«Perdonar no voy a perdonar ni hoy, ni mañana ni nunca»

La tercera jornada del juicio contra Alberto Montesdeoca por el asesinato de su vecina, Saray González, el 27 de octubre de 2015 se centró en el testimonio de los padres y la hermana de la joven palmera. Además, el jurado pudo oír el testimonio de Cristina, la compañera de piso de la joven y de los amigos del acusado.

Carlos Santana Beltrán
CARLOS SANTANA BELTRÁN

La Audiencia Provincial de Las Palmas vivió este miércoles una de las sesiones más dolorosas de las tres jornadas del juicio contra Alberto Montesdeoca, de 20 años, por el asesinato de su vecina, la joven Saray González, de 26 años, y estudiante de Relaciones Laborales en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En esta ocasión, el juzgado dispuso un biombo para evitar que Alberto y los padres y la hermana de Saray tuviesen contacto alguno, y evitar el mal trago a la familia de la joven. «No le odio, pero perdonar no voy a perdonar, ni hoy, ni mañana ni nunca», afirmó tajante la madre de Saray.

Los tres coincidieron en que les «destrozó la vida a todos. No solo a su familia sino a mucha gente que quería a Saray». Insisten en que la joven nunca relató ningún problema con Alberto, al que se limitaba a saludar cuando se lo cruzaba en la escalera. «De repente los padres de él dejaron de saludaras a ella y su compañera de piso. Con el chico nunca tuvo problemas», apuntaron la madre, Nieves García, y la hermana Lorena González.

Lo que sí relataron fueron los problemas que tuvieron con el padre de Alberto. «Se quitaban los zapatos al entrar en el portal para no hacer ruido y aún así se quejaba. Estos llegaron a tal punto, tras tres años viviendo en la calle de Pérez del Toro, que intentaron mudarse. «El verano antes estuvieron buscando otro piso. La casera (hermana del padre del acusado) intentó que no se fuesen. Ella la quería como a una hija», sostuvo Lorena.

Los tres recuerdan con dolor, rabia e impotencia la noche del 27 de octubre de 2015 cuando les dieron la noticia de la muerte de Saray. «Aún no se cómo no me dio algo», apuntó el padre entre sollozos y con un inmenso esfuerzo por no derrumbarse.

La familia sigue recibiendo tratamiento psicológico. «No he dormido de allí para acá ni una hora seguida», afirmó Nieves. Esperan que se haga justicia.

Tras la familia le llegó el turno a Cristina, la joven con la que compartía piso Saray y que fue la primera en encontrar su cuerpo. La joven negó de forma tajante que tuviesen algún problema con Alberto durante los tres años que vivieron en Pérez del Toro, aunque sí volvió a apuntar al padre de este como origen de los conflictos, todos menores y de convivencia, que vivieron. «Básicamente nos quería molestar. Le molestaba todo, desde que caminásemos descalzas a un sin fin de cosas sin sentido. Hablaba de una manera autoritaria», aseguró la joven. Incluso apuntó «le teníamos miedo, se lo dijimos un día».

Además, puso en tela de juicio que Alberto tuviese alguna adicción a los videojuegos. «No lo solíamos ver. Nunca le oí gritar ni insultar. No tenía ni idea de que jugase», contestó al fiscal Pedro Gimeno.

Cristina aseguró que «no hicimos ni una fiesta» en la vivienda y destacó el carácter responsable e incluso «miedoso» de Saray.