Más barbudos tras el confinamiento... ¿tendrán más éxito sexual y laboral?

22/05/2020

Algunos se han dejado vello facial por experimentar y otros por vagancia... pero ahora se ven bien y reciben piropos. Factores biológicos y emocionales explican el tirón de la barba

Durante la etapa más dura del confinamiento, en las reuniones virtuales que eran la única posibilidad de verse las caras, hubo algunas sorpresas muy gratas. De repente, ese chico que pasaba desapercibido, el jefe que tenía siempre esa pinta tan pulida y poco sexy, el amigo que parecía algo crío y con escaso tirón sexual... ¡Aparecían en las pantallas con unas barbitas que les sentaban de fábula! Su atractivo había crecido a la par que su vello facial. Y, claro, aunque en principio sólo lo hiciesen como experimento o, simplemente, por no afeitarse, algunos han recibido tantos piropos y se han visto tan favorecidos que no piensan pasarse más la maquinilla.

Este éxito de las barbudos no es algo inexplicable. De hecho, hay estudios para todos los gustos sobre la atracción que ejercen los hombres con vello facial. Existen explicaciones antropológicas, culturales, psicológicas y hasta biológicas que tratan de desentrañar por qué a muchas mujeres, y también a muchos hombres homosexuales, se les despierta el deseo al ver a un chico con una barba bien plantada. De hecho, hasta se ha acuñado el termino pogonofilia para englobar a todos aquellos que sienten esta atracción de modo irrefrenable.

¿En serio que la barba es la panacea de la seducción? «No es un mito... ¡es cierto! Por eso el que prueba se la queda, casi seguro. No sólo hay estudios científicos que lo avalan. Nosotros, en nuestras redes sociales, lo vemos todos los días –explica Guillermo Prada, fundador y responsable de Soybarbudo.com, una referencia en España con web y revista propia sobre este ‘lifestyle’–. Más del 90% de los que se han dejado barba aseguran que ligan más».

Eso sí, según Prada, el tirón de los chicos con barba tiene matices, ya que sobre todo son mirados con buenos ojos por las chicas que buscan algo más que un rollete de una noche. «Los barbudos triunfan, sobre todo, entre las personas que buscan una relación estable y seria». Y, esto, según detalla, tiene una explicación muy sencilla. La barba transmite responsabilidad y madurez. Y también lanza otro mensaje: que el hombre que la luce «es cuidadoso con su aspecto y le gusta arreglarse y eso es un valor». ¿Pero no era al contrario, un rasgo de vagancia, de no querer afeitarse? «¡Para nada! Requiere mucha atención, no es para guarros o dejados como se creía antes. Para empezar, hay que ir cada tres semanas a arreglarla. Y, luego, cuidarla. Nosotros tenemos la oficina que parece el Disneyland de las barbas, con champús y aceites específicos, cepillos, bálsamos», indica Prada.

Lo cierto es que, como dicen medio en broma medio en serio en las redes sociales, «a cuántos feos les ha hecho la barba un gran favor en Tinder». Está claro que disimula muchos defectillos: papadas, falta de mentón, marcas de acné, la forma de la boca, las caras demasiado redondas, la largura de la nariz, cicatrices... Por eso, a veces, quitársela es un desastre. Que se lo digan al actor Jason Momoa, el famoso Khal Drogo de ‘Juego de tronos’. Con su afilada barba negra, sus músculos y su mirada penetrante perfilada en negro, hacía saltar el corazón en el pecho de muchas y muchos. Pero, cuando no rodaba la serie y se la quitó... ¡Qué bajón! «Fue un desastre. Había dejado de ser interesante. Corriendo se la volvió a poner», recuerda Prada.

DiCaprio y Lincoln

Vamos, que hay quien descubre que con barba gana ‘punch’. Y también quien sube en prestigio. «Leonardo DiCaprio, siempre con su cara de niño, se dejó barba y a continuación la ONU le ofreció un puesto como embajador para charlas sobre el cambio climático. Yo creo que el cambio le dio madurez –afirma Prada–. Y a Abraham Lincoln, que tenía ese rostro tan alargado y algo demacrado, le aconsejaron que se dejase su icónica barba, porque así se ganaría más fácilmente la confianza de los votantes. Bueno, el propio Pablo Casado en las elecciones internas del PP se dejó barba, quizá buscando mostrar una imagen de mayor experiencia».

