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El líder de la secta Los Niños de Dios, David Berg, rodeado de mujeres. c7
Las atrocidades de las sectas en Canarias

De 'Los Niños de Dios' al «crimen del siglo»: las atrocidades de las sectas en Canarias

Numerosas sectas de diferente tipología eligieron el archipiélago para instalarse, crecer e incluso esconderse. Muchas de ellas dejan un legado para el olvido, con víctimas mortales por el camino.

José Luis Reina

Santa Cruz de Tenerife

Miércoles, 30 de marzo 2022

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David Brandt Berg era conocido bajo el seudónimo de Moisés David. Él fundó la secta Niños de Dios, también llamados La Familia Internacional, que estuvo instalada varios años en Canarias, más concretamente en el municipio del Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde desembarcó en 1974. Allí llegó huyendo de EE UU y Reino Unido, donde su grupo ya era perseguido al considerarse «una secta destructiva».

«Se creía la reencarnación de Cristo y que tenía que trasladar su mensaje a la humanidad. Comenzó siendo un grupo católico bastante heterodoxo y acabó creando una secta sexual que utilizaba a las mujeres para captar a los hombres», apunta Carlos Simancas, divulgador y especialista en este tipo de movimientos delictivos. «Las autoridades de Estados Unidos alertaron a la policía española de que esta secta se había instalado en el país y que era muy peligrosa, sobre todo por sus crímenes de pederastia, pues Berg consideraba el abuso a menores como una muestra de amor a dios», apunta Simancas, que recuerda que «era muy conocido en el Puerto de la Cruz, se paseaba en una bata blanca y tenía un aspecto bíblico que llamó mucho la atención entre los vecinos, a los que su secta ofrecía dinero y ayuda a cambio de ganarse su confianza».

Una de las fiestas de los Niños de Dios. c7

El grupo de mujeres que pertenecían a la secta y que acompañaban a Berg en su delirio, salía cada noche a las discotecas del municipio tinerfeño para ofrecer sexo a los clientes, llegando incluso a organizarse excursiones nocturnas desde todos los puntos de la isla para conocer a aquellas mujeres que ofrecían sexo gratis. «Solo somos una familia unida y religiosa que quiere darle amor a todo el mundo. Lo que ocurre es que mucha gente nos tiene envidia porque somos felices y ellos no lo son», declaró Berg en 1977. La realidad es que la La Familia Internacional promovía el sexo entre padres e hijos, las prácticas sexuales con menores e invitaba a sus adeptos más jóvenes y atractivos a captar a otras personas y potenciales víctimas organizando fiestas donde corrían libremente el alcohol y las drogas.

Cuando la prensa internacional puso el foco en las islas al enterarse de que el delicuente se encontraba oculto entre los turistas de Canarias, Berg se esfumó con una rapidez pasmosa, pareciendo que se lo hubiera tragado la tierra y cuyo paradero se convirtió en un misterio durante muchos años. Falleció en 1994 y fue enterrado en Costa de Caparica, Portugal, siendo sus restos incinerados.

Otto Muehl, en una imagen de archivo. c7

La secta de El Cabrito

Otto Muehl era un artista muy conocido en Austria, su país natal, y uno de los fundadores y mayores exponentes del accionismo vienés, un polémico y radical movimiento artístico, donde la transgresión y la violencia de sus trabajos eran su seña de identidad. Sacrificios a animales, rituales orgiásticos, prácticas sexuales sangrientas y simulación de mutilación genital o violaciones eran algunas de las características de este movimiento, desafiando la ética establecida. Algunos de los principales artistas del accionismo vienés fueron perseguidos por la ley, además de denunciados por asociaciones ecológicas o religiosas.

Muehl fundó en Viena la comuna Friedrichshof en los años 70, atrayendo a 600 personas y que fue considerada como una secta bastante autoritaria bajo su violento liderazgo. A mediados de los años 80, el movimiento huye de Austria para, según la versión de la propia secta, huir de los peligros de Chernóbil, aunque lo más probable es que buscaran salir de un país donde estaban cada vez más vigilados y con menos capacidad de movimiento. En 1988 la numerosa secta del pintor austriaco desembarca en La Gomera, y se instalan en la hermosa y sumamente discreta playa de El Cabrito.

«Ellos compran esos terrenos porque prometieron una inversión muy fuerte en la isla, además de una filosofía ecologista y una actitud muy amigable con los locales», recuerda Simancas, que vivió aquello en primera persona pues es su isla de nacimiento. «Organizaron unos carnavales cuando llegaron que todavía se recuerdan. Fue la forma de ganarse al pueblo, con mucho dinero». En 1989, revistas internacionales comienzan a poner el foco en la secta instalada en La Gomera, publicando las atrocidades que allí se vivían como los casos de violaciones, abusos sexuales a menores o la venta de niños. Era común que el artista tuviera relaciones sexuales con niñas, hijas de los miembros de la comunidad. Incluso llegó a tener hijos con algunas de ellas. Otto Muehl fue detenido por las autoridades españolas y extraditado a Austria, donde fue condenado a siete años de prisión acusado de pederastia. Fue puesto en libertad en 1997, tras cumplir seis años y medio, y estableció una comuna pequeña en Portugal, donde murió en 2013.

