javier cotera

Mata a su expareja y su hija, de 11 meses, en Cantabria

El presunto autor ha sido detenido este viernes en El Astillero, después de que la familia de la víctima denunciase su desaparición

A. VERANO/ J. C. ROJO

La Guardia Civil detuvo este viernes a un hombre de 43 años, J. R. C., como sospechoso del asesinato de su expareja, Eva J. M., de 40 años y de su hija, de tan solo once meses, en la localidad cántabra de Liaño (Villaescusa). El supuesto autor del crimen, que incumplió la noche del jueves la orden de alejamiento que pesaba sobre él desde el 6 de noviembre, se presentó a las 12:00 horas de este viernes en el cuartel de El Astillero y negó ser autor de los hechos. Dos horas después la Policía Judicial hallaba los cadáveres de la mujer y la niña en el corral de la casa familiar de Liaño, ocultos bajo la lona de una piscina hinchable.

Para los vecinos de la zona era una extraña pareja. «No se relacionaban mucho con el resto del vecindario. Ella iba a trabajar todos los días y a él no se le veía», cuentan. Llevaban viviendo allí, en la 232 del barrio Santa Ana, en Liaño, los últimos tres años. «Las riñas eran recurrentes, porque se escuchaban golpes y gritos. Pero lo raro es que esta última vez no oímos nada», relatan. La vecina de una casa cercana confirma que la tarde del jueves pudo ver a Eva aparcar a su llegada al inmueble, alrededor de las cinco de la tarde. Horas después, cuando ya había caído la luz, la Guardia Civil se personó en la zona y según cuentan los testigos, «el hombre salió de la casa con una mochila y se despidió, confirmando a los agentes que ya se iba, que no iba a hacer nada y que no pasaba nada». Lo que ocurrió dentro no se sabe con certeza, pero lo que es evidente es que el hombre había quebrantado una orden de alejamiento.

Así quedó la cosa hasta que en la mañana de ayer, en entorno de Eva se alertó porque no era capaz de comunicarse con ella. Su familia estaba al tanto de que sobre él pesaban medidas cautelares dictadas por el Juzgado de lo Penal Número 5 de Santander desde el 6 de noviembre. Ante las sospechas de que algo malo podía haber ocurrido tanto la madre como la hermana, que tenía llaves de la vivienda, se personaron en el inmueble de Liaño.

Eran poco antes de las diez de la mañana y en el interior no encontraron rastro de la mujer ni de su bebé; pero la escena que presentaba la casa hacía temer que algo malo había ocurrido. «Estaba todo como en las películas cuando ocurre algún robo, con la ropa por los suelos, el microondas destrozado, los muebles abiertos, etc», explicaron estos testigos a fuentes policiales.

La Guardia Civil citó en el cuartel de El Astillero a J. R. C., que acudió voluntariamente. Desde el primer momento, en conversaciones con los agentes, el hombre negó taxativamente cualquier responsabilidad en los hechos. Lo hizo en el mismo momento del arresto y también durante todo el día. A pesar de que las autoridades policiales vierten sobre él todas las sospechas, él se mostró abatido en todo momento, llorando y declarándose inocente. Fue a las dos de la tarde, con el presunto homicida aún en el cuartel, cuando un equipo de la Policía Científica localizó ambos cuerpos ocultos en el corral.

Tras ser detenido por un quebrantamiento se han descubierto los cadáveres

Según informaron fuentes judiciales, la titular del Juzgado de Instrucción Número 3 de Santander, María del Prado García, ha decretado el secreto de sumario de este caso. El detenido ya tenía una orden de alejamiento dictada por el Juzgado de lo Penal Número 5 de Santander desde el 6 de noviembre. La expareja le denunció por un maltrato con lesión y por amenazas. Tenía antecedentes, había sido condenado ya por un delito previo de violencia de género por amenazas y tenía otras condenas de otro tipo. En esa ocasión, ella le denunció porque él la había golpeado. Llegaron a casa con su hija y él le dijo: «Ahora vas a saber lo que te espera». Entonces el detenido le enseñó un cuchillo y le dijo: «Mira cómo corta». Y empezó a romper cosas en el domicilio.

El caso llegó al Juzgado de Violencia sobre la Mujer Nº1 de Santander, que se encargó de la instrucción. Puso una orden de protección y practicó las diligencias correspondientes. Después remitió el asunto al Juzgado de lo Penal 5 para su enjuiciamiento, ya que él no se conformó con la pena que le pedía el fiscal por los hechos denunciados por su expareja. El juicio se celebró y quedó visto para sentencia.