El papa Francisco. / Efe

El Papa pide a los nuevos cardenales que no se conviertan «solo en la eminencia»

Francisco crea 13 nuevos purpurados, entre ellos el español Aós, arzobispo de Santiago de Chile, en un consistorio marcado por la pandemia

DARÍO MENOR Roma

La Iglesia católica vivió este sábado uno de los consistorios más extraños que se recuerdan debido a la pandemia, que impidió que viajaran a Roma dos de los 13 cardenales creados por Francisco en una sobria ceremonia celebrada en la basílica de San Pedro del Vaticano en la que participaron poco más de un centenar de fieles. El coronavirus obligó además a evitar los abrazos entre el Papa y los nuevos purpurados, que tampoco pudieron recibir las felicitaciones de los feligreses en las habituales visitas de cortesía, anuladas por el riesgo de que se convirtieran en un foco de contagios.

Entre los 13 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio, 9 de los cuales tienen menos de 80 años y, por tanto, pueden participar en un futuro cónclave, hay un español. Se trata del capuchino de origen navarro Celestino Aós Braco, arzobispo de Santiago de Chile. También hay por primera vez un afroamericano: Wilton Gregory, arzobispo de Washington.

En su homilía, Francisco dejó una advertencia tanto a los neopurpurados como a los otros cardenales presentes en la ceremonia al mencionar los «muchos tipos de corrupción» que existen en la «vida sacerdotal», subrayando en particular la soberbia. «El rojo púrpura del hábito cardenalicio, que es el color de la sangre, se puede convertir, por el espíritu mundano, en el de una distinción eminente», comentó el Papa, para quien actuar así supone dejar de ser un pastor «cerca del pueblo» para convertirse «solo en la eminencia». Los prelados que sientan esto estarán «fuera del camino».

Durante el consistorio se vivió un momento curioso cuando el Pontífice entregó a cada uno de los 11 nuevos cardenales presentes la birreta, el anillo y el pergamino del título o la diaconía de una iglesia romana, símbolo de su unión con el obispo de Roma. Cuando le tocó el turno al obispo italiano Marcello Semeraro, el micrófono captó lo que el Papa le dijo: «Pórtate bien».

Semeraro es el nuevo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, un cargo en el que sucedió a Angelo Becciu, al que Francisco fulminó a finales de septiembre apartándole de esa responsabilidad y pidiéndole además que renunciara a sus derechos cardenalicios. Becciu se vio envuelto en la polémica por las irregularidades financieras cometidas con los fondos vaticanos cuando era sustituto de la Secretaría de Estado, un puesto clave en el funcionamiento de la curia romana.

A los cardenales que no residen en el Vaticano ni en Italia les tocó pasar una cuarentena cuando llegaron de sus países de origen. Entre ellos estaba Aós. «El viaje a Roma resultó toda una aventura, o muchas aventuras donde tengo que agradecer las gestiones de otras personas. Hube de hacerme el consabido test antes de partir y traer los salvoconductos y permisos correspondientes; y aún tuve que llenar más formularios en el trayecto. Y me nació una pregunta: ¿nos harán llenar formularios en el camino al cielo?», comentó el nuevo líder elegido por el Papa para la Iglesia chilena tras la crisis de la pederastia eclesial. Junto a los otros diez nuevos purpurados presentes en el consistorio, Aós acudió tras la ceremonia a visitar a Benedicto XVI.