Niños no, gracias

25/05/2020

¿A qué se deben lo síntomas de ‘niñofobia’ que afloran a veces en una parte de la sociedad?

El origen de la palabra infancia dice mucho de la consideración que aún se le da: infans -tis significa en latín ‘el incapaz de hablar’, ‘el que no tiene voz’. Siglos ha, pero la etimología pesa como una losa. La sociedad no se ha sacudido del todo el complejo de tratar a los niños como meros objetos de protección y no como sujetos de pleno derecho con necesidades, voz y atributos de ciudadanía al igual que un adulto. Esto último es lo que tienen reconocido legalmente desde 1989, pero parece que 30 años no han sido suficientes para madurar. Algo que ha quedado en evidencia, a juicio de muchos, con esta crisis.

Las restricciones impuestas por la pandemia de Covid-19 han desatado algunas polémicas y entre ellas se encuentra la relativa a si ha habido falta de empatía, algo que amplios colectivos han reprochado a la hora de priorizar la necesidades de los niños. Señalados como ‘vectores de contagio’, desaparecieron de las escuelas, de los espacios públicos y de la agenda política en un suspiro. Pasaron semanas hasta que el debate público se abriese a cuestionar si se estaba haciendo todo lo posible por este colectivo vulnerable. «Sus necesidades son tan importantes como las de otros grupos de edad y, si bien hemos de andar con la mayor de las cautelas, debemos esforzarnos por evitar problemas emocionales a medio y largo plazo en un sector de la población tan importante como olvidado», señalaba el psicólogo Alberto Soler hace unos días en sus redes sociales, al hilo de las decisiones tomadas sobre los niños en la crisis. Lo peor es que esas cautelas, junto al miedo al contagio, ha llevado a muchos a manifestar abiertamente su rechazo hacia los más pequeños en la plaza pública, la real y la virtual. ¿A qué se deben estos síntomas de aversión a los pequeños? ¿Existe en España ‘niñofobia’?

Veto en locales

Antes del año 2000 este término prácticamente no existía. Pero fue ganando terreno cuando se popularizaron los establecimientos exclusivamente para adultos. Cada vez más restaurantes y alojamientos turísticos colgaron el cartel de ‘niños no, gracias’ amparándose en el derecho de admisión. Curiosamente, a medida que estos se han extendido, también lo han hecho los ‘pet friendly’ (amigos de las mascotas). Las cuentas salen: en España hay más hogares con perros que con niños.

A pesar de que el negocio del solo para adultos se practica por doquier, hay un sector que pone en duda su validez legal. Es el caso de la profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Coruña, Ana María Catoira. «Sí se puede dirigir el negocio a un segmento de la sociedad, pero no prohibir la entrada a un determinado colectivo partiendo de un juicio previo negativo. No son ciudadanos de segundo nivel», opina. Y aquí llega una de las claves: los niños molestan.

Hedonismo y consumismo

Ana Roa, psicopedagoga fundadora de la plataforma roaeducación, cree que no es correcto hablar de rechazo social a la infancia, porque esto implica algo más profundo que no se da. Pero reconoce malos gestos de parte de la sociedad. Estos, cree, «surge en el horizonte de ese individualismo egoísta, esa comodidad a la que la sociedad nos tiene acostumbrados y la poca tolerancia con aquello que nos la perturban. Los niños hacen ruido, corren, gritan... no son sujetos que podemos adaptar a nuestra zona de confort». Cree Roa que ir a restaurantes o teatros es otro aprendizaje para la vida. «Si no les dejamos que se hagan mayores a nuestro lado, ¿qué podemos esperar?», apostilla.

Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología y Pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), tampoco cree que sea algo generalizado, sino de un cierto sector. «Los consideran molestos, obstáculos para sus fines, generalmente de carácter hedonista. Salvo para estas personas, caracterizadas por el materialismo, el vacío y la desorientación, que por cierto se extienden en gran medida estimulados por el consumismo, la infancia es bien considerada». Eso sí, a esto le pone un ‘pero’. El lugar destacado que tiene en el discurso oficial «debe traducirse en hechos». Y queda mucho por hacer, cree.

Para lograrlo, había que empezar por conocerlos de verdad. «Es necesario desmontar mitos y estereotipos negativos sobre la infancia, pues contribuyen a la desvalorización de esta etapa. Por supuesto, no se trata de presentar una imagen distorsionada de la niñez, sino de hacer pedagogía social y ofrecer una visión realista sobre los menores, de sus características, necesidades, derechos y deberes», añade el doctor de la UCM.

Estereotipos negativos

Los estereotipos negativos están a la orden del día. Por elegir el más obvio, son frecuentes los comentarios de viajeros que se quejan de la compañía de un niño en el trayecto (incluso antes de empezarlo) y de mucha gente que ríe la gracia. ¿Qué falla para que se toleren estos gestos? Además de lo que señalaba el profesor, el poco conocimiento, también falta empatía. Roa advierte de que estos comentarios públicos exigen una «autorreflexión importante» porque los niños, de forma natural no discriminan, pero «sí son capaces de aprender y reproducir» esta conducta. Pero entiende que «la falta de empatía se ha extendido a la sociedad en su conjunto y, por supuesto, llega a los menores».

Ponerse en el lugar de los demás y actuar en consecuencia no siempre es fácil. Martínez-Otero va más allá al hablar del papel que la sociedad le da a los niños. Antes de la pandemia y con ella. Hace años, se les quitó la voz para asegurar la disciplina, pero ahora toca devolvérsela para que participen de las decisiones. «Por supuesto tiene que ser responsable, pero pasa por ser escuchados, tenidos en cuenta y con posibilidad de decidir», cree Martínez-Otero. A los niños y adolescentes hay que «empoderarlos y darles visibilidad», con políticas sociales que «piensen más en la infancia, sobre todo en las familias en riesgo de pobreza y exclusión».

Necesidades de los niños y adolescentes

Voz. Facilitar su participación, responsable y por edades, en ámbitos familia, educativo y social.

Educación. Lo es todo, pero aún no es prioridad presupuestaria. Aumentar el gasto y rentabilizarlo.

Familia. Atención a la situación de las familias, de conciliación y recursos económicos.

Ciudadanía. Consideración de los menores como ciudadanos y estimular su participación.

Empatía. Antes de rechazar con un comentario o un gesto, ponerse en el lugar de los menores.

Vida social. El ocio es una forma de socializar que los niños necesitan y que es aprendizaje.

Alimentación. Es la base de la salud y deben tener opciones saludables.

Comunicación. La desinformación conduce a la ansiedad y el temor, como se ve en esta crisis.

Inversión. Recursos en educación, formación del profesorado y ayudas a familias.

Igualdad. Reducir la tasa de pobreza infantil, una de las más altas de Europa.