Estudian el uso de realidad virtual para combatir la fobia a los bichos

17/02/2020

Investigadores de la ULL trabajan en nuevos mecanismos psicológicos para liberar a las personas que padecen del miedo a lagartos, arañas o cucarachas. Analizan los cambios funcionales del cerebro

Más del 10% de la población tiene miedo a pequeños animales como ratones, lagartos, cucarachas o arañas. En algunos casos ese miedo es verdadero pánico y llega a incapacitar en muchos ámbitos de su vida cotidiana a quien lo padece, pero la mayoría de las veces las fobias específicas se pueden superar con tratamientos psicológicos de tipo congitivo conductual basados en la exposición al bicho al que se teme.

Se trata de un tratamiento «clásico» consistente en «la exposición gradual a las fobias», explica el catedrático de Psicología Clínica de la Universidad de La Laguna (ULL) Wenceslao Peñate, que dirige al grupo de investigación que está dando una vuelta de tuerca a estas técnicas, introduciendo la realidad virtual para «subvertir el valor de miedo y amenaza a un valor adaptativo».

Llevan años investigando y trabajando el abordaje de las fobias específicas a pequeños animales de manera indirecta, es decir, sin que la persona se tenga que enfrentar al animal al que tiene miedo, sino que lo hace mediante imágenes en 3D en movimiento reales y de realidad virtual, y los resultados, asegura, han sido «muy positivos». «El miedo sigue existiendo cuando se enfrentan a las imágenes del pequeño animal al que temen, pero a un nivel menor, porque es algo que no es real, lo que facilita su control», dice Peñate.

Ahora quieren ver cómo es el proceso a nivel cerebral. Para ello están reclutando voluntarios, en torno a 60, con miedo a las arañas, lagartos o cucarachas para que participen en el estudio, consistente en registrar su actividad cerebral antes y después de recibir el tratamiento.

Así, a los voluntarios elegidos mediante un test previo en el que se comprobará que efectivamente padecen una fobia específica a pequeños animales se les registrará la actividad cerebral a partir de resonancia magnética funcional durante la que se les expondrán imágenes tanto reales como de realidad virtual del bicho al que temen; luego recibirán ocho sesiones de terapia; y finalmente se les hará otra resonancia y compararán.

Se trata, explica Peñate, de ver «cómo cambia el cerebro a nivel funcional» antes y después de que el paciente pase por terapia y aprenda estrategias –mediante técnicas de psicoeducación para enviar instrucciones a su cerebro para disipar el pánico y técnicas de relajación de la ínsula (región del cerebro implicada en múltiples funciones, entre ellas las emociones básicas)– para procesar el estímulo fóbico por rutas cerebrales distintas a las que siguen las fobias y llegar a «grabar encima del miedo al animalillo la manera de convivir con él».

Dos caminos

Las fobias siguen dos caminos, una doble vía cerebral de procesado y respuesta, una rápida y directa gestionada por la amígdala como respuesta de defensa, que representa el pánico y que se cierra a abordaje terapéutico, explica Wenceslao Peñate; y otra larga en la que se involucra la corteza cerebral –el estímulo va del occipital a la precuña, de ahí al singulado y de este al frontal y la amígdala–, un camino más largo de procesamiento del estímulo fóbico que «permite abrir una vía psicológica más eficaz». La utilización de realidad virtual para tratar las fobias específicas a pequeños animales permite al grupo de investigación que dirige Peñate, integrado por seis psicólogos y un psiquiatra, «buscar nuevas rutas de procesamiento del estímulo fóbico». Esto, dice, es «un hallazgo muy interesante» porque al conocer esas rutas del miedo «es como si grabáramos encima la manera de controlarlo», asegura.