Centro de Atención Primaria en Barcelona. / EFE

Seis de cada diez españoles consideran que el sistema sanitario funciona bien

La mayoría de los ciudadanos prefiere la sanidad pública que la privada, pero el 25% tardó once días o más en ser atendido por su médico de cabecera, según el CIS

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

La covid-19 ha tensado las costuras del sistema nacional de salud hasta casi romperlas, pero la sanidad española sigue conservando una frágil salud de hierro a ojos de la ciudadanía, que la califica con una buena nota. El 62,5% de los españoles considera que el sistema sanitario funciona bien o bastante bien, aunque necesite unos retoques, y apenas el 11,3% cree que funciona mal y necesita cambios profundos, según el primer Barómetro Sanitario del año, publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Cuando se les pide una puntuación concreta, los encuestados muestran un grado de satisfacción alto con el funcionamiento del sistema sanitario público, al que valoran con una media de 6,46. Solo el 15% de la población lo suspende (por debajo de cinco), mientras que el 41,2% le da una nota de siete o de ocho. El 12,5% lo aprueba con un cinco; el 17,3%, con un seis; y el 13% le da incluso un sobresaliente (nueve o diez puntos sobre diez).

En España, el prestigio de la salud pública está todavía por encima del de la privada, según el informe del CIS. Si pudiera, la mayoría de la población elegiría ser atendido por la sanidad pública antes que por la de pago, especialmente si se trata de un ingreso (el 76,3% querría ser hospitalizado en un centro público frente al 20,2% que se decanta por uno privado) o en urgencias (73,3% frente al 23,9%). También la mayoría optaría por una consulta de cabecera o de pediatría pública frente a la privada (68,3%-28,9%), aunque la diferencia se reduce a la hora de visitar a un especialista (54,9%-40,5%).

Sin embargo, el barómetro muestra algunos cambios a peor que se han detectado durante la pandemia y que pueden comprometer el futuro de la sanidad. La presencialidad, por ejemplo, una característica del sistema valorada por profesionales y enfermos, comienza a perderse. El 40% de las personas que han tenido alguna consulta con médicos de cabecera o de familia en los últimos doce meses han sido atendidas por teléfono, frente al 57,6% que lo han hecho en la consulta. Pero el dato más preocupante tiene que ver con la falta de acceso al sistema. El 15,9% de la población necesitó consultar a su médico de familia y no pudo hacerlo, principalmente porque le resultó imposible contactar con el centro de salud (37,4%) o porque le dieron cita para muchos días después y ya no la necesitó (37,6%): una de cada cuatro personas (el 25,1%) que ha tenido que ir al médico de cabecera en el último año ha sido atendida once o más días después de haber solicitado la consulta. A tan solo el 10,7% se le recibió el día que solicitaron la cita y al 13%, al día siguiente.

Y sin embargo, pese a las esperas, la opinión de los pacientes sobre la sanidad continúa siendo positiva. El 80,4% subraya que la atención recibida en las consultas de su médico de familia ha sido buena (50%) o muy buena (30,4%), aunque el grado de satisfacción baja considerablemente cuando las consultas son telefónicas: solo el 40,7% quedó satisfecho con este tipo de atención.

Por este motivo, el 65,5% de los consultados afirma que «algunas de las consultas las puedo hacer por teléfono y otras deberían ser presenciales» y el 31,7% se muestra más tajante y señala que «todas las consultas deberían ser presenciales».