Cerco en torno a las pseudoterapias

28/10/2018

Las terapias alternativas o complementarias a la medicina convencional concitan cada vez más voces en su contra, sobre todo aquellas que llevan a los pacientes a abandonar sus tratamientos. Su desarrollo al margen del método científico hace que colegios de médicos, farmacéuticos, psicólogos, enfermería y fisioterapeutas exijan un mayor control sobre ellas

Biodescodificación, iridiología, kinesiología holística, medicina ortomolecular, reike, MMS, terapia biomagnética, apiterapia, constelaciones familiares y así hay hasta 139 técnicas realizadas en el ámbito de las llamadas terapias naturales, incluidas la homeopatía o la acupuntura, que en 2011 identificó el Ministerio de Sanidad en un documento que presentó como «un primer paso para avanzar en una posible regulación». Siete años después, el Gobierno no ha dado ningún paso, salvo el anuncio la semana pasada del Ministerio de Sanidad de que está trabajando en un plan de choque contra la pseudoterapias (ya no habla Sanidad de terapias naturales). Ese mismo día, la ministra, María Luisa Carcedo, hizo público el trasladado a la Fiscalía del uso y promoción del MMS, el clorito de sodio (lejía) para cuarar, por ejemplo, el autismo.

Canarias y Levante son las dos zonas de España donde más proliferan las pseudociencias

El falso fármaco, promovido, entre otros, por Josep Pàimes, está ilegalizado desde 2010 por una alerta que realizó la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps). Pàimes (que ya ha sido sancionado tres veces) tenía previstas varias charlas en Canarias que se han suspendido en los lugares y fechas previstos, pero que el agricultor catalán aseguraba hace unos días que va a celebrar.

Como él, que viene de visita, llegan decenas de charlatanes con sus remedios, pero, además, en las islas hay instalados infinidad de centros y especialistas en pseudoterapias que, según la Organización Médico Colegial (OMC), pueden ser «un campo legítimo de estudio», pero «sin resultados concluyentes todavía» y que, sin embargo, «se presenta como ya validados ante la sociedad».

Canarias y Levante son las dos zonas de España donde «más han proliferado» las pseudoterapias, asegura el presidente del Colegio de Médicos de Las Palmas, Pedro Cabrera, que, pese a reconocer que «es difícil explicar por qué», lo achaca a que «ambos sistemas de salud están a la cola de España en la calidad de la medicina que prestan».

Anastasio González es psicólogo colegiado, experto en procesos de pérdida y duelo y vinculado durante años al acompañamiento de enfermos de cáncer. En su trabajo se tropieza casi a diario con pacientes que se han acercado o han abrazado de lleno alguna terapia alternativa o complementaria -su nombre ha evolucionado- a la medicina convencional. Pero, además, él mismo ha padecido un cáncer y desde su experiencia personal cree saber por qué un enfermo busca soluciones más allá de los tratamientos oficiales: «Falla la comunicación médico-paciente». «Si el médico no es capaz de darte las respuestas que necesitas te agarras a quien te escucha. En un momento de desesperación total pocos son los médicos que te dicen que cáncer no es sinónimo de muerte, ni que el 90% de los cánceres en estadío 1 se curan. Esa información no llega a la gente», sostiene González, consciente, no obstante, de que hay múltiples factores que llevan a un enfermo hasta las pseudoterapias.

Afectados y médicos reclaman a la administración que actúe porque «tiene medios»

Las personas con enfermedades crónicas, sobre todo cáncer y fibromialgia, son las que buscan «soluciones» más allá de la medicina convencional, dice Cabrera, pero también están «los conspiranoicos», los que ven la medicina manipulada por las empresas farmacéuticas.

El Observatorio de la OMC contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias define una pseudoterapia como «una propuesta de cura de enfermedades, alivio de síntomas o mejora de salud basada en criterios sin el respaldo de la evidencia disponible». Y avisa del riesgo que conlleva que «se induzca al cliente a creer que la terapia funciona por sí misma y la convierta en su primera o única elección ante un problema de salud».

