Negacionistas de profesión

01/07/2020

Países con líderes que subestimaron la Covid tienen los peores escenarios. Y son los mismos que niegan la crisis climática. ¿Aprenderemos la lección?

Tenemos negacionistas para todos los gustos: los hay del Holocausto judío y los que no admiten que el sida está causado por el virus del VIH; otros rechazan el papel fundamental de las vacunas alegando que detrás está el interés económico de las farmacéuticas y alertando de falsos efectos secundarios. Por supuesto, hay negacionistas del cambio climático, algunos muy relevantes, ya que lideran varios de los países con más peso en este castillo de naipes en el que se ha convertido el planeta, y así lo vocean pese al 97% de los científicos que coinciden en señalar al ser humano como pieza motora del calentamiento global. Además, en muchos y llamativos casos resultan ser los mismos que minusvaloraron la importancia de la pandemia, así como las medidas de protección a observar.

Líderes como Trump en EE UU (con 2,5 millones de contagios y 125.000 muertos), Bolsonaro en Brasil (segundo país más afectado con 1,2 millones de casos y 55.000 muertes); Johnson en Reino Unido, que solo rectificó su visión relajada del asunto cuando el Imperial College de Londres alertó del medio millón de muertes que sufriría el país si no se endurecían las medidas... llevan años oponiéndose a las evidencias del desastre del clima. Johnson publicó una columna en el diario ‘The Telegraph’ en 2015, cuando era alcalde de Londres, titulada ‘No puedo soportar este calor de diciembre, pero no tiene nada que ver con el calentamiento global’. En ella contaba que para saber qué estaba pasando había consultado a un experto... que curiosamente pertenecía ese 3% negacionista. En cuanto a Trump y Bolsonaro, son de sobra conocidas sus opiniones en este asunto, que en el caso del primero le han llevado a sacar a su país del Acuerdo de París, suscrito para contener el calentamiento. ¿Sorprende esta coincidencia entre negacionistas climáticos y los que minusvaloraron el coronavirus? No a Fernando Valladares, profesor del Museo Nacional de Ciencias Naturales, perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): «No es ninguna coincidencia, sino una situación sencilla y tristemente habitual. Las opciones políticas y los líderes populistas cuya principal visión de gobierno consiste en favorecer el desarrollo económico a cualquier precio no dudan en sembrar dudas sobre todo aquello que puede frenar o amenazar esa visión que ellos quieren convertir en misión. El cambio climático amenaza el uso de combustibles fósiles y la promoción de actividades industriales y de un modo de vida con una elevada huella ambiental y, por tanto, amenaza la economía tradicional y el rendimiento a corto plazo. Así que una estrategia habitual que cada vez da peores resultados pero aún funciona en el muy corto plazo es negar que existe cambio climático o que lo causamos nosotros. Y con la COVID-19 ocurre parecido, admitir que existe una pandemia grave y que requiere medidas de contención con un impacto directo en la economía significa dejar de cumplir esa misión, que quieren sacar adelante a costa de la vida y la salud de las personas».

«Con la Covid-19 hemos visto los resultados de negar la realidad. Lo mismo está ocurriendo con el cambio climático»

Asegura el experto que no hablamos de ineptitud. «Se trata de una grandísima habilidad de negar lo obvio y poder dormir por las noches, pese a tener impactos tan dramáticos en los ciudadanos, incluyendo sus propios votantes. Hace falta mucha habilidad para ser tan cruel y darle la vuelta a la realidad».

«El CO2 no es tan malo...»

Y eso que los bulos que utilizan los negacionistas suelen ser dislates, como que el CO2 no debe ser tan perjudicial si lo toman las plantas en su respiración y que nosotros mismos lo expelemos: «El núcleo duro de los bulos atribuye los cambios en el clima a causas naturales, llegando a extremos similares de surrealismo al de los ‘terraplanistas’. Llegan a decir que el cambio climático está causado por los volcanes, cuando las erupciones tienen el efecto contrario. Es cierto que los volcanes emiten CO2, metano y otros gases de efecto invernadero, pero la cantidad no es muy grande y predomina absolutamente la reflexión de la radiación solar de las cenizas y aerosoles, de forma que el balance térmico neto es de enfriamiento».

«Según las encuestas, los españoles se alinean con los científicos de forma mayoritaria»

Con la coincidencia entre ambas negaciones en la mano, invita Valladares a hacer una extrapolación: «En el caso de la COVID-19 hemos visto rápida y directamente los resultados en contagios y vidas humanas de negar la realidad científica. Lo mismo está ocurriendo con el cambio climático, que trae ya muertes y disfunciones sociales, y la negación por parte de algunos dirigentes hace muy lenta la toma de medidas globales a la escala del problema». Considera que, afortunadamente, los negacionistas climáticos son muy minoritarios: «Es sorprendente que existan negacionistas, del mismo modo que es sorprendente que haya personas que no vacunan a sus propios hijos y en ocasiones los ven morir, además de causar un problema sanitario general. Pero no hay tantos, ni en el público general ni en las redes. Lo que ocurre es que sus posturas son tan extrañas que llaman la atención y ellos mismos suelen ser muy llamativos y provocadores al defenderlas. Unos pocos, se notan mucho. Pero siempre han sido pocos y cada vez son menos».

