Un grupo de adolescentes pasa el rato con sus dispositivos móviles en Rusia. / STOCK ADOBE

Sin privacidad en el planeta de Apple

La decisión de la multinacional de fisgar en las fotos guardadas en los móviles para «combatir la pedofilia» reaviva el debate sobre el poder de los gigantes tecnológicos y la pérdida de libertades

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Todo el que usa la aplicación Whatsapp ha leído alguna vez que «los mensajes y llamadas están cifrados de extremo a extremo. Nadie fuera de este chat puede leerlos ni escucharlos». Frente a gigantes como Google, que 'lee' los correos electrónicos de Gmail, otras tecnológicas ofrecen un compromiso de privacidad a sus usuarios. Apple lo hacía. Ya no. Hace unos días anunció que «analizará» las imágenes de todo el que use un iPhone para cerciorarse que no contienen pornografía infantil. No hará falta ninguna acción del usuario para que la máquina filtre sus fotos.

Este control indiscriminado y extrajudicial comenzará a aplicarse en Estados Unidos «a finales de este año» y Apple ya ha advertido que lo extenderá al resto de países, adaptándose a cada legislación. «Se trata de una medida para detectar delitos y quien no los comete, estén o no encriptados sus datos, no tiene problemas», afirma Alex Rayón, vicerrector de Transformación Digital de la Universidad de Deusto. «Tiene sentido que sea Apple la que da este paso. El iPhone es un software controlado por una empresa privada. Al adquirirlo, no compras un dispositivo tuyo porque no lo mantienes tú, sino el fabricante con sus actualizaciones. El móvil no es un almacén propio».

Con Apple cae una última frontera que no había traspasado ninguna gran corporación occidental: lo que un usuario consideraba privado -el contenido almacenado en la memoria del móvil, pero nunca distribuido- se convierte en un activo de la empresa, que podrá realizar una «verificación», según el comunicado de Apple. Con una próxima modificación de los términos de uso, la compañía avisará a organizaciones o autoridades de cada país de sus hallazgos en la cuenta de iCloud, con unos 850 millones de usuarios en todo el mundo. Es decir, el fabricante del móvil también decidirá si comparte esos asuntos personales con un tercero. Todo vale contra la pederastia y la pedofilia, dos crímenes que suelen enlazarse, según la mayoría de sentencias dictadas en España. Microsoft ya escaneaba imágenes, pero lo hacía cuando entraban en su servidor. Apple lo hará en el dispositivo. Además, «la foto se verá borrosa» si resulta sospechosa.

La tecnología para fisgonear en la memoria de los móviles desde cualquier parte del mundo ya existe y los permisos para acceder a los datos privados por la «puerta de atrás» se abre poco a poco en Europa. «Tratar con inteligencia artificial textos e imágenes de mensajes con contenidos de pederastia podría ser legal en Europa, pues una norma en vigor desde este agosto lo hace posible en los servicios de comunicación electrónica», asegura Pablo García Mexía, codirector del posgrado en Privacidad y Protección de Datos de la Universidad Autónoma de Madrid y consultor en Herbert Smith Freehills.

«Pero no está permitido en aplicaciones como iCloud, que es lo que pretende Apple, que debe ajustarse a las exigencias, muy severas, de la Unión Europea», prosigue García Mexía. «Así que hasta que alguna norma comunitaria no prevea para las imágenes en la nube una cobertura semejante a la de las comunicaciones no sería legalmente posible en España. Lo mismo pasa con los contenidos protegidos por cifrado de extremo a extremo». Las aplicaciones Siri y Search también serán actualizadas antes que acabe el año para advertir lo «dañina y problemática» que puede ser una búsqueda que Apple considere inapropiada.

Las nuevas condiciones de la tecnológica de California (EE UU) podrían abrir ese debate legislativo en el seno de Europa, con el argumento de la buena intención: luchar contra los abusos y agresiones sexuales a menores de edad. «Este asunto está despertando interés a nivel europeo y es posible que sea analizado por el Comité Europeo de Protección de Datos próximamente», adelanta una fuente de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). «Apple no está sola», recuerda García Mexía. «La UE acaba de aprobar normas para combatir la pederastia, que son semejantes a las que luchan contra la piratería de contenidos digitales desde hace algunos años».

