La otra crisis del coronavirus

Aun no había transcurrido una semana de cuarentena y ya se hablaba del ‘boom’ de crisis matrimoniales que provocaría el encierro por decreto. Transcurridas ya cinco, y con la perspectiva de pasar otras tres entre cuatro paredes, puede que la realidad que se viva en el seno de muchos hogares españoles no dé para ser muy optimistas.

ROCÍO MENDOZA / MADRID

China, el triste espejo en el que nos miramos, ya ha confirmado los titulares más agoreros del principio: los divorcios se han disparado una vez que el país ha vuelto a la rutina. Hay lista de espera y largas colas en las oficinas donde se llevan a cabo estos trámites. En un día pueden llegar a tramitarse hasta 88 separaciones en un registro.

En España, el 60% de los matrimonios está divorciado en la actualidad. Según este dato, aportado por el abogado de familia Alberto García, «más de la mitad de los niños españoles tienen a sus padres separados». El Instituto Nacional de Estadística (INE) revela que c asi 100.000 parejas decidieron poner fin a su matrimonio en 2018 (el último año analizado). 95.254 divorcios y 4.098 separaciones hubo ese año. ¿Aumentará la cifra? Todos los expertos en asuntos de pareja creen que sí. La convivencia más estrecha no ayuda. Lo ven tras cada periodo vacacional. Y ese es voluntario, no forzado como el actual. Pero quizá no deba entenderse como causante directo.

A falta de cifras futuras, lo único que se sabe ahora es que el confinamiento, la convivencia estrecha, actúa como catalizador. Es decir, hace aflorar lo que ya subyacía en la pareja. La cuarentena no será, por tanto, el desencadenante de un divorcio, sino el escenario donde se vería si la pareja está en ese punto. «Es lo que nos dicen las investigaciones realizadas en momentos de crisis. Si había problemas anteriores, se exacerban durante el confinamiento. No se trataría de pequeños conflictos diarios, sino problemas de fondo. Hay parejas que tienen roces lógicos derivados de la convivencia estrecha, pero que pueden ser resueltas en el marco de una relación bien avenida», explica Adrián Montesano, director del máster de Terapia Sexual y de Pareja de la Universidad de Barcelona y profesor de la Universitat Oberta de Cataluña.

En este último grupo se encontraría una buena parte de la población. Según un informe de Funcas publicado esta semana, la mitad de los encuestados ( 49%) considera que las relaciones dentro del hogar han mejorado en el confinamiento; un 34% no aprecia cambios y un 17% opina que han ido a peor. Estos últimos compondrían las parejas en crisis que se han visto sorprendidas por la cuarentena.

Entender esta última como una oportunidad para el reencuentro, advierten, es un error que abocaría a más frustración. Hay que ser realistas. «La recomendación es que den el paso, que sepan que no están desamparados y busquen ayuda profesional. Que utilicen los servicios ‘online’ de consulta que ofrecen profesionales de la abogacía, la mediación y la psicología para que les ayuden a gestionar esta situación», apunta Montesano, quien se declara enemigo de los decálogos de consejos.

La casuística es amplia, y las parejas necesitan un traje a medida. Desde su punto de vista, los consejos pueden llegar a ser contraproducentes porque se ponen expectativas muy altas cuando, en realidad, de lo único de lo que se trata ahora «es de sobrevivir a esta situación y de sobrellevarla de la mejor manera posible». Para ello, si la pareja no tiene posibilidad de disponer de otra vivienda (una segunda residencia, de los padres, etc.) para cesar la convivencia, lo primero que deben intentar es primar la «ética relacional» por encima del conflicto. Esto es: «Mantener la compostura y la concordia más allá del conflicto personal» , aconseja Montesano. «Se debe reflexionar sobre qué actitud se quiere mantener, incluso después de separarse», añade. «Por otra parte, separarse puede ser la opción más saludable en algunos casos».

Es justo reconocer que en estas circunstancias «es difícil mantener la concordia», pero de hecho sería el único esfuerzo real que habría que hacer en esta situación excepcional. Y esto vale para parejas con o sin hijos. Con niños en casa, la recomendación es similar a la que los psicólogos y mediadores ofrecen en circunstancias normales. « Hay que ser sinceros, no ocultar, ser honestos y, sobre todo, ni culpabilizarlos ni meterlos en medio del conflicto. Esto último es tentador y se suele hacer incluso de forma inconsciente, es un movimiento natural el buscar un tercer aliado. Pero hay que evitarlo a toda costa. Hay que comunicar la situación como padres y, sobre todo, con un discurso consensuado previamente y comunicado a la vez, juntos, no cada uno por su lado», explica el experto universitario.

Es cierto que se pueden llegar a acuerdos de separación sobre el papel, que luego podrán ser formalizados legalmente en los tribunales cuando la actividad de asuntos jurídicos no esenciales se retome. Pero el problema ahora es lidiar con el malestar que puede generar la convivencia por obligación. Y no es un asunto menor. El malestar relacional crónico tiene repercusiones en el sistema inmune o el cardiovascular, por citar algunas. Está demostrado que las personas que lo sufren tienen hasta cuatro veces más posibilidades de sufrir un infarto, por ejemplo. «Cuando en una pareja rota surge un conflicto en este marco, genera una escalada de sentimientos negativos que pueden llegar a dañar la salud mental y física», concluye Montesano. Efectos colaterales que correrán a cargo de la pandemia.