«Ha sido como el cuento... y el lobo vino»

El doctor René de Lamar alerta sobre los riesgos del aislamiento en personas mayores y también sobre la importancia de mantener ciertas rutinas saludables durante el confinamiento.

F.S.A. / las Palmas de Gran Canaria

¿Se le había pasado alguna vez por la cabeza verse ante una pandemia de este alcance?

— Jamás imaginé que me tocaría vivir una situación sanitaria de esta magnitud y con un impacto tan grande en la población mayor de edad. Es algo que nos llama a una reflexión porque nos pone en una situación extrema, y nos obliga a ofrecer un mecanismo de respuesta que proteja a la población. Sobre los mayores, que son el grupo más frágil, el impacto ha sido demoledor y los que nos dedicamos a ellos estamos especialmente sensibilizados y entregados al máximo para todo lo que podamos ayudar. Pero también quiero subrayar que la respuesta que se ha dado, sobre todo inicialmente, no ha sido rápida ni eficaz. No ha habido una detección precoz, ni mucho menos. Igualmente es importante dejar claro que no se puede discriminar a las personas por ser mayores de edad; no se puede estigmatizar la vejez. Es intolerable que en pleno siglo XXI nuestra sociedad acepte que se margine en un tratamiento a una persona en función de la edad que tenga.

¿Por qué ese impacto en el mayor es especialmente grave?

— Inciden varios factores. En primero, lugar la inmunidad: los adultos mayores tienen un déficit inuunitario que es consecuencia del envejecimiento fisiológico. Ese sistema inmune, en situaciones normales, les permite defenderse de las agresiones de pequeña y mediana intensidad del medio. Así lo vemos en invierno con las gripes o las neumonías; ahora, al tener una magnitud epidémica, ha tenido un gran impacto y, por supuesto, con más graves consecuencias porque no hay vacuna, ni tratamiento con eficacia demostrada científicamente. Otro factor importante es la presencia de varias enfermedades en el mismo paciente. Tenga en cuenta que a partir de la sexta década de vida, hay una enfermedad de media por cada década. Por tanto, estamos hablando de personas pluripatológicas que toman habitualmente varios fármacos, a veces con una polimedicación que tampoco ayuda, y esa presencia de varias enfermedades predispone a estas personas mayores a padecer el Covid-19, con mucha intensidad y en ocasiones con un desenlace fatal.

¿Se ha puesto de manifiesto también que la atención que le estábamos dando a los mayores no era, en general, la adecuada, sobre todo en un país avanzado como España?

— Hay muchas cosas que revisar y que mejorar, cosas que ya antes de la pandemia había que hacer. Creo que con el envejecimiento de nuestro país, que en 2050 será el mayor del mundo, esto nos ha pillado como con el cuento de «¡viene el lobo, viene el lobo!», y el lobo ha llegado y no estábamos preparados: en cuanto a recursos, medios y personal especializado. En ese contexto, esto nos ha pillado con un virus con alta transmisibilidad y, en este perfil de pacientes, con gran agresividad. Como digo siempre, no hay nada más diferente que una persona de 80 años respecto de otra de 80 años. Esta población tiene, por todo lo que le ha tocado vivir, una gran capacidad de resiliencia, de reponerse, pero no todo el mundo es igual. En nuestra cultura, el cuidado a los mayores implica la cercanía, los besos, los abrazos... todas las cosas que han constituido un paradigma del adecuado tratamiento al mayor, como es sobre todo evitar el aislamiento, han sido incluidas en los protocolos de lo que no hay que hacer. Se da la paradoja de que estamos haciendo para preservar sus vidas justo lo contrario de lo que veníamos diciendo, y eso tiene un impacto mayor en ellos.

¿Qué reglas debemos seguir?

— El uso de guantes, la distancia de seguridad y el uso de mascarillas son fundamentales. Desde el siglo XIX sabemos que al hablar se desprenden microgotas que extienden los virus y eso es lo que explica el uso de mascarillas en la medicina. Tenemos que cumplir y hacer cumplir esas normas. Otro mensaje importante es que, ahora que decrece el número de fallecidos, hay tres premisas esenciales a cumplir por la población: primero, la ciencia, que estudia el virus y nos va diciendo las medidas a adoptar en cada momento; segundo, una conciencia social basada en los datos científicos, para cuidarnos y cuidar a los demás, de forma que cumplamos con las directrices que se nos den; y tener un conocimiento real del problema y de cómo se aborda, porque eso será clave para recuperar la normalidad y abrir la economía de nuevo, en especial en un lugar como Canarias, donde dependemos del turismo y los servicios. Esto no es un tema solo de los mayores, sino de todos. Lo digo por los jóvenes que vemos en estos días incumpliendo las normas.

¿Es importante mantener el contacto, aunque sea telefónico?

— La forma que tenemos ahora de proteger, cuidar y por supuesto no abandonar a nuestros mayores, es mantener ese contacto. También hay que promover actividades placenteras que animen a las personas, cosas tan sencillas como ver fotos de eventos familiares, de bautizos, bodas... Hay que hacer un entrenamiento afectivo que mantenga a la persona estimulada y apoyada socialmente. De lo contrario, romperemos el paradigma de que el aislamiento es el peor enemigo del envejecimiento exitoso.

En la anterior entrevista le pregunté por los riesgos que sufría el cuidador de la persona mayor. Ahora es importante también que el cuidador esté concienciado de los riesgos de esta pandemia y que siga unas pautas específicas.

— Son la punta del iceberg, y tienen que estar más fuertes que nunca. Por ejemplo, una persona mayor que tiene 4 o 5 hijos y ahora, por estas circunstancias, es solo uno el que se encarga de los cuidados, de los alimentos, etcétera, pues esa persona tiene que ser capaz de suplir lo que hacían varios antes, y a la vez cuidarse. Cuando el cuidador tiene lo que llamamos el síndrome del cuidador quemado, es el primer paso para unos posibles malos tratos, cosa que debemos evitar a toda costa. Se da en las situaciones de personas aisladas, porque eso somete a una gran carga de trabajo al cuidador, y a ese cuidador hay que darle también su tiempo de descanso.

¿Alguna recomendaciones adicionales para los mayores?

— Nos interesa mantener más que nunca el control de las distintas enfermedades crónicas que padece la persona, con su tratamiento correspondiente. Esta situación puede crear las condiciones para un relajamiento, tanto del tratamiento como de los controles de glucosa como de tensión, por ejemplo. Tenemos que mantener controladas las enfermedades crónicas para que el organismo pueda responder en situación óptima en el hipotético caso de que enfermen. Otro factor: ya dijo Hipócrates que «la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina». Nosotros tenemos a día de hoy que velar por una alimentación lo más sana posible, lo más saludable posible, evitando los excesos de sal, y tomando los medicamentos que pueden favorecer el sistema inmunológico. Igualmente es importante mantener los horarios, de forma regular, porque una persona mayor si está sola puede alterar el ritmo del sueño, y eso eleva el riesgo de caídas y lesiones. También hay que mantener cierta actividad física, aunque sea dentro de casa. Y, en paralelo, cuidar la vista y el oído, porque eso es clave para que la persona no se aísle: hay que usar las gafas y los audífonos si se tienen, porque eso ayuda a estar conectados. Finalmente, no olvidemos que estar en casa sin salir favorece una deficiencia de vitamina D; por lo tanto, hay que tomar el sol de antes de las once de la mañana y si hay un déficit de esta vitamina, tomar los suplementos que indique el médico.