Cruda violencia

Los abusos y agresiones sexuales a menores han encontrado en las nuevas tecnologías una plataforma para crear comunidades de pederastas y compartir material, así como para abordar a los niños y adolescentes para exigirles imágenes de contenido sexual, la mayoría de las veces con algún tipo de extorsión. En los tribunales españoles se han dirimido varios casos que sirven de ejemplo, como el de un hombre mayor de edad que contactó con una niña de diez años por Whatsapp, empresa que asegura denunciar 400.000 casos al año gracias a los avisos de sus clientes. Ella utilizaba un iPhone 6s y él, un Huawei L51.

A través de los móviles, distintas aplicaciones sirven para ese tipo de intercambios, como Romeo o Grindr, además de las redes sociales más populares o servicios de mensajería instantánea. En España, cada año se conocen casi 800 casos de pornografía infantil, según datos del Ministerio del Interior, y en una centena los perpetradores son también menores de edad. Pero se trata de la punta de un iceberg que se desplaza con lentitud en los tribunales.

Para combatir estos crímenes, Apple ha desarrollado el «escaneo del lado del cliente», mediante la instalación de dos dispositivos a todos los iPhone. Uno, en la app iCloud, revisará las fotos guardadas en la 'nube' y las cotejará con una base de datos, cedida por el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC, por sus siglas en inglés), con sede en EE UU. En una carta abierta a las tecnológicas, esta entidad las acusa de «abuso» y «deshumanización» de los niños y de «perpetuar» la circulación de material pedófilo, por desarrollar y usar el cifrado de extremo a extremo.

EFE

El segundo dispositivo de Apple se incrustará en iMessage y escaneará el sistema de mensajería (junto a todas las imágenes que se intercambien con otro terminal) que hasta ahora iba encriptado. En caso de que alguna imagen coincida, según el criterio de los algoritmos, con pornografía infantil o cuando exista material sexualmente explícito en la cuenta de un menor, se dará aviso a las autoridades.

Los defensores de limitar la intromisión de las empresas en la libertad de los individuos temen que, con la excusa de la pedofilia, se genere una nueva herramienta para perseguir a personas por razones políticas, raciales, religiosas o de identidad sexual. «Incluso si Apple actúa con buena intención al construir un nuevo sistema que destruya el concepto básico de la encriptación de los mensajes entre clientes, abrirá la puerta a abusos más amplios», aseguran India McKinney, directora de Asuntos Federales, y Erica Portnoy, miembro del equipo de Tecnología de Electronic Frontier Fundation (EFF), una de las organizaciones más activas en defensa de la privacidad en la era digital.

Explican las activistas que el nuevo sistema de Apple podrá «buscar también otro tipo de contenido y escanearlo en las cuentas de cualquier persona». Los gobiernos podrían presionar a las compañías para que detecten lo que ellos consideran «desinformación», «homosexualidad», «imágenes satíricas» e incluso «arte».

En los últimos años, «la relación entre las instituciones públicas y el sector privado se intensificaron», mantiene el Observatorio de Derechos Humanos y Empresas Mediterráneas en el capítulo español del informe 'Vigilancia masiva y control de la disidencia europea'. «Las empresas del sector privado son las que proporcionan conocimientos y tecnología (…) Los datos que requieren los organismos gubernamentales para el control de la población proceden y se originan, en muchos casos, a través de las búsquedas en internet, las interacciones en las redes sociales y las llamadas telefónicas».

Bajo sospecha

Otros analistas desestiman este panorama distópico. «El modo como Apple va a ejercer el control supone una intrusión mínima de la privacidad, porque no se produce un escaneo general de imágenes en la nube», asegura García Mexía. «Además el sistema es extremadamente preciso: solo falla una de cada billón de veces, y siempre hay intervención humana».

La historia de protección de datos por parte de las tecnológicas y las presiones de algunos gobiernos por derribar ese muro es tan larga como internet. Al comienzo de los tiempos digitales, los contenidos personales fueron protegidos con celo por las empresas, una postura que se flexibilizó gracias a los vacíos legales y a una normativa reacia a proteger estas comunicaciones como se había hecho con el correo postal o con las líneas telefónicas. La mano se abrió poco a poco para optimizar los servicios de publicidad que lucran a las firmas. Pero esa data no era compartida con las autoridades de cada país, algunos de corte totalitario y otros con una amplia protección de los derechos del individuo. «Hay bastante demagogia al decir que van a usar mis datos para hacer el mal», sostiene Rayón. «Los derechos fundamentales no han podido ser tumbados ni por una pandemia, al menos en Europa».