Surge en EE UU

El biólogo ambiental Francisco Heras Hernández, consejero técnico de la Oficina Española de Cambio Climático, del Ministerio para la Transición Ecológica, responde a algunas cuestiones.

– ¿Cuándo surge el movimiento negacionista climático?

– En un principio, se desarrolla con fuerza en EE UU y es, en sus inicios, heredero de movimientos previos de carácter similar, como el que negaba que el tabaco sea pernicioso para la salud.

–¿Hay varios tipos de negacionistas climáticos?

– Hay quienes niegan los hechos («el cambio climático no existe» o «es un invento interesado»); otros rechazan la causalidad humana («es un fenómeno natural»); algunos niegan su peligrosidad («es algo bueno», «tiene más beneficios que perjuicios...») y otros defienden la inacción argumentando que «hay cosas más importantes a las que deberíamos prestar atención». Lo más sorprendente es que muchos abrazan todos estos argumentos de forma simultánea, pese a que en muchos casos son incompatibles entre sí. También puede considerarse negación no querer darse por enterado, ignorar el tema, rechazar la información o pretender que se resolverá por sí solo.

– Al principio, el grupo de expertos que negaba de alguna manera el calentamiento del planeta era mucho más abultado.

– Los consensos en la comunidad científica han sido siempre más elevados de lo que parecía. Las posiciones escépticas se han sobrerrepresentado durante años en los medios de comunicación, quizá buscando resaltar las controversias para aumentar el interés de la información. Pero la ciencia tiene sus medios para medir el nivel de consenso y, en las cuestiones básicas, es elevadísimo desde hace mucho.

– Pero llama la atención la cantidad de opiniones negacionistas en las redes sociales...

– Según las encuestas realizadas para conocer las opiniones de los españoles en la última década nuestra sociedad se alinea mayoritariamente con los científicos. Aunque hay que reconocer que los humanos tenemos facilidad para ignorar aquella información que nos resulta inconveniente o desagradable. Basta repasar la cantidad de expresiones que tenemos para describir esta respuesta: mirar para otro lado, hacer oídos sordos, no querer darse por enterado, seguir la política de la avestruz...

– ¿Quién está detrás del movimiento negacionista?

– Aquellos que ven en las respuestas frente al cambio climático una amenaza a su posición, sus intereses o sus ideas. Paradójicamente, la ‘amenaza’ que tratan de evitar (cambio en el sistema energético, aparición de regulaciones para limitar las emisiones...), es mucho menor que la que deriva de un cambio descontrolado y peligroso del clima.

– ¿Cuáles son las grandes falacias que manejan?

– La identificación de conspiraciones: si una mayoría aplastante de los científicos considera que algo es cierto, se argumenta que los individuos en cuestión se hallan implicados en una conspiración secreta. La utilización de falsos expertos y la denigración de investigadores más reconocidos. La selectividad en el uso de las fuentes científicas, la creación de expectativas imposibles de satisfacer sobre las aportaciones de la ciencia, por ejemplo, denuncian que no existían medidas de temperaturas precisas previas a la invención del termómetro...

Por incultura, hartazgo, interés, miedo, política...

Miguel Gutiérrez Garitano, aventurero, escritor, miembro de la Sociedad Geográfica Española y encendido defensor de la naturaleza, suele toparse con ‘trolls’ en su Facebook cada vez que escribe algo relacionado con el cambio climático. «¿De dónde sale tanto negacionista?», se preguntó un día. Aquí se responde: «En primer lugar, de la incultura. Hay consenso entre los científicos, pero siempre habrá quien, por ignorancia, prefiera teorías sencillas, mágicas, insensatas o marginales de desaprensivos». Menciona después el «interés, desde los potentados que basan sus riquezas en los combustibles fósiles hasta los mineros del oro del Amazonas, que viven en una gran miseria». Apunta en tercer lugar al «miedo» de las mentes más vulnerables que, ante un grave problema, prefieren negarlo que afrontarlo «y se agarran a la salida más fácil, aunque sea falsa».

En otros casos, hablamos de una «reacción por hartazgo;hay personas que se dicen ecologistas pero han contribuido a desprestigiar el movimiento al conducirse de forma fanática, o usando del sermón o el señalamiento en vez del ejemplo personal y la opinión. Y el que se siente injustamente tratado o sermoneado, reacciona en sentido inverso, aunque algunos se hartan sin razón y por prejuicio; son los que no toleran a Greta Thunberg por ser menor y mujer». Otros niegan por «antagonismo político, sobre todo gente de derechas que percibe el pensamiento ecologista como propio de las izquierdas y, por eso, lo ven como algo a combatir». Y por último cita a «conspiranoicos y desconfiados, que caben en incultura: en un momento de desprestigio capitalista, occidental y científico, creen que tras cada iniciativa ecologista hay intereses económicos ocultos... Son los que niegan la ciencia farmacéutica por reacción al exceso de algunas firmas concretas, pero eso es como negar la eficacia del hormigón armado porque las empresas constructoras cometan delitos».