Cosecha de vid en Castilla-La Mancha. / D.O Valdepeñas

Las olas de calor de este verano reducirán la cosecha de vino

En Castilla-La Mancha, que produce la mitad del vino del país, se estima una disminución cercana al 15 por ciento

J.M.L. Toledo

Las sucesivas olas de calor que estamos sufriendo este verano también están teniendo sus efectos sobre los cultivos. Es el caso del viñedo. De cara a la pròxima vendimia, que se generalizará en breves semanas en todas las regiones vinícolas de España, las organizaciones agrarias calculan que la cosecha de uva se reducirá entre un 15 y un 20 por ciento de media, llegando en algunas zonas al 25 por ciento. Una caída de la producción en la que también influirá el otoño seco de 2021 y la cálida primavera de 2022.

Así, la cosecha de este año será inferior a la media de los últimos años que ha rondado los 42 millones de hectólitros. De esta cantidad, la mitad de produce en Castilla-La Mancha, que es la mayor región vinícola de Europa. «Tendremos menor cosecha pero esto tendrá un efecto positivo en los mercados porque el vino podrá situarse mejor y a un buen precio», afirma el consejero de Agricultura de esta comunidad, Francisco Martínez Arroyo.

Desde la denominación de origen más extensa de esta región, la de La Mancha, su gerente, Ángel Ortega, explica que «a pesar de que esperábamos que esta campaña pudiésemos superar la media de otros años en cuanto a cantidad, no va a ser así y, además, tendremos que adelantar la vendimia varias semanas por el calor». Una de las grandes bodegas acogidas a esta denominación de origen, la de la cooperativa de la Virgen de las Viñas, de Tomelloso (Ciudad Real), prevé que la reducción de la cosecha afecte principalmente a las variedades tintas. «Aquí lo realmente importante es recoger el producto en estado óptimo de maduración», indica su presidente, Rafael Torres.

Estrés hídrico

Según la organización agraria ASAJA, la merma de la cosecha puede llegar en algunas comarcas al 30 por ciento siendo la del Campo de Montiel, en Ciudad Real, una de las más perjudicadas debido a su tierra arcillosa, que absorbe más calor, lo que impide que las hojas de las viñas puedan proteger a la uva de los rayos del sol. Las oleadas de calor «han adelantado el ciclo fenológico de la vid, con un estrés hídrico en la vid más propio de la canícula, lo que podría alterar el ritmo de maduración de la uva con un descenso en la producción de la cosecha», indican desde la D.O. La Mancha.

En cuanto a los precios, la caída de la producción favorecerá que aumenten ligeramente y, de momento, en el primer semestre del año la venta de vinos no sólo no se ha resentido sino que ha aumentado. En el caso de la D.O. La Mancha, ha crecido un 19 por ciento. De repetirse estas olas de calor en años sucesivos, los expertos apuntan que los cultivos acaban adaptándose. Es lo que asegura Enrique Sánchez, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Castilla-La Mancha para quien «la agricultura lleva ya un período muy largo de adaptación a las temperaturas y fenómenos climáticos extremos y el viñedo es un ejemplo de cómo los cultivos tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias si quieren sobrevivir». «Si estos cambios se dan de forma gradual, es más fácil que puedan conseguirlo», opina este experto.