Navidad, pareja y familia

Cenas agradables, buenos ratos compartidos, bonitos regalos, paz y armonía es lo que solemos esperar de la Navidad. Pero, a veces, entre las expectativas y la realidad hay un abismo pues, para algunas parejas estas fiestas son motivo de conflictos y discusiones. Una psicóloga nos explica cómo manejar esta situación.

EFE / MADRID

Ha llegado el momento de poner el árbol de Navidad, decorar la casa y comprar regalos, pero también de decidir con qué familia pasar los días señalados. Este suele ser uno de los principales motivos de disputa para las parejas en estas fechas.

“Quizás lo más básico en este tipo de discusiones es la empatía, comprender que para el otro es igual de importante su familia que para uno la propia y, a partir de ahí, llegar a una opción lo más justa posible para las dos partes”, afirma María José Collado Mateo, doctora en psicología.

Además, esta experta que es codirectora del Centro Cuarto de Contadores, ubicado en la localidad madrileña de Leganés. ( http://www.cuartodecontadores.es/), agrega: “Es importante que los dos miembros de la pareja estén dispuestos a ceder para llegar a un equilibrio satisfactorio para ambos y no olvidar que, el siguiente año, habrá Navidad de nuevo y tendrán la posibilidad de organizarse de otra forma”.

El problema de los niños

Cuando resulte muy difícil llegar a un acuerdo, la psicóloga recomienda pensar en dos opciones equilibradas y echarlas a suertes.

“De este modo, las dos partes estarán dispuestas a que cualquiera de las dos opciones sea razonable”, indica la doctora.

Pero, si a pesar de todo, la negociación llega a un punto muerto, “algunas parejas optan por pasar las navidades por separado, cada uno con su respectiva familia, lo que evita estos conflictos y los que puedan surgir derivados del roce con la familia política. No obstante, esta opción se complica mucho e incluso se convierte en inviable si hay hijos”, indica Collado Mateo.

De hecho señala que, en las parejas con hijos, una de las principales fuentes de conflicto son precisamente los niños.

“Qué se les regala, con qué abuelos están, cómo se comportan delante de los familiares, qué comen, quién regaña, quién está pendiente o qué se deja pasar, cualquier conducta de los niños puede convertirse en una disputa entre los padres”, comenta la psicóloga.

En este sentido, la especialista subraya que es muy importante que los hijos tengan unas normas claras antes de llegar a este tipo de eventos y que conozcan las consecuencias de saltarse las normas.

Otro importante punto de desencuentro son los roces con la familia propia o política, “que en muchos casos acaban en reproches y discusiones entre la pareja, pues la mayoría de las personas tiende a minimizar los actos de su propia familia y a defenderla incluso sabiendo que la crítica es coherente”, indica la psicóloga.

También apunta que es frecuente “que ambas partes defiendan a su familia utilizando como arma arrojadiza cualquier detalle que les venga a la mente de la familia del otro”.

Su consejo es no entrar en este tipo de discusiones, “aceptar que es la opinión del otro y no dejarse arrastrar en la conversación con el objetivo de que el conflicto no vaya a más”.

La experta indica que también puede haber problemas en la pareja derivados del estrés que provoca la necesidad de comprar regalos, preparar cenas, etc. En estos casos, a las dificultades a la hora de planificar el tiempo se unen los conflictos por el dinero gastado.

“En ocasiones, las tareas relacionadas con los preparativos de cenas y comidas con familia y amigos pueden dar lugar a disputas, si no se tienen bien definidas las tareas y tiempos para que todo salga bien”, comenta.

Por otro lado señala que, igual que ocurre en otras vacaciones, el hecho de pasar más tiempo juntos genera un mayor número de fricciones.

Expectativas y realidad

Pero, además, se suelen esperar grandes cosas de estas fiestas. “Se venden tantas ideas acerca de la Navidad que es difícil que se puedan hacer realidad. Hay unas expectativas muy grandes sobre estas fiestas “perfectas” con las cenas “perfectas”, los anfitriones “perfectos”, el regalo “perfecto” y, por supuesto, los hijos “perfectos”. Esto conlleva un estrés y un sobreesfuerzo que rara vez se verá recompensado con el cumplimiento de lo que imaginábamos”, puntualiza.

En ese sentido comenta que, por ejemplo, la mayoría de los regalos no se parecerán a lo esperado, ni desde el punto de vista de quien regala ni de quien los recibe.

Asimismo, explica que las reuniones familiares suelen sacar a la luz aquello que el hecho de no estar juntos permite mantener a raya el resto de año.

Por todo esto, es importante que los dos miembros de la pareja pongan de su parte para que las celebraciones navideñas no le pasen factura a la relación.

“Seguramente la clave esté en quitar importancia a los conflictos, valorándolos adecuadamente, sin exagerar las cosas ni poner etiquetas a nuestra pareja basadas en lo que nosotros pensamos, en lugar de preguntar al otro por qué actúa de una determinada forma en una situación concreta”, destaca.

“Es imprescindible centrarse en lo que es realmente importante, en lo que nos aporta la relación en el día a día, más que en un día especial o extraordinario, porque lo que da valor a una pareja es ese día a día”, concluye la psicóloga.