Al final, la barba sirve tanto para seducir a las posibles parejas sexuales, como a votantes o empresarios que te hacen una entrevista de trabajo. «Al final es todo lo mismo –asegura la psicóloga y sexóloga Lurdes Lavado, de Albora-Bide–. La barba hace pensar en seriedad y madurez». Dos cuestiones que pueden ser un valor en el amor y en el ámbito laboral.

En el caso de la atracción física, Lavado cree más en el poder «emocional» que transmite una barba que en razones de índole científica. «La barba transmite virilidad, masculinidad –defiende la sexóloga–. En la simbología, define al hombre-hombre como tal. De hecho, llamar ‘imberbe’ a alguien es algo que a veces se usa peyorativamente para referirnos a la inmadurez, a la falta de hombría, porque, claro, los adolescentes no la tienen». Pero, ojo, todas estas señales que la barba transmite al subconsciente pueden ser un ‘bluff’. Ser o no una buena pareja no depende de la cantidad de pelos que un hombre tenga en la cara. «¡Uy, menuda trampa si se fían de eso!», alerta Lavado.

Así que quizá sea un ‘disfraz’ para atraer, como lo es la ropa, el pelo... La Naturaleza está llena de ellos. Desde el punto de vista de la biología, los animales tienen rasgos sexuales primarios, que son los genitales, necesarios para la reproducción, y secundarios, que, según decía Darwin, sirven para atraer a las hembras y también para tener una presencia más fuerte en las peleas por el territorio o el alimento. Por ejemplo, el tamaño de los cuernos de los alces, las colas de los pavos reales o la melena de los leones son atributos sexuales secundarios. Y, sí, las barbas de los humanos también lo son (bueno, no tan secundario para pogonofílicas y pogonofílicos). Muchos recurren a ellas, inconscientemente en ocasiones, cuando se produce una lucha por la vida (o por un empleo o una pareja, que viene ser lo mismo). «Los hombres dejan de afeitarse cuando las cosas se ponen duras», resume el biólogo evolutivo Rob Brooks, de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Por ejemplo, en momentos de paro elevado, aumentan las barbas para ‘gustar’ a los contratadores.

Según afirma Brooks en un artículo publicado en ‘Medium’, esta es una de las causas por las que ‘hashtags’ como #IsolationBeard (barba de aislamiento) han triunfado en las últimas semanas. Brooks tiene claro su vaticinio para cuando llegue la pospandemia sin mascarillas, enemigas naturales de la barba junto con las cuchillas de afeitar: «Cuando finalmente emerjamos de nuestras casas después de Dios sabe cuántos meses, podemos esperar que la población adulta parezcan osos ‘grizzlies’ despertando de la hibernación».

Picos de barbas tras el crack del 29 y la crisis económica de 2008

Está claro que también hay personas a las que les repele la barba. No obstante, un estudio del ‘Journal of Evolutionary Biology’ pidió a 8.500 mujeres que valorasen el aspecto de hombres con vello facial y sin él y determinó que los barbudos eran sus preferidos para mantener relaciones a largo plazo. Pero, ojo, les gustaban más unas barbas que otras. Las mejores valoraciones las obtuvieron los hombres con barbita de tres a diez días, seguidos de los que lucían barbas completas. En último lugar estaban los de las barbas de un día. Rob Brooks, el científico detrás de la investigación, afirma que después de la crisis económica de 2008 hubo un pico de barbudos debido a que este ‘look’ ayudaba, al parecer, en las entrevistas de trabajo. Se asociaba a personas responsables y adaptables (ya que el afeitado se consideraba algo pre-crisis). También pasó tras el ‘crack’ del 29 y, según Brooks, va a volver a pasar ahora.