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Un abuelo juega al ajedrez con su nieto. Fotolia - AdobeStock
La importancia de jugar durante toda la vida
Opinión

La importancia de jugar durante toda la vida

Jugar es imprescindible en la etapa infantil para aprender a ser personas; en la adolescencia y edad adulta fomenta la socialización y en la vejez, evita la soledad no deseada y el deterioro cognitivo

Jorge Moya Higueras, Jaume March-Llanes, Nuria Vita-Barrull y Verónica Estrada Plana

Universitat de Lleida

Martes, 11 de junio 2024, 08:42

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El desarrollo de las personas (en todos los niveles, desde el cognitivo al espiritual) se explica por múltiples factores biológicos en interacción con el ambiente. Donde los humanos podemos incidir más «fácilmente» es en las experiencias ambientales que generamos.

De entre estas experiencias, jugar es la que más nos caracteriza como animales. Todas las especies animales juegan hasta la etapa adulta; jugar es socializar.

La importancia del juego en la etapa infantil

Durante la etapa infantil, uno de los mecanismos principales para entender cómo funciona el mundo, si no el más importante, es el juego. La física de la naturaleza, por ejemplo la tensión, se entiende fácilmente cuando estiro un carro con una cuerda para transportar juguetes.

Las relaciones sociales se practican de forma natural mediante el juego. Jugar permite a niños y niñas aprender cómo ganar y perder, las repercusiones emocionales que conlleva y cómo se tienen que comportar para afectar lo menos posible a las demás personas.

Numerosas investigaciones han determinado el papel del juego en el desarrollo infantil. Por ejemplo, en una revisión sistemática reciente concluyeron que la cantidad y calidad de materiales son fundamentales para que infantes de entre 2 a 8 años puedan explorar el mundo a través del juego.

¿A qué jugamos durante la infancia?

Algunos autores sostienen que diferentes tipos de juego podrían facilitar diferentes beneficios cognitivos. La investigación empieza a arrojar resultados sobre la importancia de a qué se juega y con quién se hace.

1. El juego simbólico, donde los infantes simulan ser otras personas, habitualmente tratando de ser adultos con determinadas profesiones, parecen potenciar las funciones ejecutivas (procesos cognitivos fundamentales para la toma de decisiones efectiva), así como diferentes habilidades sociales. Este tipo de juego es el más recomendado entre los 2 y los 6 años ya que suele ser iniciativa de los propios niños, una forma natural de jugar entre ellos.

2. El juego con reglas, más estructurado, como los juegos de mesa, también parecen tener beneficios para el desarrollo, especialmente a nivel cognitivo y emocional. Por las características de este tipo de juegos y teniendo en cuenta el proceso de desarrollo madurativo de los niños, se recomienda comenzar a jugarlos de forma más sistemática a partir de los 5 años. Actualmente también estamos obteniendo pruebas de los beneficios de utilizar juegos de mesa modernos en el aula, potenciando aprendizajes sobre matemáticas y lengua tanto en población general como en escolares con necesidades educativas especiales. Y todos estos beneficios no sólo se encuentran en educación primaria, sino también se han demostrando en secundaria.

3. Jugar a juegos analógicos (como juegos de mesa) facilita la socialización por encima de lo que se consigue con juegos digitales. Numerosos profesionales de salud están comenzando a dejar de utilizar metodologías digitales en beneficio de las analógicas para ayudar a la desconexión digital de los infantes. ¿Deberíamos comenzar a hablar de una revolución analógica en este mundo digital en el que vivimos?

¿Con quién jugamos durante la infancia?

Especialmente en la etapa infantil (2-5 años), el juego en grupo ha demostrado ser fundamental para incrementar las conductas prosociales (ayudar a otras personas) y disminuir las antisociales (agresión, etc.).

Entendemos por juego en grupo cuando se interactúa con otras personas, cuando no se juega en solitario. Habitualmente, jugar solo o sola no es preferido por los infantes. Además, jugar en familia parece aportar más beneficios educativos que jugar en solitario.

La importancia del juego en la adolescencia y la edad adulta

Durante la adolescencia y la edad adulta, el juego ayuda también al desarrollo del sentido de comunidad. El ser humano es un animal social. Jugar, especialmente a juegos de mesa modernos, puede ayudar a encontrar iguales con los que divertirse con las diferentes dinámicas que facilitan.

Las apuestas con dinero real que conllevan habitualmente adicciones y repercusiones nefastas para la persona y la familia no deberían llamarse juego, pero de eso ya hablaremos en otro artículo. Nunca hacemos referencia a este tipo de actividades cuando hablamos de juego en este artículo.

Pero volvamos al juego de mesa moderno en la adolescencia y la edad adulta. Las personas jugamos a juegos de mesa por diferentes motivos. ¿Cuál es el que sobresale? Según diversos autores, su aspecto social. Pero también existe la sensación de reto, con uno mismo y con los demás. Entender cómo se juega a un juego, además de las estrategias que hay que llevar a cabo para ganar, a menudo ofrece una experiencia de autoconocimiento tremendamente disfrutable.

La importancia del juego durante la vejez

El otro colectivo que ha suscitado más investigación, aparte de la población infantil, son las personas mayores. Son numerosos los estudios que demuestran que jugar a juegos de mesa durante esta etapa previene el deterioro cognitivo.

En general, parece que realizar actividades de ocio socializadoras ayuda a preservar la cognición cuando nos hacemos mayores. Y estamos empezando a entender cómo estas actividades pueden explicar diferentes factores de salud y enfermedad. La soledad, epidemia en la senectud, conlleva que las personas mayores se involucren con menor frecuencia en actividades de ocio socializadoras. Esto podría explicar que desarrollen un mayor deterioro cognitivo.

No dejemos nunca de jugar

Recogiendo todo lo explicado hasta ahora, la investigación apunta hacia la necesidad de no parar de jugar y de buscar el momento de socializar mediante el juego. Durante la infancia, ayuda al desarrollo integral de la persona.

Además, desde nuestro grupo de investigación, estamos encontrando que jugar a juegos de mesa pasados los 65 años puede tener beneficios. Jugar en esta etapa ayuda a mantener algunos procesos cognitivos, como los procesos de inhibición o la memoria, y además parece relacionarse con menores síntomas de depresión.

Jugar durante toda la vida ayuda a establecer unas rutinas que posteriormente son beneficiosas a nivel cognitivo y emocional cuando somos mayores. Y no solo eso. El juego se puede convertir en una herramienta fundamental para luchar contra la soledad. No dejemos nunca de jugar, juguemos en sociedad.

Este artículo ha sido publicado en «The Conversation«.

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