Y este, asegura Elena Campos, presidenta de la Asociación para Proteger a los Enfermos de la Terapias Pseudocientíficas (Apetp), es «el verdadero problema» de las pseudoterapias: que interfieren, retrasan o, en el peor de los casos, llevan a los enfermos a «abandonar los tratamientos». «Practicar yoga o tomar cúrcuma no es malo para la salud, pero ni una cosa ni la otra curan», tampoco ninguna de las otras terapias que proliferan ajenas al método científico, avisa esta doctora en Biociencias Moleculares (Biomedicina) investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

Muchos médicos, enfermeras, fisioterapeutas o psicólogos utilizan algunas técnicas como complemento, pero «eso es una cosa», dice Pedro Cabrera, aún sin aprobarlo, y otra «que el paciente abandone su tratamiento convencional».

El abandono del tratamiento oncológico incrementa un 470% el riesgo de muerte y combinado con, por ejemplo, homeopatía, aumenta el riesgo de abandono de la quimioterapia un 50% y un 70% la radioterapia, explica Elena Campos, que pone el acento en la necesidad de que los colegios profesionales dejen de dar amparo a quienes practican o aprueban las pseudoterapias y, sobre todo, en que las administraciones actúen porque «no están haciendo lo suficiente» aún teniendo en sus manos, dice, los mecanismos legales para hacerlo, asegura.

Cerco en torno a las pseudoterapias

Casi 130.000 canarios acuden a terapias alternativas

El informe que en 2011 publicó el Ministerio de Sanidad sobre las entonces llamadas terapias naturales ya evidenciaba que se trataba de un problema muy amplio sobre el que había insuficiente legislación y, además, evidenciaba que las terapias analizadas no tenían capacidad curativa más allá del efecto placebo.

Ninguna de las universidades públicas canarias ha tenido pseudociencias en sus planes de estudio

Así y todo, la última Encuesta de Salud de Canarias, de 2015, arrojaba que 129.652 personas acuden terapias alternativas en las islas, 41.000 de ellas a la homeopatía, 33.176 a la acupuntura, 30.507 a la osteopatía y 25.000 a otras terapias, unas cifras que, según Luis Capote, miembro del Aula de Divulgación Científica de la ULL, dan medida de «la necesidad que hay seguir divulgado; de que la gente sepa que la única medicina que cura y previene es la medicina convencional y que lo demás es parafernalia». Y llama la atención sobre que «no son precisamente personas iletradas las que se abrazan a estas terapias».

Los homeópatas, mayoritariamente médicos, defienden la validez terapéutica de las diluciones, lo mismo que la Asociación Canaria de Amigos y Usuarios de la Homeopatía, que sostiene que «cura, es efectiva, segura, apenas tiene efectos secundarios y ofrece posibilidades terapéuticas que no se pueden rechazar», dice su presidenta, Angélica Pérez.

Capote pone en evidencia, además, el blindaje que durante años dieron los colegios profesionales a la homeopatía, de la que ahora casi todos convienen en que no responde a la evidencia científica. El Colegio de Médicos de Tenerife es de los pocos que mantiene una sección de homeopatía. Su presidente, Rodrigo Martn, ha evitado manifestarse sobre este asunto a la espera de un nuevo pronunciamiento de la OMC que, por otra parte, ya hizo el 10 de octubre ante la «creciente proliferación de casos de pacientes en situaciones críticas» y en la que, por primera, vez invitaba a superar el corporativismo y denunciar estas prácticas que son, decía, «un fraude sanitario».

«El intento durante años de legitimación de las pseudociencias», recuerda Pedro Cabrera, presidente de los médicos de Las Palmas, no solo llegó a los colegios oficiales, sino a universidades e instituciones pública, que apoyaron eventos y congresos durante años. Ahora, «las sensibilidades han cambiado aunque queda mucho por hacer», dice.

De opinión similar es el presidente del Colegio de Fisioterapeutas de Canarias, Santiago Sánchez, que, además, pone el acento en que «la actividad terapéutica tiene que estar en manos de profesionales de la sanidad» y admite que en los fisioterapeutas «beben de las osteopatía y la quiropraxia [consideradas pseudoterapias], pero no de la que practican los curanderos», precisa.

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