Manual de resistencia, ¿o de resiliencia?

11/04/2020

Qué es y cómo tener la cualidad más citada de la crisis

Europa necesita desarrollar mecanismos de resiliencia para salir airosos de esta crisis», recalcaba Pedro Sánchez en su penúltima comparecencia de sábado de cuarentena. Re-si-lien-cia... ¿Le suena? Raro sería que no. Está en boca de todos. Quién le iba a decir al presidente del Gobierno hace unos meses que su libro ‘Manual de resistencia’ bien podría haber sido de resiliencia. Porque realmente esto es lo que va a hacer falta a toda la población para superar esta insólita experiencia impuesta por la pandemia.

A pesar de ser poco común, el término ha arraigado con fuerza en la jerga nacida del confinamiento. Cobra protagonismo cada vez que un acontecimiento traumático acapara la atención mediática mundial. En 2016 fue uno de los términos más buscados por los internautas (año de los atentados islámicos en Europa), y volvió a nuestro vocabulario en 2018 con el angustioso rescate de los nueve niños de un equipo de fútbol infantil que quedaron atrapados en una cueva de Tailandia. ‘¡Todo un ejemplo de resiliencia!’, proclamaron analistas de todo el mundo al unísono. Salvando las distancias entre otros hechos históricos, el momento actual vuelve a ponernos a prueba en esta asignatura, aún pendiente para muchos. ¿Pero es realmente conocida la profundidad de este concepto?

Palabras de inspiración
Malala Yousafzai:

«Los terroristas pensaban que podían cambiar mis objetivos y frenar mis ambiciones, pero nada cambió en mi vida excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza murieron. La fuerza, el poder y el valor nacieron».

Tomás Moro:

«Si te enfocas en la herida seguirá sufriendo; si te enfocas en la lección, seguirás creciendo».

Boris Cyrulnik:

«La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes, el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido; la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma. Más que resistir, consiste en aprender a vivir».

Nelson Mandela:

«La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre».

Hans Christian Andersen:

«Me alegro de haber sufrido problemas porque disfruto mejor del placer y la felicidad que me rodean».

Charles Darwin ya en el siglo XIX hablaba de ella sin nombrarla directamente. «No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios», observaba. Esto último es lo primero que define al resiliente: su capacidad de adaptarse a las circunstancias que le toca afrontar. Con una actitud más cercana al junco que a la roca. Y además, saca un aprendizaje posterior que le hace superarse y crecer. «Quienes han desarrollado esta cualidad se niegan a romperse cuando reciben un golpe», explica la neuropsiquiatra experta en la material, Rafaela Santos, mientras matiza que «no debe ser entendida como un acto de resignación». Esta última nos convierte en víctimas; la resiliencia es, en cambio, fortaleza.

Cuando vemos repetir hasta la saciedad frases que animan a hacer ver que «sí se puede» no se está apelando a otra cosa que la sensación de sentirse competente para salvar obstáculos, aunque no se sepa realmente cómo lo vamos a conseguir. «Esa sensación, ese convencimiento, hace que no se genere tanto estrés en el proceso», apunta Santos, presidenta desde 2010 del Instituto Español de Resiliencia, organismo dedicado a la divulgación de esta disciplina. El miedo genera estrés y el estrés bloquea. Si éste se controla, la capacidad de las personas para actuar crece. «Esta actitud se llama ‘resourcefulness’», define la citada experta.

El contexto

¿La situación que vivimos es realmente motivo para hablar tanto de resiliencia? Jesús Miranda, director de la Cátedra de Seguridad, Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga, no lo duda. Puede haber distancia entre otros hechos históricos, pero el actual no desmerece. «En esta crisis, la forma de cubrir las necesidades psicológicas se ve alterada severamente. Para ello necesitamos las relaciones con otros, por ello, la interrupción de la vida social puede llegar a ser muy estresante y derivar en cuadros posteriores que deben ser tratados. En definitiva, tenemos la percepción de que la situación escapa a nuestro control y podemos sentir inseguridad que se va a manifestar a nivel cognitivo (confusión, falta de concentración, etc.), a nivel emocional (sentimiento depresivo o tristeza, ansiedad, ira, etc.) y a nivel conductual, lo que puede generar conflictos en el hogar», reflexiona.

El entrenamiento de esta capacidad de adaptación y superación es posible. No es necesario llegar a experimentar un hecho traumático, sino que se puede aprender y fomentar. Tal y como menciona Miranda, sería bueno que se hiciese en programas específicos para colectivos vulnerables, como los equipos de emergencias que intervienen en catástrofes. En el caso de la pandemia sería el personal sanitario. Rafaela Santos recuerda que hay personas que poseen esta capacidad de forma innata, pero desde el Instituto recomiendan entrenarla previamente porque, al margen de grandes traumas, la vida está llena de adversidades que nos ponen a prueba. «La promovemos en colegios, en la familia, en empresas, en la sanidad, en el deporte y en cualquier ámbito de la vida», explica.

