Un sanitario pone una dosis de la vacuna contra la covid-19 en un centro de salud de Valladolid. / Efe

Vacunados, pero con mascarilla

Expertos avisan de que los inmunizados deben mantener las medidas porque pese a estar protegidos, pueden seguir transmitiendo la covid

MELCHOR SÁIZ-PARDO y ÁLVARO SOTO Madrid

La vacunación es el modo más efectivo para combatir la covid-19, pero recibir los pinchazos no significa que todos los riesgos estén superado, ni para uno mismo ni para quienes lo rodean. Los estudios científicos, que están avanzando a la misma velocidad que se inoculan las dosis, todavía no han llegado a la conclusión de que las personas vacunadas no transmitan la enfermedad. Es decir, los vacunados están casi totalmente protegidos porque la eficacia de las fórmulas oscila entre el 76% de la de AstraZeneca y el 90%, aproximadamente, de las de Pfizer y Moderna, pero existe el peligro de que puedan contraer el virus y aunque en ellos no haga efecto, sí lo puedan contagiar a otras personas.

Por eso, los investigadores insisten en la necesidad de que los inmunizados mantengan las medidas de seguridad (uso de mascarilla, distancia social, lavado de manos) por lo menos hasta que se alcance la inmunidad de grupo, algo que se conseguirá cuando el 70% de la población esté vacunada.

¿Por qué las vacunas no aseguran el fin de la transmisión? Para encontrar la respuesta, primero hay que indagar en los diferentes anticuerpos que produce el cuerpo y en este caso, interesan dos principalmente: los IgA, que están asociados a las mucosas, por ejemplo, a mucosas nasales; y los IgG, que son los más abundantes y los que mejor protegen contra virus y bacterias, explican en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)

«Las vacunas que están actualmente aprobadas y se están administrando a la población generan una respuesta de anticuerpos de tipo IgG y básicamente evitan el desarrollo de formas graves de la enfermedad. Sin embargo, no impiden que, si nos exponemos nuevamente al virus, podamos infectarnos, ya que no evitan la replicación del virus en el tracto respiratorio superior. Para ello serían necesarias vacunas inhaladas que generen inmunidad en las mucosas como la que está desarrollando el doctor Luis Enjuanes en Madrid», cuenta Carmen de Mendoza, profesora del Área de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) e investigadora del Grupo de Investigación Medonline de esta universidad.

El doctor José A. Navarro, miembro de la Asociación Española de Vacunología (AEV), ahonda en esta explicación. «Por lo que conocemos hasta ahora, las vacunas frente al SARS-CoV-2 inducen la producción de anticuerpos IgG que reaccionan con rapidez a cuerpos extraños y se encuentran confinados en partes de nuestro organismo que no tienen contacto con el mundo exterior, como en músculos o en la sangre. Pero para evitar la transmisión de la covid-19, otros tipos de anticuerpos podrían jugar un papel más relevante. El sistema inmune que patrulla por las superficies mucosas que podrían tener contacto directo o indirecto con el exterior -nariz, garganta, pulmones y aparato digestivo- recae en las inmunoglobulinas IgA, y desconocemos por el momento hasta qué punto las vacunas ya comercializadas desencadenan respuestas de anticuerpos IgA».

Aparato respiratorio

Quienes han pasado la covid-19 sí producen una gran cantidad de anticuerpos IgA especializados que se ubican en las mismas superficies del aparato respiratorio involucradas en la transmisión del virus, por lo que podría esperarse «que los que se recuperan de la enfermedad ya nunca más diseminarán el virus». Pero no existe la misma evidencia con los vacunados. «Aún no sabemos si los que tienen anticuerpos posvacunales IgG pueden parar, de una manera similar, la replicación del virus en el aparato respiratorio, e incluso si así lo hicieran, sería extremadamente difícil predecir si eso implicaría que una persona no pueda transmitir la enfermedad», señala Navarro.

«Probablemente las personas que se vacunan tengan una replicación menor del virus y van a contagiar menos, pero eso no lo podemos saber aún. Insistimos en que se mantengan las medidas de seguridad porque hay una falta de información que nos obliga a ser prudentes», confirma Yvelise Barrios, vocal de la Sociedad Española de Inmunología. «Un vacunado genera una respuesta inmune sistémica, pero el SARS-CoV-2 entra por las vías respiratorias superiores, y la inmunidad de las mucosas en estas zonas funciona de una manera diferente, pero aún no está probado que sea suficientemente potente con la vacunación como para impedir que nos contagiemos y que además podamos transmitir. Tenemos esta pequeña duda conceptual que iremos resolviendo en los próximos meses», asevera Barrios.

EE UU permite a los inmunizados reunirse entre ellos sin protección

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han dado un paso en el camino del retorno a la normalidad. El 8 de marzo, actualizaron sus recomendaciones y aseguraron que las personas que se han vacunado contra la covid-19 pueden reunirse dos semanas después del segundo pinchazo sin mascarilla en domicilios con otras personas que también han recibido la pauta completa de la inmunización. Además, los vacunados no deben guardar cuarentena cuando han estado en contacto con un caso y pueden reunirse y abrazar de nuevo a sus nietos porque ellos están protegidos y en el caso de que el niño se contagiara, sus síntomas serían leves. Eso sí, los vacunados deben seguir usando mascarilla en zonas públicas y en grandes concentraciones y tienen que evitar los viajes. En Estados Unidos, 80 millones de personas (el 26% de la población) han recibido por lo menos una dosis de la vacuna y se inyectan 2,4 millones de vacunas cada día.

«Las medidas de los CDC son oportunas y estamos de acuerdo con ellas», asegura el vicepresidente de Asociación Española de Vacunología, Fernando Moraga-Llop, que aun así, recuerda que los primeros indicios de relajación solo pueden darse cuando se produzcan reuniones entre vacunados. «Una vez los inmunizados abandonen estos encuentros con personas que también lo están, el uso de mascarilla y la distancia tienen que ser otra vez obligatorios», subraya.

«Los CDC solo hablan de personas vacunadas y en Estados Unidos se pueden permitir ese tipo de relajaciones, mientras que nosotros no podemos», avisa Ivelyse Barrios. «Hay que insistir: quien está vacunado no está totalmente protegido. El efecto de la vacunación es un efecto de grupo, necesitamos tener muchas personas vacunadas para cuidar de los vulnerables. Existe el peligro de relajar las normas de manera precoz y que eso repercuta de forma peligrosa en ese tipo de población. Hay que mantener el mensaje hasta que pasen varios meses y varios millones de vacunados más. La clave es que nos vacunemos muy rápido».