Cuando en Facebook implementaban el cifrado de extremo a extremo, el Gobierno de Donald Trump intentó paralizarlo. No pudo en aquella ocasión pero la EFF menciona casos actuales como el de la India, cuya nueva normativa obliga a las plataformas a identificar el origen de los mensajes y se pregunta qué pasará en los países donde la homosexualidad se considera un delito.

«¿Se utilizará este sistema en China?», interroga el director general de Whatsapp, Will Cathcart, en Twitter. «¿Qué contenido considerarán ilegal allí y cómo lo sabremos? ¿Cómo gestionará (Apple) las solicitudes de los gobiernos de todo el mundo para agregar otro tipo de contenido a la lista para escanear?» y añade: «Esto es un sistema de vigilancia». Ahora Apple, que había sido defensora acérrima de la privacidad, cambia de rumbo y se acerca más a las posiciones de los gobiernos.

AFP

Instantáneas de la aberración

Vía Whatsapp, el hombre amenazó a una niña de diez años con hacerle daño, agredir a sus familiares y amigos, y con secuestrarla y torturarla si no le enviaba «vídeos y fotografías de ella en actitud sexual explícita, desnuda, exhibiendo sus genitales y masturbándose cada vez que se lo pidiera», según la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.

Durante tres semanas, el hombre fingió ser otro menor que actuaba también bajo amenaza, porque «o le pedía fotos a una tía durante tres horas o me pegaban una paliza durante tres horas», le escribió la primera vez. «¿Me ayudas por favor? Prometo borrar todo». La niña cedió.

El hombre comenzó a dirigir sus movimientos, en interminables órdenes, como «quítate las bragas y ponte a cuatro patas, la foto hazla desde atrás y quiero que las manos estén en las nalgas...». Esta es una de las frases más suaves registradas en el sumario. Después de amedrentarla para lograr instantáneas de la aberración, cruzando límites intolerables incluso para personas adultas, el hombre fue denunciado por el hermano de la niña, que descubrió lo que pasaba, y sentenciado a nueve años de prisión, después de tres años de diligencias y juicios.

No es un caso aislado. Esta semana se acusó a un hombre de Granollers (Cataluña) de 'sexting' a seis niñas, a las que también atemorizó de forma parecida para obtener vídeos de carácter sexual, a través de Instagram. La Fiscalía pidió 140 años de cárcel, en uno más de los 800 casos de media anual que son conocidos en España. Frente a estos delitos, Apple ha decidido actuar -de momento solo en Estados Unidos- con el escaneo de las imágenes en el dispositivo y la vigilancia de los mensajes intercambiados con un menor. «Queremos ayudar a proteger a los niños de los depredadores que utilizan herramientas de comunicación para reclutarlos y explotarlos, y limitar la propagación del material de abuso sexual infantil», afirma la tecnológica en un comunicado.

«Las compañías actúan contra delitos como la pedofilia porque el Estado es negligente», mantiene Alex Rayón, vicerrector de Transformación Digital de la Universidad de Deusto. Los iPhone y otros dispositivos de Apple, junto a otras marcas, son mencionados en distintas sentencias, como la de otro hombre que fue condenado en febrero a siete años de prisión por abuso de menores y elaboración de pornografía. «A pesar de ser conocedor que (su víctima) no tenía más de 14 años, le requirió que le enviara fotografías de su pene, a lo que el menor accedió (…) el procesado por su parte le envió varias fotografías en las que aparecía el suyo», demuestra el TSJ madrileño.

«Estoy a favor de la medida», afirma Miguel Hurtado, víctima de abusos sexuales durante su adolescencia. «Las grandes tecnológicas tienen una responsabilidad social a la hora de diseñar productos seguros. Hasta la fecha se han lavado las manos, y la distribución de pornografía infantil está fuera de control, pero debe haber consentimiento informado».

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