Sanidad

Francisca va para 6 meses en una cama en urgencias del Insular

28/05/2018

Afectada de una patología mental dispone desde enero del alta médica y de su valoración de dependencia y discapacidad. Desde entonces, espera conocer qué recurso es adecuado para ella

Francisca R.S. es el ejemplo de la lentitud de la burocracia y la escasez de recursos en Canarias. El próximo 8 de junio hará seis meses ‘viviendo’ en el servicio de Urgencias del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, donde sin duda alguna está bien atendida por el equipo de profesionales, pero no es el lugar idóneo para que permanezca una persona afectada de un problema de salud mental, una usuaria que en este caso cuenta desde hace meses con el alta hospitalaria pero esperando una plaza o recursos acorde a sus necesidades.

La ´residente’ en Urgencias, de 48 años, dispone desde enero de su valoración de la discapacidad y dependencia, según adelantó en abril José Manuel Baltar, consejero de Sanidad, pero aún está a la espera de que se resuelva «qué recurso es el más adecuado para ella», añadieron ayer fuentes de la Consejería de Políticas del Gobierno canario. Y, mientras, el Hospital Insular la mantiene en una camilla de 60 de grosos por 1,80 centímetros de largo en su servicio de Urgencias en vez de subirla a planta con el argumento de que «no tiene criterio para ingreso, es más, tiene el alta médica por lo que no debería estar en el centro hospitalario».

En todo este tiempo Francisca ha recorrido en su camilla el área de pacientes psiquiátricos –a dónde ha vuelto recientemente– los pasillos y también el nuevo espacio estrenado en abril del servicio de Insular, pero no conoce la comodidad de disponer de una cama con un buen colchón en una habitación en planta de hospitalización donde poder levantarse a caminar, ver luz natural o poder . ¿Por qué una persona dependiente tiene que pasar seis meses en urgencias de un hospital sin que se le conceda un solución acorde a sus circunstancias sociales y familiares?

Su padre R.R.S, viudo y de 72 años, está cada vez «más cansado, agotado» de esta situación, de «escuchar a mi hija decirme que la saque de allí, gritar ...de estar todos los días en la carretera. Ya me gustaría tenerla en casa pero no puedo hacerme cargo de ella ni controlarla, ya no tengo fuerzas y estoy enfermo». Su progenitor se desplaza casi a diario desde el sur de la isla para estar con Francisca «apenas dos horas, hablar algo con ella y darle de comer».