«Precariedad, no; es trabajo en un régimen de esclavitud»

21/10/2017

La línea de trabajo de este voluntario, formado por Cáritas con diferentes cursos de atención social, es la que siguen los servicios sociales, la de atender a la persona en su integridad.

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La gente que lo está pasando mal en Telde conoce bien a Atilio García. Es el coordinador del Archiprestazgo de Telde, que incluye a diez parroquias del municipio. Es conductor del Servicio de Recogida de Residuos y lleva como voluntario de Cáritas, ahora en la parroquia de La Caleta, más de treinta años. «Antes hacíamos una labor más asistencial, te doy la bolsa de comida y nos olvidamos de ti. Ahora no, ahora mismo es más personal, sé exactamente qué hay detrás de cada persona, cuáles son los problemas de cada familia, qué es lo ideal», comienza a relatar García, quien siente un profundo deber de ayudar al prójimo porque se considera a sí mismo, visto lo visto y siendo mileurista, un privilegiado.

La línea de trabajo de este voluntario, formado por Cáritas con diferentes cursos de atención social, es la que siguen los servicios sociales, la de atender a la persona en su integridad. «Esta es la persona, estas sus circunstancias y si yo no consigo ver todo, no le voy a poder ayudar», explica. Y no hay tiempo estimado de entrevista, «es abierto», dice.

En treinta años de trabajo voluntario nunca se había topado con una realidad tan complicada como la actual. Cuando comenzó en la parroquia atendía a unas tres o cuatro familias, los casos eran más individualizados, ahora mismo hay 35 núcleos familiares que suplen la necesidad básica de alimento gracias a las tarjetas de comida, algunas también a raíz del trabajo en el huerto ecológico de San Juan, de Telde. «Unas 50 familias en total están siendo acogidas y utilizan los distintos servicios de la parroquia», detalla García.

El proceso es el siguiente: la persona llega o los voluntarios se acercan a sus casas. «Cuando alguien nos avisa de que la persona no se acerca por incapacidad o por vergüenza, yo voy a concertar una entrevista», explica. «En la primera cita le entrego la documentación de lo que podría necesitar y nos damos un horario para hablar. No se da ninguna ayuda mientras no nos sentemos a hablar», asevera. «La gente viene deprimida y con miedo, cuando hay menores por medio llegan hasta temblando porque temen que servicios sociales les quite a sus niños», prosigue García. «El 95% son mujeres, son las mujeres las que acuden a la parroquia», empieza a relatar sobre los usuarios a los que atiende. «Hay familias que viven tres generaciones en una misma casa y no entra ningún sueldo porque se han quedado en paro todos los miembros», añade.

La mayor parte de las personas a las que atienden son de los sectores de la agricultura, servicios y construcción. «En el sector servicios se está trabajando en un régimen de esclavitud, vamos a no hablar de precariedad sino de esclavitud», expone el conductor del servicio de basura, que siempre que puede le recuerda a sus compañeros, los barrenderos, que son unos «privilegiados por cobrar 900 euros».

Para García la institución de la familia está fallando en su esencia y los coletazos de este fenómeno provocan mayor pobreza e inseguridad en las personas. «Antiguamente la red familiar nos apoyaba y eso se ha perdido, antes vivíamos en la zona de nuestros padres y cuando nos veíamos mal, la red familiar nos cubría. Eso se ha perdido y nos vemos solos. Cáritas una de las cosas que propone es reestructurar la red familiar», argumenta García a partir de sus creencias también religiosas.

Los casos que más han marcado a Atilio han sido de personas con desequilibrios mentales. «Llegaban a implicarte hasta tal punto que te llamaban a las doce de la noche del hospital, porque no tienen a nadie y su dependencia es constante». «Creo que las instituciones, desde el Gobierno central al Ayuntamiento de Telde, ninguno cumple con sus funciones», sostiene, denunciando que solo hay 8 trabajadores sociales para todo el municipio. «Cuando escucho a Rajoy hablando de datos macroeconómicos pienso: ‘Este señor no vive en la realidad. No trata con la gente’».

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