l. a. gómez

Los mataderos tendrán cámaras para garantizar el buen trato a los animales

España es el primer país de la UE en implantar este sistema de control, que será obligatorio en un año en los negocios grandes y en dos en los pequeños

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

Todos los mataderos de España, sean grandes o pequeños, industriales o tradicionales, deberán instalar en pocos meses un completo sistema de videovigilancia en sus dependencias. El objetivo es garantizar que durante todas las fases del proceso la industria y sus empleados dan un trato correcto a los animales y cumplen estrictamente con las normas para un sacrificio compatible con el bienestar animal y con la seguridad alimentaria.

La medida permitirá controles eficaces por parte de los inspectores con los se quiere desterrar situaciones de crueldad animal en salas de sacrifico como las que cada cierto tiempo se denuncian en webs y redes sociales, con imágenes indignantes logradas por organizaciones o particulares normalmente de forma clandestina.

El Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio de Consumo, aprobó hoy un real decreto ley que obliga a los aproximadamente 2.800 mataderos que hay en este país, buena parte de ellos pequeños y casi familiares, a instalar cámaras y aparatos de grabación permanentes en todo el recinto. Los de mayor tamaño contarán con un año para cumplir las exigencias de la ley y los más pequeños con un máximo de dos. El único límite será respetar la intimidad de los trabajadores, por lo que la captación de imágenes estará excluida de vestuarios, aseos y comedores o zonas de descanso.

EL DATO:

  • 900 son los millones de aves, fundamentalmente, y cabezas de ganado que se sacrifican cada año en los mataderos españoles. España es una de las grandes potencias de la industria cárnica, que mata 53 millones de cerdos, 41 de conejos o 2,5 millones de terneros y vacas.

El sistema debe garantizar que se guardan todas las horas de grabación de todas las cámaras para que se puedan realizar posteriormente las comprobaciones pertinentes por los inspectores y también que las imágenes pueden ser descargadas o transferidas a monitores, discos duros y otros formatos digitales.

De la descarga al sacrificio

Las cámaras no solo estarán en las zonas de sacrificio. La videovigilancia persigue asegurar el bienestar animal desde la llegada de los animales al recinto hasta su sacrificio y despiece, pasando por la descarga, el traslado, la introducción en establos y los procesos de aturdimiento previos a la muerte. Por ello, el sistema abarcará, como mínimo, las instalaciones en las que los animales estén vivos, incluida la zona de descarga, los pasillos de conducción y las salas de aturdimiento y sangrado.

Hace especial hincapié en el área de descarga, pues las imágenes permitirán comprobar en qué condiciones se ha realizado su transporte y si se tiene cuidado de que no se lesionen al descargarlos. Hay una segunda especificación destinada a la manipulación de aves y cerdos. Deben existir cámaras que graben el proceso de escaldado (el que facilita el desplumado y rasurado). La idea es que permitan comprobar que no se somete a estas operaciones a animales que aún están vivos.

900 millones de cabezas

Es una regulación pionera. El real decreto impulsado por Alberto Garzón convertirá a España en el primer país de la Unión Europea en establecer un sistema de videovigilancia obligado en esta actividad. En Europa solo cuenta con un nivel de exigencia similar Reino Unido. El Gobierno, en este caso a través del Ministerio de Derechos Sociales, prepara otra normativa con igual finalidad para implantar sistemas de videovigilancia en los laboratorios y centros que experimentan con animales.

La ley aprobada hoy trata de garantizar el bienestar animal en un sector con una gran dimensión y peso económico en España. En nuestro país se sacrifican cada año más de 900 millones de ejemplares, la enorme mayoría de ellos, 828 millones, aves. Entre las especies que más pisan los mataderos están también los cerdos, con 53 millones de sacrificios, los conejos, con 41 millones, o los dos millones de vacas, toros y bueyes que se matan para alimentar la hostelería y los hogares.