Zoonosis, o cómo las mascotas nos transmiten sus enfermedades

27/02/2020

Coronavirus. Va a hacer casi dos meses que no se habla de otra cosa. Y lo que queda. Con el aumento del número de casos y su salto desde Asia al resto del mundo la incertidumbre es cada vez mayor y urgen respuestas a las preguntas que se hace todo el mundo.

Lo único que parece demostrado hasta el momento es que el origen es animal pero, quien tenga mascotas, por ahora puede estar tranquilo: «No hay evidencia de que los animales que tenemos en casa puedan ser un foco de contagio de la enfermedad», advierten en la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales. Además, la Organización Mundial de Sanidad Animal aclara que «a pesar de que el virus COVID-19 tiene origen animal, la transmisión posterior predominante es de humanos a humanos».

Nuestras mascotas no van a contagiarnos el coronavirus, pero sí pueden transmitirnos otras enfermedades más comunes de las que hay que prevenirse. La rabia, por ejemplo, un virus transmitido por la mordedura de perros o gatos infectados, fue la causa de la muerte de un hombre en Vizcaya el pasado mes diciembre después de que un gato infectado le mordiera durante un viaje a Marruecos. Por su parte, la leishmaniosis, una enfermedad parasitaria que se ha detectado en gatos, perros y hurones, se ha duplicado en los últimos cinco años en la Comunidad Valenciana, según el Consejo Valenciano de Colegios de Veterinarios.

Esta transmisión de patógenos de animales a personas se conoce como zoonosis y recoge enfermedades como la tiña -infección cutánea provocada por varios tipos de hongos que suele producir manchas redondas y rojas con límites escamosos elevados-, la toxoplamosis -transmitida por el contacto humano con las heces del gato o a través de carne y derivados deficientemente procesados-, la enfermedad de Lyme -provocada por garrapatas infectadas con la bacteria ‘Borrelia’-, la criptococosis - relativa a las aves y que puede derivar en neumonía-, o la salmonelosis -cuyos síntomas más característicos son: dolor abdominal, diarrea, vómitos y fiebre.

El contagio puede ser directo, si la infección se propaga por el contacto con la saliva o a través mordeduras o arañazos; o indirecto, si llegan a los humanos a través de vectores como mosquitos o garrapatas infectadas, o por microorganismos presentes en la orina y las heces.

«Lo más importante cuando se tiene una mascota es llevar un correcto control veterinario. Las vacunas y los tratamientos antiparasitarios son fundamentales, y realizarle una revisión completa nada más adquirirlo también es recomendable para conocer su estado de salud, sobre todo si se trata de un animal callejero», expresa Fernando Fariñas, doctorado en Medicina, Biología y Veterinaria y director del Instituto de Inmunología Clínica y Enfermedades Infecciosas.

Fariñas coincide con la OMS en que para evitar potenciales enfermedades al convivir con animales «la preocupación y ocupación esenciales deben ser las medidas de higiene básicas, como: lavarse las manos o ponerse guantes al limpiar el arenero». Además, hace especial hincapié en que «las embarazadas y las personas cuyo sistema inmunitario está debilitado deben extremar las precauciones porque, en esta situación, el contacto con cualquier microorganismo procedente de los animales o del ambiente es mucho más perjudicial y puede incluso ser mortal». «Lo ideal en estos casos es interactuar lo menos posible con las mascotas», añade.

El especialista tampoco recomienda prácticas como besar en la boca a los perros o los gatos, en concreto los niños, cuyo sistema inmunitario no está lo suficientemente maduro como para hacer frente a determinadas infecciones que se transmiten a través de la saliva. «A las mascotas hay que quererlas y acariciarlas, pero no hace falta llegar al punto de intercambiar fluidos con ellas», insiste. Algunas de las patologías más comunes transmitidas por las babas de perros y gatos son: la rabia e infecciones originadas por la mordedura de perros o los arañazos de gatos. A pesar de todo, Fariñas destaca que «afortunadamente para nosotros, la mayoría de las enfermedades animales no son transmisibles a los humanos».

De humanos a animales

Lo mismo ocurre en el caso contrario, aunque a una escala infinitamente más pequeña. Es decir, los humanos no pueden contagiar a los animales casi ninguna de sus infecciones, pero sí algunas de ellas. Es lo que se conoce como ‘zoonosis inversa’.

Los casos son anecdóticos, pero existen. En 2004, un Yorkshire terrier de tres años, de Tennessee, fue diagnosticado de tuberculosis después de que su dueño recibiera tratamiento contra dicha infección durante seis meses. Cinco años más tarde, en 2009, siete chimpancés enfermaron y uno incluso murió en un zoológico de Chicago a causa de una infección por Metapneumovirus propagada por sus cuidadores. En el mismo año, investigadores de la Universidad de Edimburgo demostraron que una cepa de bacterias saltó hace unos 40 años de los humanos a los pollos coincidiendo con un movimiento hacia prácticas intensivas de avicultura.

Sin embargo, varios estudios científicos, entre los que se encuentran los desarrollados por el Grupo ‘Resistencia a los Antibióticos, Seguridad Alimentaria y Salud Pública’ de la Universidad de La Rioja, ponen de manifiesto que uno de los mayores problemas de la zoonosis y de la zoonosis inversa es el intercambio mutuo de bacterias resistentes a los antibióticos entre humanos, animales domésticos y vida silvestre, pues la resistencia a los antimicrobianos está considerada por la OMS una de las mayores amenazas para la salud pública y mata cada año a 700.000 personas.