Llegada al juzgado hoy de Francisco Javier García, conocido como «el Cuco», y su madre, Rosalía García. / EP

Las mentiras del Cuco y de su madre se saldan con dos años de prisión

Fueron juzgados por un delito de falso testimonio en el juicio por el asesinato de Marta del Castillo en 2011 y deberán indemnizar a los padres de la víctima con 30.000 euros por el "dolor innegable" causado

Mateo Balín
MATEO BALÍN Madrid

Las mentiras de Francisco Javier García, conocido como El Cuco, y su madre en su comparecencia como testigos en el juicio por el asesinato de Marta del Castillo en 2011 ya tienen castigo: dos años de prisión. El Juzgado de lo Penal de Sevilla ha impuesto la máxima pena posible para el delito de falso testimonio, reclamada por la acusación particular, ya que la Fiscalía solicitó ocho meses de cárcel para ambos.

Una pena que en todo caso evitará con toda probabilidad su ingreso en prisión al no rebasar los dos años y no tener los condenados antecedentes pendientes. Tampoco afectará a la sentencia firme sobre el asesinato de la menor sevillana, cuyo cuerpo nunca se recuperó, y por la que cumple condena desde hace 13 años el asesino confeso Miguel Carcaño.

La sentencia conocido este jueves, en todo caso, castiga también al Cuco y su madre a abonar 15.000 euros de indemnización a los padres de la joven por el "dolor innegable" y "manifiesto" causado con su falsa versión de los hechos juzgados y les impone 1.440 euros de multa.

En su resolución, la magistrada Olga Simón considera probado que Francisco Javier García y su madre Rosalía, que fueron citados a declarar como testigos el 25 de octubre y el 16 de noviembre de 2011, respectivamente, con motivo del juicio señalado por la Audiencia de Sevilla por el asesinato de Marta del Castillo, concertaron ambos con carácter previo junto con la pareja de la acusada "una declaración concordante y coherente a fin de dar cobertura a la actuación" del Cuco durante la noche y la madrugada del asesinato: el 24 de enero de 2009.

Todo ello, "a sabiendas de que faltaban a la verdad y sin importarles los perjuicios que ello podía causar para la familia de la fallecida". Al hilo de ello, la juez relata que el Cuco declaró a la Sala que durante esa tarde-noche no había estado en el domicilio donde tuvieron lugar los hechos, sino con varios amigos, "en franjas horarias distintas a las reales", marchando a su domicilio sobre las 23:30 horas, donde se encontró con la pareja de su madre (ya fallecida), que había salido a tirar la basura, para seguidamente subir hasta su casa y no salir más.

"La verdad era muy diferente"

La juez asevera que "la verdad era muy diferente conforme ha quedado acreditado" en las sentencias ya firmes dictadas por la Sección Séptima de la Audiencia Provincial y por el Juzgado de Menores número tres, que condenó al entonces joven de 17 años por un delito de encubrimiento a la medida de internamiento en régimen cerrado por tiempo de tres años.

Según precisa la magistrada, esta última sentencia contra Francisco Javier fue confirmada por la Sección Tercera de la Audiencia Provincial el día 20 de octubre de 2011, en "días previos a su declaración como testigo ya mayor de edad" en el juicio celebrado en la Audiencia de Sevilla.

Por su parte, la acusada declaró en dicha vista al tribunal, "sabiendo que no era verdad", que salió con su pareja a tomar unas copas a un bar sobre las 23:30 horas y regresó a su domicilio sobre las 1:30 o 2:00 de la madrugada del 25 de enero, y que vieron al menor en su habitación. Una mentira para sacar al Cuco de la escena del crimen y que ha quedado demostrada en la sentencia conocida este jueves.

De forma paralela, la representación de los padres de Marta del Castillo había solicitado al juzgado que dedujese testimonio contra ellos por un nuevo delito contra la integridad moral, bajo la premisa de que al reconocer de manera "genérica y abstracta" los hechos del escrito de acusación de la Fiscalía y no responder preguntas, por lo que los acusados se habrían vuelto a "burlar de la Justicia" y de la familia de la víctima, incrementando aún más su sufrimiento.