¿A qué hora nos dan los infartos?

18/02/2020

El amanecer y la caída del día son los momentos en que más ataques cardiacos se registran.

El infarto tiene sus horas. La experiencia acumulada en servicios hospitalarios del mundo entero ha demostrado que el número de urgencias se multiplican entre las siete y las ocho, tanto por la mañana como por la tarde. Los corazones tienen querencia por el crepúsculo solar. La primera luz de la mañana y la última del día marcan la hora del fallo cardiaco y no por casualidad. El cuerpo humano, según explica el cardiólogo José Luis Palma, vicepresidente de la Sociedad Española del Corazón, vive «como cualquier animal» bajo el influjo del universo. Los ritmos circadianos marcan el compás de la vida, la enfermedad y la muerte.

«Vivimos inmersos en un cosmos y estamos sometidos a sus influencias. La vida de las personas, como cualquier otro animal o planta, incluso algunos microbios, está marcada por el ciclo de la luz y la oscuridad, que se prolonga durante 24 horas. La ciencia –explica el especialista– ha demostrado que su influjo llega incluso hasta nuestro sistema cardiovascular».

Una auténtica tormenta

Las luces del amanecer y su apagado al atardecer se sabe que provocan cambios físicos, mentales y de conducta. La hora crítica para el sistema cardiaco es la del alba, el momento del despertar. El organismo, en fase de reposo y recuperación durante la noche, se reactiva automáticamente con la luz del día o en el momento en que el cerebro decide que ya ha habido suficiente tiempo de sueño. Ese momento provoca un aumento en la sangre de catecolaminas, que son una sustancia –en realidad unas hormonas– elaborada por las células nerviosas; muy importantes en la gestión del estrés, pero que pueden ser un desencadenante de accidente cardiaco.

Al organismo le vienen muy bien porque favorecen la coagulación, pero también pueden desencadenar presión arterial alta, fuertes latidos cardiacos, ansiedad, sudoración y dolor en el pecho. El cuerpo simplemente se prepara para la actividad diurna. El sistema cardiovascular, sin embargo, se pone a prueba. Con una elevada frecuencia cardiaca y una crisis de hipertensión, el riesgo de infarto resulta más que evidente; especialmente cuando uno –lo sepa o no–, tiene más posibilidades de sufrirlo porque a sus antecedentes familiares suma sobrepeso, tabaco y, para colmo, su colesterol anda disparado.

«En un sujeto con cardiopatía coronaria previa, con una pobre función ventricular, es decir que un corazón se contrae mal, este tipo de alteraciones fisiológicas, que son naturales pueden costarle un disgusto», alerta el cardiólogo madrileño. El riesgo de muerte súbita y de infarto va decayendo con el paso de las horas, pero se mantiene hasta el mediodía.

Mejor una siesta

Para evitarse un susto, lo mejor es comenzar la jornada dedicando su tiempo a la que es la primera acción del día: desperezarse. «Suena el despertador y pegamos un bote porque llegamos tarde al trabajo y eso es muy malo. Hay que programar la alarma media hora antes de incorporarnos para levantarse relajado, darse una buena ducha y desayunar tranquilo. ¿Un consejo más? «Hay que ir al trabajo con tranquilidad, y mejor en transporte público, que el coche –sobre todo a esas horas de la mañana– es un punto de estrés tremendo».

Dedicar media hora por la mañana para desperezarse y echar luego la siesta protegen contra el fallo cardiaco

Otra buena idea para prevenir este tipo de infartos ‘ligados a las fuerzas de la naturaleza’ consiste en echarse una pequeña siesta. Veinte minutos de sueño ligero son más que suficientes para resetear el cerebro y poner a punto la presión arterial y el ritmo cardiaco. Pura prevención. Entre las siete y las ocho de la tarde, cuando el cuerpo se prepara para adoptar su modo noche, el riesgo de infarto volverá a dispararse. Otra vez las catecolaminas y todo lo demás. «He trabajado toda mi vida en una unidad coronaria en Madrid y había una época del año en que se producía una eclosión de un tipo de infartos muy concreto. Son los ritmos circadianos» concluye José Luis Palma. «No se sabe muy bien por qué ocurren, pero este tipo de fenómenos se dan y sus consecuencias las podemos prevenir».

No lo dude, llame al 112

«El tiempo no es oro, sino corazón», afirma el vicepresidente de la Sociedad Española del Corazón, José Luis Palma. Según los datos que maneja la organización, más del 50% de los afectados mueren en las primeras 48 horas tras el infarto, una cifra a la que se suma el 2%o 4% que fallece en las unidades coronarias de los hospitales. Unos con otros, las víctimas de los fallos cardiacos se elevan en España a unos 70.000 al año.

La diferencia entre sobrevivir o morir estriba en una situación así de algo tan sencillo como saber qué hacer. Ante un fuerte dolor intenso en el pecho«y la sensación de muerte inmediata, no hay tiempo para la duda». Hay que telefonear al 112 y tomarse una aspirina lo más rápido posible. En las mujeres, a menudo ese dolor se manifiesta como una fuerte molestia estomacal. Otras veces, el infarto no se anuncia. No hay síntomas. Sólo suerte, si la hay.