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Mari Carmen Vargas posa con su libro 'Mi yo destructivo,', en la sede de CANARIAS7. C7
Trastornos de la conducta alimentaria

40 años de lucha contra la bulimia y la anorexia: «Ha sido una tortura»

En su día deportista de élite, Mari Carmen Vargas narra en el libro 'Mi yo destructivo' su batalla contra el TCA

Lucía Álamo Valencia

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 21 de abril 2024

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Si Mari Carmen Vargas echara la vista atrás hace 40 años vería en su reflejo a una niña de mirada inalcanzable, con fuerza para levantar tantos trofeos como le fuera posible, amante del balonmano y del atletismo. Ahora, tras una larga batalla contra la anorexia y la bulimia, esta exdeportista de élite ve en su reflejo a una mujer fuerte, valiente, madre de familia y luchadora inalcanzable.

La protagonista de esta historia nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1968 y tras varios años sufriendo los trastornos de la conducta alimentaria se dijo: «Si no puedes contar algo, escríbelo». Y lo hizo. A través de 139 páginas, Mari Carmen narra en su libro 'Mi yo destructivo' los tiempos más felices de su vida y los momentos más oscuros de su padecimiento. Tras 40 años de lucha contra la anorexia y la bulimia, cuenta que sigue batallando gracias a su familia: «Mis hijos Amanda, Heriberto Junior y Laura y mi marido Heriberto son mi fuerza, ellos me retienen porque cada día es una tortura. Fue por ellos por los que decidí escribir este libro, porque no era capaz de expresar con palabras todo lo que he vivido y a lo que los he arrastrado inconscientemente».

También espera que la gente que lea el libro y, por desgracia, sufra algunos de estos trastornos no haga lo que ella hizo. «Hay mil formas de salir de esta peligrosa enfermedad y yo opté por quedarme dentro, encerrarme en mí misma, sin saber el infierno que me esperaba. Si sigo viva es gracias a mi entorno y a mi fortaleza», explica.

«A quien sufra alguno de estos trastornos le digo que no haga lo que yo hice, que pida ayuda»

'Mi yo destructivo' relata las vivencias de la infancia de su autora, sus años de esplendor en las pistas de atletismo, y su encarnizada lucha contra las constantes ofensivas de los trastornos de la conducta alimentaria al pasar por el momento más duro de su vida, la pérdida de su madre.

Mari Carmen Vargas consiguió en el mundo del deporte lo que se proponía: mejor deportista femenina de Las Palmas en 1984, primera atleta internacional canaria, campeona provincial de pentatlón en categoría juvenil y cadete, campeona provincial en lanzamiento de peso, disco y jabalina y en 250 metros valla en cadete y con 16 años batió el récord de España de jabalina juvenil. Todo un palmarés para una promesa del deporte. Pero de repente su mundo se truncó. «Mi madre era mi vida y cuando la perdí encontré en la comida un aliado engañoso. Era un peligroso antídoto a mi vacío interior. En ese momento todo cambió», rememora.

Y años después pensó en el libro. «El proceso de escribir este libro con la enfermedad tan presente fue demoledor. Empecé a redactar en el año 2020, cuando estábamos en plena cuarentena porque estar en mi casa 24 horas al día era una pesadilla. Tuve que coger la baja obligatoria en el trabajo y eso casi acaba conmigo. Hacía y decía cosas que no tenían sentido y mis hijos me miraban raro. Por eso empecé a escribir, para ofrecerles esa explicación de porqué su madre se comportaba así. Fue contradictorio para mí porque a veces me sentía liberada y otras veces quería borrarlo todo y olvidarme de la idea de escribir», relata.

Finalmente sus hijos leyeron las páginas que su madre les dedicó y eso provocó un huracán de emociones en la autora: «Me enteré en una terapia familiar que lo leyeron y eso fue demoledor. Por primera vez supe lo que sentían mis hijos respecto a mi enfermedad y me di cuenta de que los arrastro a mi mundo caótico y eso es algo que no me podré perdonar», expresa.

A la derecha, Mari Carmen Vargas con 10 años luce sus trofeos en el cross de Las Remudas. A la izquierda, con 14 años realizando un lanzamiento de jabalina con el dorsal número 1.
Imagen secundaria 1 - A la derecha, Mari Carmen Vargas con 10 años luce sus trofeos en el cross de Las Remudas. A la izquierda, con 14 años realizando un lanzamiento de jabalina con el dorsal número 1.
Imagen secundaria 2 - A la derecha, Mari Carmen Vargas con 10 años luce sus trofeos en el cross de Las Remudas. A la izquierda, con 14 años realizando un lanzamiento de jabalina con el dorsal número 1.

Sus hijos y su marido, al que describe como «su tesoro», son su «fuerte» para afrontar cada día. «Heriberto y yo nos conocíamos de vista, y cuando ingresé por primera vez en el Hospital Insular él trabajaba allí como cuidador. A partir de ese momento supimos que estábamos destinados a estar juntos». Y cuenta con un nudo en la garganta que muchas veces su enfermedad les ha hecho vivir situaciones complicadas.

Los ingresos hospitalarios -las «ruedas trágicas de mi vida», dice- le han servido para tener una visión crítica de cómo se atiende a pacientes como ella. Vargas destaca que «en la Unidad de Salud Mental de Agudos del Hospital Insular, lugar donde ingresé por primera vez, me sentía infinitamente pequeña y creía que no debía estar ahí». Todo porque en esa unidad, explica, no había pacientes con las mismas dolencias que ella, sino que atendían a personas con todo tipo de problemas graves de salud mental: «Yo no tenía compañeros con las mismas patologías que yo sino que había esquizofrénicos, fóbicos y personas con trastornos de la personalidad y eso no me venía bien», añade.

De hecho, Canarias prevé contar en breve con la primera unidad de internamiento para personas con trastornos graves de conducta alimentaria. La consejera de Sanidad, Esther Monzón, anunció hace unos días que este nuevo dispositivo se pondrá en marcha pronto en el hospital Juan Carlos I, en la capital grancanaria. La unidad contará con ocho camas y un centro de día.

Hace semanas que Mari Carmen Vargas salió de su última ingreso. Asegura que no está «al cien por cien», pero mantiene una sonrisa cargada de sueños por cumplir. Su yo de esperanza para vencer al, como ella llama, destructivo.

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