La secta de El Cabrito fue disuelta por completo y algunos de sus miembros reconocieron que se habían realizado verdaderas salvajadas tanto en Austria como en La Gomera.

Frank y Harald Alexander, durante el juicio. c7

El atroz «crimen del siglo»

Es, con total probabilidad, el crimen más impactante y atroz que ha vivido Tenerife. Sucedió un 16 de diciembre de 1970 en la primera planta de una vivienda de la calle Jesús Nazareno número 37 de Santa Cruz de Tenerife, cuando Frank Alexander le dice a su padre, Harald, que el mal ha entrado en su madre y que ha llegado el momento para el que se han estado preparando todos esos años. Padre e hijo comienzan a golpearla sin piedad y con una violencia indescriptible con dos perchas retorcidas hasta dejarla inconsciente.

A continuación, los dos hombres se armaron con objetos contundentes y se dirigieron a la habitación de al lado, donde descansaban Marina, de 18 años, y Petra, de 15. Frank «confirma» que sus hermanas también están poseídas por el diablo y que no les queda «más remedio que liberarlas».

Tras los golpes brutales y mortales, el extraño ritual continuó mutilando los cuerpos. Frank dijo que «tiene que cortarles el nervio de la vida» para eliminar por completo al maligno y no se detienen hasta que les sacan el corazón. Cuando terminaron el macabro suceso, ambos se ducharon y salieron por la puerta con total tranquilidad.

Pero antes de continuar con esta terrible historia, es importante conocer el origen y el motivo que llevó a esta familia alemana a instalarse en Canarias. Harald, en Alemania, se enroló en la llamada Sociedad Lorber, una especie de corriente de pensamiento gnóstico-cristiana que incluía elementos de carácter esotérico. Este movimiento estaba basado en las visiones del profesor austríaco Jakob Lorber que, en el siglo XIX y a los cuarenta años, empezó a recibir supuestos mensajes proféticos dictados por el espíritu santo. Unos mensajes que impactaron en Harald y que le llevaron a creerse un elegido.

La herencia de esa corriente la asume Georg Rihele, el gran mentor en la materia de Harald Alexander y con el que consolidó una gran amistad. Bajo estas premisas se criaron los pequeños Alexander, incidiendo especialmente en el primogénito, Frank, a quien, de acuerdo con estas teorías esotéricas, se le debía rendir pleitesía. Las mujeres tenían una posición residual. Tanto la madre Dagmar, y las hermanas -Marina, y las dos gemelas, Sabine y Petra- eran relegadas a un segundo plano, tal y como las enseñanzas de Lorber auguraban sobre algunas de las escenas de la creación

Era tal el radicalismo y la enajenación mental de Harald, que no permitía a sus hijos mantener relaciones íntimas o afectivas con personas externas a la núcleo familiar, por lo que, con tal de satisfacer los deseos sexuales del supuesto profeta, el cabeza de familia le ofreció otra alternativa: el incesto.

En Hamburgo, la peculiar familia ya era demasiado conocida como para poder continuar con el delirio, así que iniciaron una huida hacia Canarias, concretamente a Tenerife, porque así «lo había dictado dios», como reconocería más adelante Harald.

Con su llegada a la isla, la familia trató de mantener una vida discreta y alejada de polémicas, aunque los vecinos de la céntrica calle de Santa Cruz de Tenerife escuchaban con regularidad y extrañeza cánticos y y rezos fuera de lo común.

Tras el sangriento crimen, padre e hijo acudieron a la consulta del doctor Trenkel, un médico alemán asentado en La Laguna que daba empleo a Sabine Alexander, la única superviviente de la matanza que se encontraba trabajando en el momento del suceso.

Las víctimas del brutal crimen. c7

El doctor, aturdido e impactado por lo que estaba escuchando de boca de los Alexander, llamó rápidamente a la policía, que los detuvo de inmediato. Los agentes que acudieron al registro de la vivienda en la calle Jesús Nazareno nunca olvidaron la dantesca escena a cada paso que daban en el lugar del crimen, que fue catalogado como el «crimen del siglo» por los habitantes de la isla.

En marzo de 1972 dio comienzo el juicio contra Harald y Frank ante la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. El tribunal los consideró «autores no responsables» de los tres parricidios con la eximente completa de enajenación mental, por lo que ambos fueron ingresados, sin fecha de fin, en un centro destinado a los enfermos mentales condenados. Ingresaron en el centro de Carabanchel, en Madrid, pero no permanecieron todo el tiempo que tendrían que haberlo hecho, pues Harald y Frank Alexander consiguieron escapar a prinicpios de los años 90.

Pese a la orden de búsqueda que activó la Interpol en 1995, nunca dieron con el paradero de los Alexander. Tampoco de Sabine, la única superviviente, aunque según apuntaron los medios de entonces, había ingresado en un convento tras el traumático juicio.

Harald y Frank Alexander. c7

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