La obesidad durante el embarazo

13/11/2017

La obesidad durante el embarazo, independientemente de sus consecuencias para la salud, como la diabetes, puede explicar el mayor riesgo de dar a luz a un bebé anormalmente grande, según investigadores de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, cuyo trabajo se publica en ‘JAMA Pediatrics’.

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"Nuestros resultados subrayan la importancia de lograr un peso corporal saludable antes del embarazo", afirma el autor principal del estudio, Cuilin Zhang, investigador en la División de Investigación de Salud de la Población Intramural en el Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano. "También sugieren que los médicos deben controlar cuidadosamente los embarazos de todas las mujeres obesas, independientemente de si tienen o no enfermedades de salud relacionadas con la obesidad", añade.

La macrosomía (tamaño corporal grande al nacer) es común entre los niños nacidos de mujeres obesas, particularmente aquellos que tienen diabetes gestacional (niveles altos de azúcar en la sangre durante el embarazo). La macrosomía aumenta el riesgo de que un bebé experimente una fractura ósea durante el parto, eleva la probabilidad de que el bebé deba nacer por cesárea e incrementa el riesgo de una madre de hemorragia posparto o hemorragia excesiva al nacer.

En el estudio actual, los investigadores analizaron las ecografías realizadas durante el embarazo de más de 2.800 mujeres gestantes: 443 mujeres obesas sin afecciones asociadas, como diabetes, y más de 2.300 mujeres no obesas. Los investigadores clasificaron el peso de las mujeres de acuerdo con su puntuación de índice de masa corporal (IMC), de forma que las mujeres con un IMC de 30 a 44,9 se clasificaron como obesas; mientras que aquellas con un IMC de 29,9 se consideraron no obesas.

Bebés de madres obesas: 100 gramos más pesados y con huesos más largos

A partir de la semana 21 del embarazo, las ecografías revelaron que, para los fetos de mujeres obesas, el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso del brazo) eran más largos que los de los fetos de mujeres no obesas. Las diferencias entre los fetos de mujeres obesas y no obesas continuaron hasta la semana 38 del embarazo: para los fetos en el grupo obeso, la longitud promedio del fémur fue 0,8 milímetros más larga en comparación con el grupo no obeso, y la longitud del húmero fue aproximadamente 1,1 milímetros más larga en comparación con el grupo no obeso. El peso promedio al nacer fue de aproximadamente 100 gramos más pesado en el grupo obeso. Además, los bebés nacidos de mujeres obesas registraban más probabilidades de ser clasificados como grandes para la edad gestacional (peso al nacer por encima del percentil 90), en comparación con los bebés nacidos de mujeres no obesas.

El estudio no pudo determinar exactamente por qué los fetos de las mujeres obesas eran más grandes y pesados que los fetos en el grupo no obeso. Los investigadores tienen la teoría de que debido a que las mujeres obesas son más propensas a tener resistencia a la insulina (dificultad para usar la insulina para reducir el azúcar en la sangre), los niveles más altos de azúcar en la sangre podrían haber promovido el sobrecrecimiento de sus fetos.

Los autores señalaron que estudios anteriores indicaron que el mayor riesgo de sobrecrecimiento observado en los recién nacidos de mujeres obesas puede predisponer a estos niños a la obesidad y la enfermedad cardiovascular más adelante en la vida. Los investigadores plantean la necesidad de realizar estudios adicionales para seguir a los niños nacidos de mujeres obesas con el objetivo de determinar a qué problemas de salud podrían enfrentarse.