Moda para salir de la violencia

15/04/2018

La firma Dona Kolors ha llegado a Canarias por la puerta grande, la Feria Internacional de la Moda que hasta hoy se celebra en la capital tinerfeña. Y lo hace de la mano de La Casita, un servicio que desde 1988 atiende a mujeres que viven en contextos de prostitución en Tenerife. Este proyecto busca ofrecerles una alternativa laboral.

La firma Dona Kolors trae inevitablemente a la cabeza el nombre de una renombrada diseñadora norteamericana, pero ni el proyecto, ni la filosofía tienen nada que ver con Donna Karan. Dona en catalán significa mujer y la ropa de Dona Kolors está hecha por y para mujeres. . Estos días, los diseños en los que han trabajado decenas de mujeres, se han podido disfrutar y adquirir en el recinto ferial de la capital tinerfeña, donde hasta hoy se celebra la Feria Internacional de la Moda de Tenerife, y esta tarde serán los protagonistas del desfile en la pasarela de la Caja Negra.

Pero Dona Kolors, más allá de una firma de moda, es una marca social detrás de la que está un proyecto con que se quiere dar una alternativa laboral a las mujeres que viven en contextos de prostitución. Su aterrizaje en Tenerife llega de la mano del programa La Casita, un servicio de atención a mujeres en situación de prostitución de las Hermanas Oblatas, las mismas que crearon la firma en 2012 en Barcelona.

«Ese salto al diseño y a crear una marca social que han dado en Barcelona, aquí aún no lo hemos dado», dice Esmeralda Castro, trabajadora social de La Casita, que no duda de que «si se presentan los medios y la oportunidad» también podrán darlo. De momento, dice, haciendo de «plataforma» para Dona Kolors en Canarias, visibilizan lo que se está haciendo y que proyectos como este «existen y funcionan».

Moda para salir de la violencia

La Casita abrió sus puertas en 1988 en Santa Cruz de Tenerife. Fueron las propias usuarias las que le pusieron el nombre. Estaba a unos pocos metros de su sede actual, en la zona por excelencia de prostitución de Santa Cruz de Tenerife, la calle Miraflores. Igual que hace 30 años, las trabajadoras sociales y voluntarias llevan todas las mañanas el periódico a las mujeres y siguen hablando con ellas «e invitándolas a ir el centro», cuenta Esmeralda Castro, que asegura que «ese contacto se cuida mucho», tanto que las mujeres les dicen que son las únicas que se paran a ver cómo están.

Además de ese «trabajo de calle», la gran apuesta de La Casita es la formación. El primer contacto, explica Castro, se hace a través del Servicio de Información, Valoración y Orientación (SIVO), donde se establece un proceso de trabajo en el que las mujeres son las protagonistas de su propio cambio y quienes deciden. En La Casita las acompañan.

A través del proyecto Antonia (el nombre de la fundadora de la congregación) se les ofrecen talleres formativos para su crecimiento personal y para mejorar su empleabildad. Y es en este punto Dona Kolors enlaza con La Casita, con su taller de costura, en el que desde hace años se forman mujeres en situación de prostitución «perfectamente capaces, con una formación especializada, de insertarse», en este caso, en una empresa en la que la moda es el vehículo para salir de la violencia.

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