Esta preparación previa es posible gracias a que esta cualidad tiene un factor biológico importante. No es solo un recurso psicológico, sino que consiste en una respuesta neuronal adaptada y se logra a través de la denominada «neuromodelación». A esto se refería Santiago Ramón y Cajal cuando proclamaba que cada persona podía ser escultor de su propio cerebro.

Este órgano vital soporta mal la incertidumbre, como la que estamos viviendo en el momento actual. Está diseñado para lograr nuestra supervivencia y digamos que, para prevenirnos, basándose en la experiencia de siglos de evolución, tiende a ‘ponerse siempre en lo peor’. Pero en función de la información que le enviemos, éste interpreta la situación como un problema o un reto. Si se siente amenazado, se centra en el problema poniendo en marcha los circuitos del miedo, se eleva el cortisol y la adrenalina que nos pone en guardia, activando la lucha o la huida, junto con el estrés. Si ve un reto, el cerebro busca también la solución pero segrega otras sustancias como la oxitocina, para desarrollar confianza, bienestar y resiliencia encaminada al éxito. «Como vemos, nuestros pensamientos y emociones tienen una relación directa con los procesos fisiológicos», explica Santos.

Una buena escuela de resiliencia es, según los expertos, el deporte. Lo primero que éste enseña es a levantarte cada vez que se cae, ya sea física o psicológicamente. Pero lo más importante es que los deportistas siempre analizan en qué han fallado. Con ello sacan una lección que les ayude a superarse. El futuro dirá cuál será la que obtendremos de esta crisis para crecer como sociedad.

Entrevista con Rafaela Santos. Presidenta del Instituto Español de Resiliencia «Esto nos ayudará a reordenar las prioridades y saber a dónde vamos»

Rafaela Santos es neuropsiquiatra y presidenta del Instituto Español de Resiliencia, un organismo que nació en 2010 para estudiar y difundir los pormenores de una cualidad que, creen, resulta fundamental para nuestra sociedad cambiante. Esta neuropsiquiatra es autora de varios libros, entre ellos, ‘Levantarse y luchar’, con experiencias inspiradoras de personajes históricos como Tomás Moro, Andersen, Mandela o Victor Boris Cyrulink.

–En las personas resilientes hay un aprendizaje posterior a la superación. ¿Cuál será el que obtengamos de la pandemia?

–Dependerá de cada uno. Todos hemos tenido la oportunidad de hacer un proceso de reflexión ante el frenazo brusco de actividad, que nos ha confinado en nuestros domicilios. Las circunstancias que de golpe nos han puesto en esta situación son muy duras y con graves consecuencias, pero quizás podemos aprender mucho si somos capaces de reordenar prioridades y saber a dónde vamos. Vencer el sinsentido del activismo que lleva a no tener tiempo para lo importante, puede consolidar un cambio esencial tanto en nuestro modo de vivir como en crear una sociedad más humana, donde encontremos el sentido de la felicidad en las cosas sencillas. Pero también puede ocurrir que, después de tantos aplausos a los sanitarios, volvamos a la rutina y a la queja por cualquier nimiedad.

–¿Podemos fijarnos en episodios de nuestro pasado?

–Nuestra querida España es un ejemplo de resiliencia y de vencer situaciones difíciles. Nuestros padres y abuelos supieron reinventarse después de una guerra fratricida, donde la razón no tenía entrada. Esa generación levantó el país y se hizo muy fuerte. Nosotros hemos vivido en la sociedad del bienestar como consecuencia de su esfuerzo y no estamos sabiendo transmitir a la siguiente lo esencial para ser felices. Nunca hemos tenido tanto y necesitado tanta ayuda psicológica y psiquiátrica. No sabemos hasta donde tendrá alcance lo que está pasando pero, como decía Viktor Frankl, lo que daña al hombre no es el sufrimiento sino no encontrarle sentido. La historia nos ha demostrado que hemos sabido salir adelante, unidos, de situaciones muy difíciles. Y esta batalla de la COVID19 también la vamos a ganar.

–¿Cuál es su personaje histórico más inspirador a la hora de hablar de esta disciplina?

–Una de las gestas históricas que personalmente más me inspiran es la de Blas de Lezo, el llamado ‘medio hombre’ porque fue perdiendo en sucesivas batallas un ojo, una pierna y un brazo, pero ha sido el héroe más grande de la Armada Española. Resistió el asedio de Inglaterra en 1741 cuando envió a Cartagena de Indias 186 barcos bombarderos y 24.000 soldados para adueñarse de la conquistada América, pero no contaron con el valor y la resiliencia de Blas de Lezo y los españoles que, para su defensa, solo contaban con seis naves y 3.000 hombres. La diferencia entre el español y el ejército enemigo era abrumadora, pero esto no impidió su defensa hasta conseguir la victoria, impidiendo la conquista del Nuevo Mundo por parte de Inglaterra. Si se hubieran rendido hoy toda Latinoamérica hablaría inglés. Se dice que nadie nunca, ni antes ni después, logró emular semejante hazaña. Esto indica resiliencia porque no consiste solo en tener valor, sino en desplegar estrategia y tener confianza en poder vencer y no rendirse. Uno de nuestros lemas del Instituyo de Resiliencia está inspirado en este hecho: ‘Nunca te rindas’.