenemos que llevar también un control y vigilancia sobre los agresores. Nuestro trabajo es controlar y vigilar y que la víctima se sienta protegida», añade la Guardia Civil.

Benjamín Benítez recuerda que en algunos casos citan también al agresor para que éste recuerde que debe cumplir con la orden de alejamiento, si la tiene, y se le hace «seguimiento».

De paisano

Un momento clave, relata el Policía Local, es cuando el maltratador está en prisión y va a salir. «Te avisan unos días antes, y tienes que ir preparando a la víctima para 'cuando salga'», añade. Precisamente para pasar desapercibidos en el entorno de la víctima su trabajo se hace «de paisano»,

Y destacan que, en muchas ocasiones son familiares y vecindad la que no colabora. «Tú preguntas y te dicen que no quieren meterse en follones», lamenta David Pérez. «La sociedad necesita gafas violetas. Este hecho se ha cometido por ser mujer, hay que seguir sensibilizando», añade Cristina Ramírez. En el segundo trimestre de este año, solo 38 de las 40.721 denuncias por violencia de género las presentaron familiares de las víctimas. «Falta educación social» coinciden.

También es común el temor a perder a la víctima. A ninguno de los tres le ha pasado. «Espero que nunca se me de», confiesa David Pérez.

De izquierda a derecha, David Pérez, Cristina Ramírez y Benjamín Benítez. / COBER

Los casos de riesgo extremo activan el protocolo de escolta presencial 24 horas

La imagen que devuelve el Sistema de Seguimiento Integral de los casos de Violencia de Género (Viogen) es solo una foto fija «del momento». Cada día se activan o se desactivan diferentes niveles de riesgo para las víctimas en función de la situación. A principios de mes, por ejemplo, se activaron el mismo fin de semana «dos casos extremos» en Las Palmas de Gran Canaria, eso implica «escolta veinticuatro horas al día». Un trabajo en el que en aquellos municipios que colaboran con el Viogen, se reparten agentes de diferentes cuerpos. Según el último boletín del Viogen, en Canarias hay 1.299 casos de «especial relevancia», es decir, «se detecta una especial combinación de indicadores que aumentan de manera significativa la probabilidad de que el agresor ejerza sobre la víctima violencia muy grave o letal». De ellos, 116 eran de riesgo «extremo», el más grave. Siendo de riesgo bajo 434 y medio 749. Además, en Canarias 483 casos con menores en vulnerabilidad, 189 de ellos calificados de riesgo extremo, 97 alto, 160 medio y 153 bajo.

En unos casos (cuando no se aprecia) basta con un contacto telefónico semanal o cada quince días. En otros se trata de acompañar a la víctima en determinadas salidas. En los caos extremos la escolta es de 24 horas.

Casi la mitad de los municipios isleños han firmado protocolos de colaboración que comprenden la incorporación al Viogen, 23 de la provincia tinerfeña y 17 de Las Palmas. Entre ellos Santa Cruz de Tenerife, Tegueste, San Miguel de Abona, Güímar, Granadilla de Abona, El Rosario, Santiago del Teide, Puerto de La Cruz, Adeje, Candelaria, La Orotava, Fasnia, Vilaflor de Chasna, Los Realejos, Arafo, La Guancha, El Sauzal, San Juan de la Rambla y Santa Úrsula, La Aldea de San Nicolás, Ingenio, Santa Brígida, San Bartolomé de Tirajana, Mogán, Guía, Agaete, Arucas y Teror. Además acceden, aunque a distintos niveles los institutos de medicina legal y forense y los servicios sociales.