Un cirujano en el momento de trasplantar el corazón a David Bennet. / AFP

Dudas y beneficios del trasplante de corazón de cerdo

La modificación genética de animales para aprovechar sus órganos y salvar vidas da un paso adelante, pero genera resquemor en la comunidad científica española, aunque reconocen que se trata de un «hito»

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

El trasplante de corazón de cerdo que recibió David Bennet hace cinco días apareció en los medios de comunicación de todo el mundo, pero no hay publicación científica alguna que revele los detalles sobre su patología, la decisión médica o el procedimiento. Un vídeo oficial y una nota de prensa de la Universidad de Maryland (EE UU) dieron fe de una intervención que, coincide la comunidad científica, es un «hito» en la historia del xenotrasplante (receptor humano de un órgano animal), junto con el trasplante renal de cerdo a una persona en muerte encefálica, en octubre. «Es un paso ilusionante, porque el gran problema que tenemos es que faltan órganos y hay gente que muere cada año esperándolo. Con esto se trata de encontrar vías alternativas para conseguir esos órganos», sostiene Marta Farrero, cardióloga del Hospital Clínic de Barcelona y secretaria general de la Sociedad Española de Cardiología. «Es una fantástica noticia que hay que tomar con cautela, porque todavía desconocemos cómo hay que manejar estos trasplantes, su durabilidad, el rechazo del órgano y a quién se le va a poder implantar».

Aún conectado a «una máquina de circulación extracorpórea» y saturado de inmunosupresores, a Bennet le rodea la incertidumbre. «Incluso en el trasplante de humano a humano hasta el 30% de los pacientes tiene algún rechazo en el primer año», prosigue Farrero. En este caso, el sistema inmune humano atacará al corazón trasplantado porcino y ese rechazo podría hacer que el órgano deje de funcionar en los próximos días, semanas o meses. Habrá que ver si con los tratamientos inmunosupresor y de bajar las defensas es suficiente para evitar ese rechazo, que es el gran miedo que viene ahora en los próximos días».

De trasfondo existe la búsqueda científica de «una especie de gran panacea», sostiene Rafael Matesanz, exdirector de la ONT. «La fabricación de órganos para trasplante solucionaría la escasez de donaciones, que es un problema enorme. Se calcula que cada año podrían beneficiarse unas dos millones de personas, y a duras penas llegamos a 200.000, o sea, menos un 10%. Si realmente se pudieran fabricar estos órganos, pues representaría un antes y un después».

Factoría de órganos

Ambos órganos trasplantados en Estados Unidos, riñón y corazón, fueron proporcionados por la misma empresa, llamada Revivicor, que modifica los genes y cría a estos ejemplares de puerco. «Esos animales son muy especiales, criados en en instalaciones con un nivel de bioseguridad altísimo para garantizar que no llevan patógenos que puedan transmitirse al humano de ninguna manera», explica Guillermo Ramis, investigador de la Universidad de Murcia que tiene dos décadas desarrollando cerdos genéticamente modificados para trasplantes humanos. «El mayor esfuerzo que se hace con estos animales es un mantenimiento de salud extremo. No es fácil y sí bastante costoso, pero menos que el que la atención médica que requeriría una persona con una enfermedad crónica que se pueda solucionar con un trasplante».

Estas modificaciones genéticas tan avanzadas se deben a la tecnología Crispr, explica Matesanz, que permite unas manipulaciones del genoma «impensables hace 20 años». En el caso del cerdo «tiene ciertos antígenos que nosotros no tenemos, y eliminarlos es el primer cambio. Ahora hay ejemplares con más de 60 modificaciones genéticas, tratando de atenuar el sistema inmune para que el órgano se adapte a la persona», explica Ramis, centrado en la modificación del hígado de cerdo. «Nuestro sueño no es hacer un trasplante definitivo, sino hacer un trasplante puente. Una persona que necesita un órgano de urgencia puede morir en 24 horas, y nuestra idea es mantenerlo vivo los días suficientes como para encontrarle uno, porque en España se espera pocas horas en estos casos».

En el caso de Bennet, opaco en este sentido, no está claro por qué se descartó el trasplante de otro humano antes de experimentar con el corazón del cerdo. «Los argumentos que se han dado es que no tenía posibilidad de recibir un trasplante estándar, de otro humano», indica Matesanz, que se extraña del nivel de conciencia del paciente, incompatible con el de alguien en una «situación desesperada». «Hace falta saber si con los mismos criterios clínicos esa persona en un país europeo o aquí en España habría sido trasplantado, o no. En España entre un 30% y un 40% de los trasplantes de corazón fueron de 'urgencia cero', en que es probable que fallezca el paciente si no recibe un corazón en dos días. No sé por qué se desestimó para un trasplante normal. Este tema amerita una discusión ética importante. Porque si una persona se puede beneficiar de un trasplante estándar, ¿qué razones hay para someterse a un trasplante con un órgano animal?».

Valiosa información

Entre los beneficios que traerá a la ciencia el trasplante de Bennet, con independencia de lo que le suceda, está el haber dado un paso más hacia el encuentro de «otra fuente de órganos, porque todos nosotros vemos fallecer a pacientes nuestros esperando un órgano que nunca llega», reflexiona Farrero, que considera la intervención de Maryland como un «salto al vacío». «En la ciencia se suelen hacer estudios, de fase uno, dos, tres, ensayos clínicos. Se prueba mil veces antes de hacerlo con un ser humano». Otro legado será la «cantidad ingente de información valiosísima, porque en los humanos no se produce exactamente lo mismo que tú veías en los modelos animales, y los datos van a servir para enseñarnos la diferencia entre animales y humanos desde el punto de vista inmunológico, fisiológico y hemodinámico».

En el futuro, cuando se allanen las incertidumbres y este procedimiento experimental de xenotrasplante se convierta en una realidad con completa seguridad para los humanos, el programa de trasplantes, como el que se hace con tanto éxito en España, se modificará. «Llegado el caso, yo intuyo que nos encontraríamos con la coexistencia de los dos sistemas», indica Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). «Probablemente la coexistencia del trasplante convencional tal y como lo conocemos a día de hoy, se seguirá haciendo junto con la opción del xenotrasplante para pacientes que se encuentran en una situación particularmente comprometida».